‘Vi morir a mi padre, ciudadano norteamericano, que vino a visitarme a Ecuador’, un testimonio

"Mi padre falleció cuando lo llevábamos en una ambulancia privada a un hospital". Foto: Archivo EL COMERCIO

Imagen referencial. “Mi padre falleció cuando lo llevábamos en una ambulancia privada a un hospital”. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Paul, un estadounidense que vive ya 10 años en Ecuador, se siente muy preocupado por el aumento de contagios en el país. Y porque pese a ello, las personas siguen saliendo y viajando incluso, sin tomar en cuenta el riesgo de morir, a causa del covid-19, sin atención. Esa experiencia la vivió, por lo que comparte su testimonio, pidiendo guardar su nombre en reserva:

“Mis padres son norteamericanos como yo, que llegué a Ecuador hace 10 años, soy maestro. El 26 de diciembre del 2020 decidieron venir a visitarme, en medio de la pandemia, aunque les pedí que no lo hicieran. Subieron al avión con resultados negativos en sus pruebas PCR (diagnósticas). Pero en el vuelo, al parecer no se toman los cuidados necesarios. Al momento de la comida, la gente se quita las mascarillas, sin tomar en cuenta que viajan sin suficientes separaciones entre asientos.

Ellos fueron ubicados en una fila de tres asientos con un extraño.

Cuando llegaron pasaron los días y fueron presentando tos. Al principio pensamos que era por el cambio de clima, ellos decían que Quito es frío. No le prestamos mucha atención, pero empeoraron. Los llevé a una clínica particular y cuando la prueba salió positiva, me quisieron cobrar USD 5 000 solo para que ingresen. Por cada día de atención la cuenta sería de USD 800 a 1 200, me dijeron. Y eso se salía de mis manos. Buscamos más espacios y decían lo mismo.

Cuando busqué hospitales públicos tampoco había camas. Fuimos a los hospitales Enrique Garcés, Pablo Arturo Suárez, incluso al San Francisco y nos dijeron que no había camas. En el primero nos avisó el guardia. Mi mamá, de 70 años, estaba mal, por su diabetes y presión. Por amigos llegué a médicos que cuidan a domicilio a pacientes con covid-19.

Tratando de que tengan mejor atención contratamos una enfermera para mi papá y mi mamá. Ya era como 20 de enero, tenían medicina. Se gastaron todo el dinero que trajeron de Estados Unidos. En los últimos días de enero mi padre falleció, cuando lo llevábamos en una ambulancia privada a un hospital. No podía respirar, ya usaba oxígeno en casa. Pero me mataba la angustia de no poder internarle en un hospital. Lo vi morir poco a poco. Gracias a Dios mi madre pudo salir de la enfermedad. Mi padre, de 67 años, no.

Estamos en abril y me angustia escuchar a conocidos que quieren aprovechar pasajes que se venden muy barato para tours a México, por ejemplo. Nosotros experimentamos en carne propia los riesgos de exponerse a viajes innecesarios. Mi mamá obviamente quedó muy afectada, pero una vez que se recuperó, en febrero la acompañé en un viaje a Estados Unidos, fuimos con mascarillas, visores y hasta trajes de bioseguridad, para sentirnos algo seguros. Pero me asustó ver que la gente grita, estornuda en el avión.

Mi madre ya está en Estados Unidos, también tiene turno para su vacuna contra covid-19, le pidieron esperar 90 días, ya que estuvo contagiada. Nosotros, mi novia y yo, con mis padres vivimos las dificultades de encontrar cama, como efecto de las festividades de Navidad y Año Nuevo. Ahora, Quito y Ecuador viven más contagios. Es más complicado encontrar camas. Por favor les pido que piensen en lo que tuvimos que enfrentar: fue terrible ver a mi padre morir”.

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