31 de mayo de 2019 12:24

Una mañana más de angustia para las familias y de rumores de nuevos enfrentamientos en la Penitenciaría

Miembros de la Policía Montada custodian los exteriores de la Penitenciaría, para evitar disturbios. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Miembros de la Policía Montada custodian los exteriores de la Penitenciaría, para evitar disturbios. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Redacción Guayaquil

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Llegaron desde las 05:00 de este viernes 31 de mayo de 2019, un día después de los sucesos violentos que dejaron seis muertos en la Penitenciaría del Litoral. Están sentadas en el filo de la vereda por donde se ingresa al área de seguridad. Están cansadas y asoleadas. Otro día sin conocer qué pasa con sus hijos “allá adentro”.

Otras mujeres permanecen de pie, caminando de un lado a otro con cada movimiento en la puerta de hierro, que la abre desde adentro un policía.

Afuera de la Penitenciaría, la gente intenta mantener la calma. Se mantienen las rejas que separan en pedazos irregulares el terreno externo. Las filas se pierden y se vuelven a armar cuando alguien alerta que se permitirá el acceso para las visitas.

Tras los enfrentamientos entre bandas registrados ayer, hay angustia entre los familiares de los internos.

La familiar de un privado de la libertad muestra unos paquetes de galletas que trajo para su pariente, recluído en la Penitenciaría del Litoral. Foto: Mónica Mendoza / EL COMERCIO

La familiar de un privado de la libertad muestra unos paquetes de galletas que trajo para su pariente, recluído en la Penitenciaría del Litoral. Foto: Mónica Mendoza / EL COMERCIO


No hay información oficial. Un policía en el área de ingreso dice que están suspendidas todas las actividades, no hay visitas ni diligencias judiciales y los abogados no pueden ver a sus clientes.

Tampoco ha llegado el nuevo director Héctor Reyna Vivar, quien reemplaza a Alfredo Muñoz destituido la noche de este jueves 30 de mayo del 2019, como consecuencia de las muertes. En 11 días, ocho presos han fallecido y otros tres se fugaron.

Los parientes están con fundas de galletas y botellas de agua, porque aseguran que los internos no han comido dos días y no tienen nada.

Familiares de personas privadas de libertad traen botellas pues, dicen, los reclusos no tienen agua. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO


A las 10:30 ingresó a la Penitenciaría una caravana de motos y vehículos. Los familiares se inquietan, “algo pasa adentro”, pero no hay información. Después un grupo de mujeres se abraza y llora. Dicen que escuchan balazos y qué hay más muertos. Pero hay más ruido de los buses interprovinciales y vehículos livianos que pasan a la altura del km 16,5 de la vía Guayaquil-Daule. La congestión es intensa.


En los exteriores de la Penitenciaría del Litoral se reforzó la seguridad con la Policía montada, un día después de la muerte de seis presos por enfrentamientos de bandas. Un piquete de militares hizo un control de carros que circulaban por la vía, pero no ha intervenido en el primer filtro de la cárcel. A las 10:00 se retiró del lugar.

Hay personas que llegaron de varios sectores de Guayaquil y de otros cantones, pero no hay acceso. “Queremos información, son seres humanos no animales”, grita una mujer de mediana edad. Ella tiene a su hijo de 27 años, detenido por microtráfico. Las historias se repiten.

Los medios esperan una versión oficial de la comandante de Policía Zona 8, Tanya Varela. Pero hasta las 12:00 no se conoce nada.

Un grupo de miembros de la Policía Nacional custodia la entrada al centro penitenciario. Foto: Mónica Mendoza / EL COMERCIO

Un grupo de miembros de la Policía Nacional custodia la entrada al centro penitenciario. Foto: Mónica Mendoza / EL COMERCIO

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