22 de febrero de 2019 22:44

Dos familias azuayas fueron evacuadas tras los sismos que soportó el Ecuador

Las familias evacuadas son de la comunidad de Uzhar, cantón azuayo de Gualaceo. Una de ellas pernocta en un espacio de la iglesia.

Las familias evacuadas son de la comunidad de Uzhar, cantón azuayo de Gualaceo. Una de ellas pernocta en un espacio de la iglesia. Foto: Lineida Castillo

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Lineida Castillo

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En una fría sala subterránea de la iglesia de la comunidad de Uzhar, parroquia San Juan, del cantón azuayo de Gualaceo, pernocta Fanny Peñaranda, de 49 años, con sus cinco hijos y un nieto. No tiene otro lugar a dónde ir.

Ella es una de las dos familias damnificadas de Azuay que dejó los tres sismos que sacudieron al país la madrugada de este viernes 22 de febrero del 2019. Los más fuertes fueron de 7.5 y de 6 grados, y tuvieron como epicentro la provincia amazónica de Morona Santiago.


Peñaranda vivía 23 años en su casa de construcción mixta. Con el primer movimiento telúrico, ella corrió a los cuartos y con gritos desesperados sacó a sus hijos que dormían. Ella escuchó caer una pared y regresó a sacar a su hijo menor, que estaba en esa habitación.

Fue terrible, lo dice muy asustada y llorando, “casi morimos aplastados. Vi que humeaban las paredes por el polvo”. Por ese movimiento telúrico algunas paredes quedaron fisuradas y separadas de las bases. Lo que colapsó fue el revestimiento de cemento de la fachada.

El balcón quedó hundido, las escaleras separadas de las bases de los pasamanos y el piso entablado parece no soportar una pisada más. A simple vista la casa de adobe, bloque y madera está a punto de venirse al suelo.

Las familias evacuadas son de la comunidad de Uzhar, cantón azuayo de Gualaceo. Una de ellas pernocta en un espacio de la iglesia.

Las familias evacuadas son de la comunidad de Uzhar, cantón azuayo de Gualaceo. Una de ellas pernocta en un espacio de la iglesia. Foto: Lineida Castillo


Por eso, esta mañana técnicos de la zonal 6 del Servicio Nacional de Gestión de Riesgos y Emergencias (SNGRE), Cuerpo de Bomberos y del Municipio de Gualaceo inspeccionaron los inmuebles de Peñaranda y de sus vecinos Manuela Zumba (89 años) y Mariana Murillo.

En las casas de las dos primeras familias colocaron cinta amarilla de seguridad y nadie puede ingresar. Antes de eso, los vecinos y personal de los organismos de socorro les ayudaron a sacar algunas pertenencias de valor como cocinas, vajillas, camas y ropas.

Fanny Peñaranda llora por su situación social y económica. Ella es jefa de familia y mantiene a su hogar. Sobrevive cocinando para otras personas. Lo que gana apenas le alcanza para la alimentación de sus hijos. Además, padece de un tumor en una de sus rodillas y está en tratamiento para operarse.

En cambio, Manuela Zumba, con su esposo y un nieto, dejaron la casa y pernoctan en la vivienda de otro hijo que también vive en Uzhar. “Esto es duro porque nos alertaron que estas casas no volverán a ser habitables y que deben ser demolidas”, dijo Zumba, parada al pie de la cinta de seguridad.

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