16 de September de 2009 00:00

‘Enarsa debe disculparse con el Ecuador’

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Santiago Estrella Garcés. Corresponsal en Buenos Aires

Nueve ex secretarios de Energía de Argentina debatieron ayer el tema energético de ese país.

El diálogo, realizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, buscaba elaborar una propuesta frente “al creciente deterioro de reservas   y una improvisación de las inversiones” en el área energética argentina.

En la cita pronunciaron cuatro veces la palabra Enarsa, la empresa de energía creada por el gobierno de los Kirchner.

En ninguna de ellas hubo palabras de elogio. De hecho, una de las propuestas planteadas, según Jorge Lapeña,  fue “la reingeniería de Enarsa, pero parece que prefieren su eliminación a la renovación de la misma”.

Varios de ellos esbozaron una sonrisa irónica cuando EL COMERCIO consultó su opinión sobre la salida de Enarsa del proyecto hidroeléctrico Coca-Codo Sinclair, considerado emblemático por el Gobierno ecuatoriano.

La firma se comprometió a invertir 30% en la obra. Es decir, cerca de USD 600 millones de los casi USD 2 000 que se requieren. Pero el pasado 31 de agosto, Argentina anunció a Ecuador su decisión de abandonar la obra. “Enarsa hace cosas que poca gente conoce y no se tiene acceso a ninguna información”, aseveró Alieto Guadagni.

Ya en un diálogo aparte con este Diario, varios ex secretarios consideraron “un papelón” la salida de Enarsa del proyecto ecuatoriano. “Es un papelón y habrá que pedir perdón a los ecuatorianos”, dijo César Araoz al recordar esa placa simbólica que, en abril de 2008, la presidenta argentina Cristina Fernández  develó en Quito junto con Rafael Correa.

“El tema es esa irrealidad de Enarsa. No tiene condiciones como para llevar adelante estos emprendimientos. Es un verdadero papelón. No sabemos lo que es Enarsa, es algo que nadie entiende”, dijo Enrique Devoto.

“No tiene la calidad técnica o científica para llevar adelante estos proyectos. Tampoco es una empresa con antecedentes y con voluntad para realizarlos, sea en Ecuador o en cualquier  otro lugar”, añadió Araoz.

En reiteradas ocasiones, este Diario  intentó hablar con funcionarios del Ministerio de Planificación de Argentina, pero no hubo respuesta. Carlos Davidson, vocero de Enarsa, dijo: “No tengo información al respecto. No tengo conocimiento (de esa reunión)”.

Lapeña trató de explicar lo que es Enarsa: según el estatuto fundacional, la firma parecía tener un objetivo petrolero. Sin embargo, dice, no ha logrado consolidarse como tal. “Tiene un ‘staff’ muy pequeño de empleados, todas sus inversiones no se hacen con fondos autogenerados y la empresa no es sujeto de crédito, sino que recibe aportes del Gobierno”.

Lapeña acota que tampoco es una empresa que genere fondos. “Es más que nada una agencia gubernamental que canaliza fondos públicos para hacer inversiones donde el Estado necesita”.

Para Araoz, se creó para triangular negocios como se hace con el gas que proviene de Bolivia o con el gasoil, de Venezuela. Para Guadagni es una paradoja “que Enarsa haga inversiones en el Orinoco, pero tenga el mar argentino totalmente descuidado”.

Lapeña dice que su escasa capacidad de competencia se refleja en el hecho de que  Enarsa tiene solo dos de las 5 000 estaciones de servicio que hay en Argentina.

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