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Escuela de guías ­penitenciarios, en abandono desde 2017

Las instalaciones de la escuela en Pasaje están descuidadas. En el 2017, aquí se graduaron 322 guías. Fotos: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Las instalaciones de la escuela en Pasaje están descuidadas. En el 2017, aquí se graduaron 322 guías. Fotos: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Las instalaciones de la escuela en Pasaje están descuidadas. En el 2017, aquí se graduaron 322 guías. Fotos: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

Tres guías penitenciarios, vestidos con pantalón camuflaje, botas y camisetas negras, custodian el ingreso de lo que fue la primera Escuela de Formación de Guías Penitenciarios en el país. Adentro todo está abandonado. El centro solo funcionó dos años y las puertas se cerraron en el 2017.

El 8 de junio del 2015 hubo una ceremonia especial en Tres Cerritos, una parroquia rural de El Oro. Ese día se abrió la escuela y la entonces Ministra de Justicia dijo que esta iniciativa hacía que “el Ecuador sea pionero en la región, por impulsar el proceso de profesionalización de custodios”.

El jueves, este Diario entró a estas instalaciones que funcionaban en 30 hectáreas. En la sala de computación ya no hay máquinas. Las computadoras fueron guardadas en una bodega y solo quedan mesas y sillas llenas de polvo.
Lo mismo ocurre con los 15 salones, que tienen capacidad para 30 estudiantes cada uno.

Las instalaciones del centro que funcionó solo dos años están deterioradas por el abandono y desuso, como la piscina. Foto: Enrique Pesántes/ EL COMERCIO

Alrededor de las aulas hay árboles de toronja, mandarina, guanábana y aguacate. En los dormitorios solo quedan casilleros vacíos y las estructuras metálicas de las camas. Los colchones fueron llevados a las bodegas que Justicia tiene en Guayaquil. Otros están almacenados en la escuela.

El polígono de tiro virtual, que se implementó con USD 250 000, ahora es un cuarto vacío, oscuro y con paredes que se deterioran poco a poco.

El plan era que cada dos años se graduara una promoción con “tecnicatura en seguridad penitenciaria”.

La Senescyt avaló la formación y aseguró que el título académico era de tercer nivel. Pero solo graduaron a 322 guías. En el 2016 se abrió un proceso de reclutamiento, aunque quedó inconcluso.

El auditorio, con capacidad para 150 alumnos, está abandonado. Foto: Enrique Pesántes/ EL COMERCIO

Julio Ballesteros, subdirector técnico de Rehabilitación Social, aseguró que la escuela se cerró por falta de una normativa para el contrato de los guías y un reglamento que regule a todo el personal.

El Servicio Nacional de Rehabilitación sostuvo que al ser un proyecto de inversión, la escuela “tiene un ciclo de vida” y “se encuentra en fase de cierre de acuerdo con lo establecido por Senplades”. También señaló que hace falta la aprobación de otras instituciones, como el Ministerio de Trabajo, para regular la carrera de seguridad penitenciaria.

Datos de esa entidad señalan que para adecuar esta infraestructura que pertenecía a las FF.AA. se invirtieron USD 1,5 millones. Pero Ricardo Camacho, quien hace una semana dejó esta dependencia, menciona que son USD 7 millones.

La maleza se ha tomado el terreno donde funcionaba la Escuela de Formación de Guías Penitenciarios, en El Oro. Foto: Enrique Pesántes/ EL COMERCIO

Ahora no hay reclutamiento ni formación de nuevos guías en ninguna provincia del país.

Las cárceles sienten un déficit de custodios. En los 36 centros penitenciarios que operan a escala nacional trabajan 1 519 uniformados, pero las autoridades aseguraron que faltan 6 481, para cumplir con la norma de Naciones Unidas.

A esto se suman 100 vacantes, porque hay servidores que han salido por disciplina, corrupción o renuncias.

Para cubrir el déficit, el secretario de Rehabilitación, Ernesto Pazmiño, plantea un proyecto que permita contratar a los jóvenes que no consiguieron un cupo en la Policía.

Dice que así se ahorraría dinero en un proceso de reclutamiento, pruebas físicas, de confianza, entre otras. El plan debe ser discutido con el presidente Lenín Moreno.

Los casilleros que usaban los alumnos están a la intemperie, tienen polvo y se han oxidado. Foto: Enrique Pesántes/ EL COMERCIO

En el desaparecido Ministerio de Justicia había información que demostraba que el déficit de celadores impedía realizar controles adecuados en las entradas, en las riñas entre detenidos y frenar disputas entre mafias que operan dentro de los reclusorios.

Los custodios que ahora cuidan la escuela abandonada recuerdan cada detalle de cómo funcionaba el lugar.

El 9 de mayo del 2017, cuando se graduó la única promoción de guías, la entonces ministra de Justicia, Ledy Zúñiga, aseguró que “es una innovación a nivel de América Latina”.

Ahora prefirió no hablar de este tema. Cuando este Diario se comunicó con ella indicó que estaba con una llamada telefónica y que se comunicaría luego. Pero aquello no ocurrió.

En el centro, los objetos están empolvados o rotos, como las sillas del auditorio. Foto: Enrique Pesántes/ EL COMERCIO

Hoy, hasta las mesas plásticas del comedor para los aspirantes fueron desarmadas. El salón amplio está sucio y tiene un televisor grande que ya no funciona. En el auditorio, las butacas amarillas tienen insectos disecados y telarañas.

En la escuela también hay una piscina semiolímpica, de 25 metros. Según un instructor, jamás se usó y siempre pasó con agua verdosa estancada y baldosas con manchas negras.

La Escuela de Formación de Guías Penitenciarios solo funcionó dos años y las puertas se cerraron en el 2017. Foto: Enrique Pesántes/ EL COMERCIO

Para llegar al área donde los alumnos aprendían a usar armas de fuego, gas pimienta y tolete hay que atravesar un camino de tierra que está cubierto por arbustos. Un instructor relata que antes estaba la hierba cortada y hasta entraban vehículos a ese espacio. Ahora no se puede hacer nada.

Ballesteros dijo que los equipos de esa zona fueron desinstalados y trasladados a Quito para evitar el daño o robo.

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