3 de mayo de 2020 00:00

Director de la OIT para Países Andinos: ‘El lugar de trabajo que conocíamos ya no existe’

ENTREVISTA / Philippe Vanhuynegem director de la OIT para Países Andinos

Entrevista a Philippe Vanhuynegem, director de la OIT para Países Andinos. Foto: Cortesía OIT

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Evelyn Tapia
Redactora (I)

Philippe Vanhuynegem es magíster en Economía y Econometría por la Universidad de Bruselas (ULB), en Bélgica. Comenzó su carrera en la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como experto asociado en Seguridad Social en África del Oeste, en 1997. El 2015 asumió el cargo de director de la Oficina de la OIT para los Países Andinos. Trabajó en la sede, como experto regional en Desarrollo de Mutuales, Cooperativas y Lucha contra la Exclusión Social.

¿Cómo cambiarán los indicadores de empleo en la nueva normalidad?

No podemos descartar que experimentemos nuevos períodos de confinamiento o de restricciones, lo que volvería a impactar en la economía. Es muy probable que no tengamos una reactivación uniforme a nivel de todo el país ni de todos los sectores. Veremos que a la fuerte recesión que se inició en marzo, le ­seguirán olas de crecimiento y decrecimiento con la incertidumbre que eso supone para la inversión y la generación de empleo.

¿Qué indicador de empleo ha sido el más afectado en la región?

América Latina
ha sido golpeada en todos sus indicadores con igual dureza. Casi la mitad de los trabajadores en la región ven amenazados sus medios de subsistencia. Estamos hablando de una pérdida de horas de trabajo equivalente a 31 millones de empleos y de 140 millones de personas que corren el riesgo de perder sus ingresos debido a las restricciones a la actividad económica. Además, 158 millones de personas que trabajan en la informalidad verán reducidos sus ingresos hasta en 81%.

¿Qué medidas se recomiendan para enfrentar los impactos en el empleo?

La OIT recomienda aplicar una mezcla de políticas, según cada país. Primero, dinamizar la economía y el empleo a través de políticas fiscales y apoyar las inversiones en ciertos sectores, primero en la salud.

Hemos visto en esta crisis la importancia de dotarse, en Ecuador y otros países de la región, de un sistema eficaz de protección social; y de programas sociales de emergencia. Esta crisis ha puesto de manifiesto la urgencia de dotar al mercado de trabajo ecuatoriano de un mecanismo de protección de los ingresos en tiempos de crisis, de un verdadero mecanismo de protección contra el desempleo.

Será necesario apoyar a las empresas, a través del congelamiento del pago de impuestos, créditos de trabajo. Es urgente para las micro y pequeñas empresas.

Otro nivel tiene que ver con la puesta en marcha de protocolos estrictos de seguridad y salud en el trabajo. Estas medidas serán eficaces si reciben un cierto grado de aceptación y hay acuerdo de trabajadores y empresarios. Esto significa promover el diálogo social.

¿Cómo afrontar la disyuntiva entre la necesidad de volver a producir y los riesgos de una segunda ola de contagios?

El lugar de trabajo como lo conocíamos no existe más. Si antes la aplicación de medidas de seguridad y de salud en el trabajo era exigible a todos los niveles, hoy es la única vía para garantizar la vida.

Los científicos y médicos en el mundo llaman a la prudencia. Las experiencias de desconfinamiento en Asia muestran que un levantamiento brusco arriesga los esfuerzos realizados y tendría un impacto aún mayor sobre la actividad económica futura.

Cualquier medida debería ser objeto de una colaboración y un diálogo eficaces entre empleadores y trabajadores. No debería haber disyuntiva si las autoridades estiman que es el momento, y si empleadores y trabajadores pueden ponerse de acuerdo con las medidas para prevenir y mitigar el riesgo de contagios.

¿Cómo ha incidido la pandemia en las modalidades de trabajo?

La pandemia tendrá un impacto significativo en las modalidades de trabajo tradicional, de pronto nos vimos abocados a trabajar desde casa, a negociar esa separación entre lo público y lo privado.

También están aquellos que no pueden quedarse en casa, pues su subsistencia depende de salir; y los que han perdido su trabajo. Enfrentamos un mundo distinto.

En el teletrabajo hay nuevas relaciones que en su mayoría no están claras, no solo en las tecnologías sino en la negociación entre lo privado y lo público. En el confinamiento el tiempo pierde sentido y el trabajo invade las esferas privadas más fácilmente.

Se requiere un set de herramientas para las cuales no necesariamente estamos preparados. La norma laboral tampoco está totalmente clara. Ecuador, por ejemplo, no tiene una normativa legal aprobada.

¿Cuáles son los grupos más vulnerables en la pandemia?

Es necesaria una discusión profunda a nivel de política pública para asegurarse que el impacto no sea tan desproporcionado.

Los grupos más vulnerables son los jóvenes, mujeres, niños, niñas y adolescentes, población migrante, adultos mayores, personas con discapacidad, pueblos y nacionalidades y personas en informalidad. Su vulnerabilidad responde en gran medida a que no tienen cobertura del sistema de protección social.

¿Qué medidas se pueden tomar para evitar más impacto en la informalidad?

El mercado laboral ecuatoriano se ha caracterizado por altas tasas de informalidad.

El covid-19 está exacerbando esos niveles de informalidad. Se necesita poner en marcha políticas públicas a nivel macro con políticas fiscales para estimular la economía, a nivel meso para apoyar las empresas y los empleos, a nivel micro para proteger a los trabajadores, en particular estas personas más vulnerables, y, finalmente, todo esto hecho a través del diálogo social.

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