5 de September de 2009 00:00

Época de pulpos, langostas y pangoras

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Vanessa Vera. Red.   Guayaquil
mvera@elcomercio.com

Cuando baja la marea, los recolectores de pulpo   se sumergen medio metro   para ir a  las cuevas.

Entre las piedras se esconden tres de los mariscos más apetecidos por la cocina ‘gourmet’:  la langosta, la pangora y el pulpo.
Unos lentes plásticos de buceo y un gancho metálico  de medio metro son las herramientas de los hombres de  General Villamil Playas. Este es el balneario de Guayas donde los parasoles y carpas de los turistas se mezclan con las fibras y las redes en la zona sur de la playa.    

Manuel Mayorga tiene 60 años y es uno de los tres pescadores de pulpo. Dice  que los moluscos se refugian en las zonas rocosas, cerca de la orilla, para aparearse. La faena toma tres horas. “Salimos a las 07:00 cuando el mar está bajo. Se aprovecha para buscar en las cuevas y cogerlos”.

Durante 12 años, Mayorga se dedica a esta tarea. Pasando un día recorre las zonas de captura. “A veces se logra traer hasta cuatro libras de pulpo”.

Según  la Federación Nacional de Cooperativas Pesqueras (Fenacopec),  la zona de mayor producción de pulpo es La Libertad (Santa Elena). Pero no existen estadísticas sobre el número de animales capturados.

El pulpo  se comercializa al pie de la playa. Los comerciantes esperan la llegada de los pescadores en sus pangas y fibras de vidrio. Cada libra cuesta USD 3. También compran corvinas, róbalos y   langostas. Esta  cadena de venta  llega hasta  Guayaquil.

El pescador   José Suárez  desciende de su embarcación. Lleva   20 años en la captura de langostas. Este año, del 16 de enero al 16 de junio, no pudo pescar el crustáceo.Hubo una veda para preservar la especie, pues ha empezado a escasear.

La captura se realiza en zonas rocosas, a cuatro o cinco millas mar adentro.   Los pescadores colocan las redes de nailon durante la
noche  y las  recogen al siguiente día.  En esta faena   se pueden  obtener  hasta 20 libras de langosta, en los días más productivos. En Playas,  ocho pangas   se dedican a este tipo de pesca. Al pie del mar, los comerciantes pagan hasta USD 4 por la  libra.

Según la Fenacopec, el crustáceo se captura  en las seis provincias de la Costa.   Febres Vera, dirigente de los pescadores de Chanduy (Santa Elena), sostiene  que en la caleta pesquera de El Real,  200 personas capturan langostas. Cada uno pesca  entre cinco y 20  libras.

Esa misma cantidad es la que se captura en Puerto Cayo (Manabí), donde  hay 1 500 pescadores artesanales. El 30% está en la actividad langostera.

Pero  Galápagos es una de las mayores reservas.  En las islas se abrió la época de pesca de langosta el 8 de agosto.  El Parque Nacional Galápagos registra que hasta el 31  de agosto se capturaron  9 494 libras de langosta roja  y  1 447 de langosta verde.

En la plaza de los restaurantes de Playas, los fogones encendidos atraen a los comensales.  Una langosta preparada puede costar hasta USD 30. Al ajillo, encocada, en cebiche, ensalada o a la plancha... son las  opciones.

En la entrada del restaurante El Capitán se terminan de cocer cinco langostas. Por su tamaño, las colas se salen del plato. 

El olor de mar, salino y fragante,  se funde con el vapor de la cazuela de mariscos que se cocina sobre la  parrilla. Las uñas negras y rojas de las  pangoras   llenan de color la especialidad de la casa.
   
“Una pangora equivale a tres cangrejos, la carne es más abundante y rica”, dice Juan Mite, propietario de la marisquería, donde un plato de  cebiche o  ensalada  vale  entre USD 5 y 6.

A unos 10 minutos de Playas, está Data de Posorja. Bajo el puente,  a la entrada de casas rústicas, se concentran las embarcaciones después de la pesca. Ahí se mantienen los viveros de las pangoras.

El pescador Julián Tirso revisa el tanque azul en el que  se guardan los crustáceos mientras llegan los compradores.
 
Esos animales se venden vivos; por eso después de recoger las redes las colocan en los viveros.

En un día se recogen de  40 a 60 pangoras. Pero se  venden hasta 20 diarias,  en  hoteles y restaurantes de Playas y Guayaquil.
 
La faena es  pasando un día. El arreglo de redes y el cuidado de los viveros reemplazan la salida al mar. En un esterillo, rodeado por mangles, las pangas esperan navegar en una nueva jornada.

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