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Juan Enrique Quiñónez Schwank: ‘Las escuelas no deberían cerrar si todo lo demás está abierto’

Juan Enrique Quiñónez Schwank representante de Unicef en Ecuador. Foto: Diego Pallero / El Comercio

¿Es factible suspender las clases presenciales frente a la situación epidemiológica?

No hay un cierre total. Sin embargo, toda la evidencia que tenemos nos dice que las escuelas no son el principal foco de contagio de covid-19 para niños, niñas y adolescentes. De hecho, hasta noviembre del año pasado, el Ministerio de Educación reportaba que, de más de dos millones de estudiantes que estaban asistiendo a clases presenciales, únicamente el 0,007% se contagió. Es decir, menos del 1%. Esa ya es una evidencia sólida.

Frente a eso, ¿qué debería tomar en cuenta el COE?

Las escuelas no deberían cerrarse si todo lo demás está abierto porque la evidencia nos demuestra que la mayoría de chicos que se contagian lo hacen en sus hogares o en otros sitios a los que van como centros comerciales, restaurantes, cines, supermercados. Si sabemos eso, ¿por qué cerramos?, ¿por qué les negamos a los niños y adolescentes el derecho a la educación presencial?

¿Le han preguntado al COE?

Conocen cuál es nuestra postura y hemos pedido que se tomen decisiones con base en la evidencia científica. Pensemos en todo el daño que les estamos haciendo a los niños, niñas y adolescentes al obligarles a estar encerrados, mientras los adultos tienen la libertad de moverse a donde quieren. Estamos hablando del castigo a los niños por algunos comportamientos de los adultos que no son adecuados.

Desde que empezó la pandemia ustedes han hecho encuestas, ¿cuáles son los últimos resultados?

Se han hecho cuatro rondas de encuestas, que alcanzan un promedio de 21 000 hogares. Los datos son concluyentes. Con el retorno progresivo a las aulas, más del 95% de estudiantes dijo que se siente mejor yendo a clases presenciales que estando en su casa. El 90% de familias dicen que conocen y siguen las medidas de bioseguridad establecidas en las instituciones educativas. De los que están en educación virtual, el 70% dice que está aprendiendo menos.

¿Cuál es la conclusión?

Ya hay una pérdida de aprendizaje importante y eso se debe tomar en cuenta no solo para el presente de la educación en el Ecuador sino para el futuro económico y social. El país está perdiendo ventajas comparativas a futuro con otros países que han decidido mantener sus escuelas abiertas y donde el esquema de vacunación ni siquiera está tan avanzado como aquí.

¿Debería flexibilizarse la asistencia a las aulas con mucho menos aforo como en otras actividades?

De hecho, los Planes Institucionales de Continuidad Educativa que aprueba el Ministerio de Educación contienen el aforo permitido por escuela. La norma es que se tiene que respetar el distanciamiento físico. Esto ya limita bastante. Muchos centros educativos tienen jornadas en donde unos chicos van a la escuela dos días a la semana y otros van otros dos días. En ciertos planteles tienen un esquema en el que unos van por la mañana y otros, por la tarde. Lo importante es que los niños, niñas y adolescentes vayan regresando progresivamente a las aulas.

En este punto de la pandemia ¿cuáles son las consecuencias de que no asistan?

La evidencia nos dice que el contacto físico con los maestros ayuda al aprendizaje. Es mucho más efectivo para responder dudas que tienen los estudiantes sobre algunos temas. Ayuda también a un mejor relacionamiento entre chicos. Una de las grandes consecuencias de la virtualidad es que los estamos haciendo adictos a las pantallas y eso tiene consecuencias también para la salud mental e integral. En algunos casos, la escuela presta un servicio en cuanto a garantizar una alimentación adecuada.

La violencia también se ha dejado de identificar.

Es un tema que nos preocupa porque lamentablemente se ha perdido la capacidad de detectar casos de violencia familiar, ante la ausencia de otro entorno seguro como la escuela, en donde puedan estar los niños. A diferencia de la violencia contra la mujer, donde ella puede tener acceso a la denuncia, en niños es mucho más complicado porque muchas veces la violencia contra ellos es tolerada en el hogar por ambos padres. No tienen la capacidad de denuncia cuando están encerrados en sus casas.

Pero también son importantes las condiciones en las que estén las instituciones.

El Ministerio ha hecho un enorme esfuerzo por rehabilitar las escuelas que no tenían las condiciones necesarias. Como Unicef hemos apoyado a muchas rurales con kits de agua y saneamiento, que consisten en dotar a los planteles de agua para el lavado de manos, además de gel y otros insumos, que es lo básico que debe garantizar cada centro.