7 de julio de 2019 00:00

Fausto Ortiz: ‘El ajuste fiscal en el país aún no ha comenzado’

Entrevista a Fausto Ortiz, exministro de finanzas.  Foto: Enrique Pesantes/ EL COMERCIO.

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Mónica Orozco
Editora (I)

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¿Cuál es el balance de la primera revisión del Fondo Monetario Internacional (FMI) a la economía?

El FMI es bastante optimista sobre el cumplimiento de metas de la carta de intención. Halla buenos resultados en balance primario no petrolero, en combustibles, en metas sociales. Pero observó dos indicadores que deben ser revisados a futuro. El primero es el resultado global primario, donde la meta era USD 277 millones, pero terminó en 148 millones. Y el otro es la prohibición de que el Banco Central financie al sector público, que no se cumplió por un mal entendido. El FMI dice que no se puede ni renovar papeles con el Central y el Gobierno pensaba que sí podía hacerlo.

Hasta junio hubo un aumento del déficit fiscal, una ligera baja del gasto en sueldos y una importante baja del gasto en inversión. ¿Es el camino correcto?

Aunque el FMI no cambia la meta final; es decir, un recorte fiscal de 5 puntos del PIB hasta el 2021, sí hace algunas concesiones. Por ejemplo, en salarios le da la oportunidad de llegar a la meta de ajuste de forma más pausada. Así, en este año el recorte debía ser de USD 600 millones, de 350 millones en el 2020 y de 250 millones en el 2021. Ahora será de 250 millones este año, de 700 millones en el 2020 y de 250 millones en el 2021. Sobre si es el camino correcto, diría que es el camino posible para el Gobierno. Preferiría que el recorte sea más en el gasto corriente (salarios, mantenimiento del Estado) que en inversión, pero el ajuste al gasto en sueldos pasa por un tema político y el Gobierno prefiere patear ese tema hacia adelante.

¿Cuál ha sido el efecto de las medidas hasta ahora?

La economía estaba estancada antes del acuerdo. El ajuste aún no se hecho. La nómina apenas bajó USD 65 millones en el primer semestre y ha existido un atraso en el gasto de inversión, más que un recorte, ya que el Gobierno ha preferido guardar los recursos en el Central para tratar de cumplir la meta de reservas exigida por el FMI en lugar de canalizarlos a la economía.

¿Cuál es el impacto de este escenario en el empleo?

El ajuste tiene dos perdedores: crecimiento económico y empleo. Estamos en esa zona, con una economía que espera un ajuste o un alza de impuestos. Una economía con incertidumbre no logra crecer.

¿Qué tan efectivo es el programa con el FMI?

Estamos en un programa de ajuste porque se tiene que controlar el gasto, sobre todo el generado entre el 2013 y el 2017 y una parte del 2018. El ajuste es el resultado de no enfrentar el problema del gasto en esos años. El FMI es una excusa para poder ajustar la economía. Antes de la llegada del Fondo, no hubo una clara intención del Gobierno -anterior o actual- de ajustar el gasto. Un programa de recortes va a generar una recesión, la idea es que no sea muy larga para luego mejorar.

¿Cuáles son las prioridades en el resto del año?

El Gobierno pagó USD 3 000 millones de deuda, pero aún debe cubrir otros 3 000 millones. Debe buscar recursos para cubrir el déficit este año y resolver cómo logrará un alza de ingresos por impuestos de 1,4% del PIB para el 2020. No hay claridad de que esto pueda ser logrado. El Gobierno no ha dado señales de querer compartir con la población su propuesta, pese a que estamos a tres meses de su presentación.

Las reformas deberán pasar por la Asamblea. ¿Cómo ve el diálogo para que se aprueben estos ajustes?

Antes de la Asamblea, las reformas deberían haber pasado por la sociedad, lograr que la población civil se involucre.

¿Cómo sumar apoyos?

Tiene que ver cómo explicar la necesidad de esas reformas, pero será más fácil explicar a la sociedad y al ciudadano si el sector público también va haciendo sacrificios de reducción de gasto y con ese argumento puede tocar puertas. Caso contrario se arriesga a recibir un no como respuesta. El sector privado ha hecho su parte, se ha achicado y ese mismo sacrifico debería esperarse en el sector público, sobre todo en talento humano. De esa manera, el Gobierno podría decir: “hice mi esfuerzo, ahora les toda a ustedes arrimar el hombro”. Caso contrario podría dar el mensaje de que se está endeudando para no bajar el gasto. Podría vender la idea de que no está haciendo su tarea.

¿Cuál es el escenario fiscal si no se aprueba la reforma tributaria?

No se podrá reducir el déficit fiscal tan rápido, se tendrá que buscar deuda que aún resulta costosa. En el 2020 se enfrentará una menor presión porque ya no hay capital de deuda que pagar. Aunque eso le da tiempo al Gobierno para enfrentar el problema de gasto, lo mejor es que lo enfrente lo antes posible.

Si no se logra la reforma, ¿qué alternativas hay?

Revisar combustibles, tratar de corregir el subsidio al diésel y a las gasolinas.

¿La concesión de activos cuánto ayuda?

Es como vender los muebles de la casa para comer, pero un día se van a acabar. No es una alternativa de largo plazo. Si el activo generaba ingresos y se vende, estamos provocando un hueco a futuro. Pan para ahora, hambre para mañana.

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