3 de mayo de 2018 00:00

Familias acogientes, opción temporal para niños sin hogar

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Valeria Heredia
Redactora (I) jheredia@elcomercio.com

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Tras cuatro años de convivencia con la pequeña Salomé, Rosa recuerda cómo se convirtió en mamá de un modo no convencional. Sentada en un sillón de su casa, la mujer de 55 años cuenta que la niña llegó el segundo domingo de mayo del 2014, cuando en el país se celebra el Día de la Madre. Tenía casi 8 años y necesitaba un hogar.

Salomé perdió a su madre cuando tenía 8 meses y no conoció a su padre. Su vida no fue fácil, ya que vivió con su familia ampliada: tíos y abuelos. Ellos no estaban en condiciones de cuidarla. Pasaron algunos años y la pequeña creció en una situación de pobreza.

En Ecuador se establece que niños, niñas y adolescentes sean derivados a servicios de acogimiento institucional y familiar si se encuentran en situaciones de vulnerabilidad. Es decir, por casos de abandono, extravío, maltrato, trata de personas, orfandad, desplazamiento y otros que afecten su integridad física y psicológica.

Así lo reconoce el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), que cuenta con un departamento especializado para tratar el tema y maneja 56 casas de acogimiento. De ellas, 46 funcionan bajo convenios y 10 son de manejo directo.

Salomé habitó en una de esas instituciones, en las que se contabilizan actualmente 2 010 niños y adolescentes, según registros nacionales del MIES.

En ese espacio permaneció durante casi un año, hasta el 2014. Entonces se implementó el proyecto piloto conocido como familia no biológica.

Participaron grupos familiares que pasaron evaluaciones para albergar a niños de forma temporal. De los cuatro casos derivados, tres volvieron con su familia biológica. Una, Salomé, sigue en acogimiento, debido a que sus parientes no solucionaron sus problemas.

Representantes del MIES y autoridades judiciales confirmaron que con Rosa, la niña tiene estabilidad. Peluches, ropa y fotos de viajes y eventos importantes son parte de los objetos que decoran su habitación. El espacio lo comparte con su ‘madre’.

Así llama Salomé a Rosa. Esta última reconoce que “ambas se encariñaron” y que la niña, que ahora tiene 11 años, ya es parte de su vida.
La Cartera de Estado estableció 10 criterios para la calificación de familias acogientes: biológicas o ampliadas (tíos, abuelos...) y no biológicas.

Jorge Álvarez, director de Servicios de Protección Especial del MIES, detalló que el interesado debe estar en ejercicio de sus derechos ciudadanos, en pleno uso de sus facultades físicas y mentales, aceptar la reinserción futura del acogido, no tener hijos menores de 18 y residir en el país.

En el caso de las familias biológicas, la edad para acceder a este proyecto es de 21 a 60 años. Las no biológicas deben tener de 25 a 60 años.

Uno de los requisitos más importantes -explica Álvarez- es que la persona o pareja no tenga abierto un proceso de adopción. Quienes reciban al niño o adolescente deben tener en claro que el acogimiento es temporal. Esto porque se trabaja con los padres o parientes, para reinsertarlo al hogar.

El propósito del MIES, dicen, es que los niños no ingresen o permanezcan en los centros de acogimiento por el impacto psicológico que genera alejarse de padres. Así la entidad, basándose en las recomendaciones del 2017 de la ONU, presentó la modalidad de familias acogientes biológicas y no biológicas y acompañamiento familiar preventivo.

Esto lo ratificó Daniel Rueda, abogado y presidente de Alas de Colibrí, una fundación que acoge a niñas víctimas de trata. “Estas familias brindan la oportunidad de que los chicos sigan con su plan de vida”.

Angie permaneció dos meses en Alas de Colibrí. Ella regresó con su familia biológica, tras salir de su país Colombia por amenazas. El trámite para que la joven vuelva implicó tratamientos psicológicos, paciencia y amor.

Rosa Zoila coincide con ese punto, ya que reitera, niñas como Salomé o Angie necesitan acompañamiento y amor. Lo dice mientras hojea el álbum de fotos con momentos de viajes a la playa o el día de su bautizo. Ella sabe que no solo es la mamá sino la madrina o simplemente la mujer que abrió sus brazos y la acogió para verla crecer feliz.

Cuando Salomé llega de la escuela se sienta a la mesa del comedor y disfruta el almuerzo. Su plato favorito es el arroz con huevo y ya lo prepara sola.
Eso -dice- le ayuda a ser independiente. Aunque por ahora su responsabilidad es solo estudiar, cuando sea grande quiere convertirse en abogada o policía. Todavía no lo sabe, pero Rosa confía en que logrará sus metas.

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