11 de septiembre de 2018 00:00

Evaluación de daños en Chillanes continúa

Las familias de la comunidad de Alagoto que se quedaron sin casa se refugiaron en la escuela de la localidad. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

Las familias de la comunidad de Alagoto que se quedaron sin casa se refugiaron en la escuela de la localidad. Foto: Glenda Giacometti / EL COMERCIO

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Cristina Márquez

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Cuatro días después del sismo de 6.5 grados, la evaluación de daños y la entrega de ayudas a los afectados continúan en ­Bolívar y en Chimborazo.

En ambas provincias, 119 personas damnificadas permanecen alojadas en hogares acogientes y en dos refugios comunitarios, debido a la destrucción de viviendas y de infraestructura pública.

El movimiento telúrico, ocurrido a las 21:12 del jueves pasado, causó daños graves en el cantón Chillanes, en Bolívar, por lo que se consideró el cantón más afectado de esa provincia. Allí se reportaron 320 personas afectadas y 31 vi­viendas destruidas totalmente.

La casa de Belén Nauán, en la comunidad Alagoto, está en esa lista. La pequeña vivienda fue construida sobre unos 45 metros cuadrados de terreno hace 40 años; la familia utilizó bloques de concreto, ladrillos y madera como insumos para construir su casa.

“Los bloques se desprendieron de la pared mientras dormíamos. Apenas alcanzamos a salir unos segundos antes de que la pared colapsara por completo”, cuenta la mujer.

En esa comunidad se destruyeron dos casas. 16 personas de una misma familia están damnificadas. Hasta la tarde del domingo, la única visita que recibieron fue la de la Policía Nacional, que patrullaba la zona para descartar víctimas mortales, y la de técnicos municipales que les pidieron no ingresar a sus casas por seguridad. “Nadie nos dijo qué podíamos hacer o dónde podíamos dormir después de que perdimos nuestra casa, por eso nos acomodamos en un aula de la escuela. Llevamos lo que logramos sacar de los escombros”, sostuvo Nauán.

Evaluación de daños en Chillanes continúa

Los técnicos de la Secretaría de Gestión de Riesgos llegaron la tarde del domingo pasado a esa comunidad, y al mediodía de ayer entregaron las primeras ayudas: kits de limpieza, colchones, dos camas, cobijas y otros enseres para abastecer al refugio.

Según Carlos Basantes, subsecretario de Respuesta de la SGR, la demora en la atención se debió a que la primera información de Chillanes se conoció 13 horas después del evento adverso. “El 80% del territorio de Chillanes es rural, las comunidades están muy distantes y algunas tienen dificultades de acceso. Antes de entregar la ayuda, el equipo debe evaluar las necesidades de la gente”.

Desde el sábado pasado, alrededor de 60 técnicos de la SGR, Cruz Roja, Ministerio de Salud, Miduvi y MIES trabajan en el levantamiento de información y entrega de ayudas técnicas a los damnificados de Chillanes.

Ellos formaron equipos para realizar una inspección técnica de las casas e identificar las prioridades, para luego suministrar la ayuda.

Hasta el cierre de esta edición se conoció que lograron cubrir un 45% de la zona afectada y se espera que para el mediodía de hoy se complete la inspección. Los técnicos entregaron víveres y otros insumo a 50 familias, e instalaron un albergue en la comunidad Loma de Picay Guanangoto.

“La gestión de la emergencia es progresiva, por lo que pedimos a las familias paciencia. La prioridad en el momento es solventar las necesidades básicas y ubicar a todas las familias en hogares acogientes como primera opción”, dice Pablo Solís, director de Ayuda Humanitaria de la SGR.

Los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda (Miduvi) analizan las estrategias para la recuperación de las viviendas destruidas por el sismo, pero ese proceso tomará más tiempo debido a que se necesita comprobar la condición legal de los terrenos donde está la infraestructura afectada.

Un requisito para que Vivienda asigne un bono para la reconstrucción son las escrituras de propiedad. Eso preo­cupa a Magdalena Cevallos, quien recibió como herencia un predio de 3 000 metros², pero no está legalizado.

Su casa colapsó y varios enseres domésticos se perdieron, incluso la comida almacenada en un armario de la cocina. Ella y su familia subsisten de la agricultura y sus ingresos no sobrepasan los USD 2 000 anuales, por lo que reconstruir la vivienda con sus propios medios es imposible. “Esta casa la construimos con los ahorros de muchos años y ahora no sabemos qué vamos a hacer”, cuenta acongojada.

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