2 de febrero de 2020 00:00

A diario, especialistas enfrentan batallas contra males respiratorios

Ecuador tuvo un brote de influenza en el 2009; de esa época se aprendió, apuntan médicos, Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

Ecuador tuvo un brote de influenza en el 2009; de esa época se aprendió, apuntan médicos, Foto: Archivo/ EL COMERCIO.

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Valeria Heredia
Redactora (I)
jheredia@elcomercio.com

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Con batas blancas y, en ocasiones con mascarillas cubriendo sus rostros, infectólogos y neumólogos tratan de frenar el avance de virus causantes de patologías infectocontagiosas como influenza o neumonía y, si fuera el caso, el coronavirus.

En el mundo hay preocupación ante la circulación de esta nueva cepa, que ha dejado 259 fallecidos y más de 12 000 casos confirmados y en observación, por grupos encabezados por especialistas como ellos.

En Ecuador aún no se confirma la circulación de este virus, pero ya ha sido protagonista de otros brotes que se han desencadenado en los últimos 10 años. Entre otros, mencionan a la influenza AH1N1.

El primer caso se reportó en Guayaquil, en el 2009. La enfermedad se presentó con síntomas más fuertes que los de una gripe o resfriado común, es decir, tos, malestar corporal, dificultad respiratoria y fiebre superior a 38 grados.

Esta sintomatología provocaba daños en el organismo de la persona e incluso la muerte. Entre 2009 y 2010 hubo unos 2 200 casos confirmados y 130 fallecidos en el país.

Una de las situaciones que sorprendía en esa época es el avance rápido de la enfermedad y el impacto en la salud de la persona. Byron Núñez, infectólogo y catedrático de la Universidad Central del Ecuador, recuerda lo sucedido. Dos amigos y colegas fueron contagiados por este virus.

“En la mañana estaban bien y en la noche ingresaban a terapia intensiva con problemas respiratorios graves”.

Afortunadamente -dice- en ese tiempo ya se contaba con el tratamiento necesario y salieron adelante.

Una experiencia similar vivieron las neumólogas Elizabeth Cajamarca, quien se desempeña como jefa del área en el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), y Mónica Fernández, del Quito Sur. Estas casas de salud pertenecen al Seguro Social.

Las especialistas también han combatido el avance de la AH1N1, la cual es considerada como estacional. Es decir, circula en dos épocas: junio-agosto y noviembre-febrero.

En el 2009 -relata- los servicios médicos colapsaron por la cantidad de pacientes que buscaban una atención. Recuerda que llegaban familias enteras con esta infección, por lo que la reacción debía ser oportuna. “Nos enseñó a filtrar a los pacientes que necesitan atención rápida”.

Pese a la experiencia -reconocen- enfrentar al coronavirus de Wuhan (China) será complejo. Aún no se ha determinado un tratamiento y hay poca información.

‘El trabajo en equipo ayudó a salir adelante tras la AH1N1’

Elizabeth Cajamarca /jefa de Neumología del HCAM. Foto: Roberto Peñafiel/ EL COMERCIO.

Elizabeth Cajamarca /jefa de Neumología del HCAM

Como especialistas debemos valorar cada decisión y más cuando se trabaja en un hospital de tercer nivel. Comencé a los 32 años. Hoy tengo 44 años y he crecido como profesional y persona. Uno de mis retos fue enfrentar a la influenza AH1N1, en el 2009. Era una enfermedad nueva, similar a la actual (coronavirus). Sentía temor, porque no conocía lo que ocurría. Pero el trabajo en equipo nos ayudó a salir adelante. Hubo muchos pacientes complicados y tuvimos que derivarlos. Fue terrible. Había colas de gente que venía con síntomas leves, pero requerían atención. Se armaron carpas para atenderlos. Aprendí que debemos seleccionar bien a los pacientes, es decir, quién requiere atención urgente. Además, siempre estuvimos reuniéndonos entre médicos de otras casas de salud para retroalimentarnos en el manejo de los casos. Después de lo que pasamos en el 2009 estamos pendientes por la alarma que ha generado el coronavirus, debido a la desinformación. Mi familia me pide que me cuide.

‘Higiene de manos aún es difícil de aplicar; falta educación’

Byron Núñez /catedrático de la Universidad Central

Byron Núñez /catedrático de la Universidad Central. Foto: Valeria Heredia/ EL COMERCIO.

Mi carrera como infectólogo comenzó hace 20 años, pero llevo más de 30 en el área de la salud. En el 2009 estaba en un congreso de infectólogos en Sao Paulo (Brasil) y empezó la alerta de México de lo que llamaban la gripe porcina. Tuve que volver a Ecuador para elaborar los planes de contingencia. Fue complejo, porque la gente no sabía lo que era la influenza. Antes se conocía como gripe; fue un proceso de educación, que partió con los médicos generales. Ellos debían aprender sobre el tratamiento, por ejemplo. Fue una época difícil, pese a que las patologías respiratorias tienen un manejo similar, por ello se pueden adaptar los protocolos. Uno de mis logros fue que definí el concepto de higiene de manos y de infecciones en Ecuador y en Latinoamérica. La aplicación del lavado de manos fue y es difícil de aplicar, ya que hay problemas de educación. Tras esta experiencia considero que estamos preparados para encarar estas enfermedades respiratorias y hay más terapias para hacerlo.

‘Más conocimientos se aplican para que el paciente mejore’

Mónica Fernández /neumóloga del Hospital IESS Sur

Mónica Fernández /neumóloga del Hospital IESS Sur. Foto: cortesía.

Durante dos años trabajé en el Hospital Eugenio Espejo; luego hice el posgrado en Neumología, que duró cuatro. Mi llegada a esa área fue casual, ya que mi primera opción fue seguir Ginecología. En este lapso estuve como residente o médico general en ese servicio. Allí había 28 camas, que se llenaban constantemente en el brote de influenza AH1N1. Recuerdo que este lugar fue un centro de referencia, por lo que tratamos a muchos pacientes con neumonías complicadas y que permanecían en estado crítico. Los casos más serios que he tenido son aquellos con problemas respiratorios graves. A ellos se les hacía un hisopado y se trataba de reducir sus complicaciones. Yo fui de la primera promoción de neumólogos graduados de la Universidad Central y he tenido la oportunidad de estudiar en el exterior. En Colombia aprendí nuevas técnicas. Entre ellas, pruebas funcionales y rehabilitación pulmonar. Todos estos conocimientos los aplico para mejorar la salud del paciente. Estamos listos para este momento.

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