16 de diciembre de 2018 00:00

Emad, un sirio en Andalucía

Emad tiene 24 años de edad, salió de Siria cuando tenía 18. El joven vive en la actualidad en Málaga (España). Foto: Valentina Cárdenas para EL COMERCIO

Emad tiene 24 años de edad, salió de Siria cuando tenía 18. El joven vive en la actualidad en Málaga (España). Foto: Valentina Cárdenas para EL COMERCIO

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Valentina Cárdenas Carrión*
Para EL COMERCIO

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En plena Costa del Sol, como se conoce a la línea costera malagueña, un joven sirio se adapta día a día a una vida nueva. Lejos de lo que queda de su familia y con duros recuerdos de una guerra inclemente en su memoria, Emad aprende un oficio, un idioma y una nueva forma de vivir.

La historia de Emad se remonta a principios de 2011, cuando era apenas un adolescente. La primavera árabe empezaba a aflorar con manifestaciones de grupos opositores al régimen de Bashar al Assad. En mayo de ese año, la guerra civil se agudizó causando que Homs, una de las principales ciudades del país, fuera sitiada por más de tres años.

Sin embargo, para este joven (que prefiere mantener en secreto su apellido) la vida continuaba con aparente normalidad en su natal Idlib. En 2012, unos meses antes de que Alepo se transformara en una peligrosa zona de guerra, Emad se mudó a esa ciudad para estudiar economía en la universidad. Ese mismo año, parte de su familia murió en la batalla de Saraqeb, ciudad ubicada en el noroeste de Siria.

Entre tanto, Alepo en unos meses pasó a ser una zona de guerra, lo que imposibilitó que Emab siguiera asistiendo a la universidad, pues al hacerlo ponía en riesgo su vida.

La Batalla de Alepo, que enfrentó al gobierno sirio, militares chiítas y rusos contra grupos rebeldes -Frente Islámico, Ejército de la Conquista y una fracción kurda– consagró a los enfrentamientos como un conflicto internacional. Los cruentos combates en esa ciudad se alargaron un poco más de cuatro años, terminando con la victoria del gobierno.

Así, para 2016, Siria había sido el escenario de “la peor crisis humanitaria de nuestra era con 5,5 millones de refugiados” según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur). Más de la mitad de la población había huido de sus hogares, sea como desplazados hacia otras regiones o como refugiados a terceros países.

“Unas 470 mil personas murieron, 1,9 millones fueron heridas y la esperanza de vida se redujo de 70 a 55 años”, de acuerdo con el informe Fragmentación de la Confrontación, lanzado en 2016 por el Centro Sirio para la Investigación Política.

Emad abandonó Siria luego de un año de matricularse en la Universidad de Alepo.

Una ruta distinta

La ruta más habitual para las familias sirias que huían de la guerra, hasta hace un par de años, era la extinta Ruta de los Balcanes. El desplazamiento sirio hacia Europa empezaba con dirección a Turquía, para -desde allí- atravesar el Mediterráneo hasta las costas griegas; y, luego transitar a pie Macedonia, Serbia y Hungría (como punto estratégico) y llegar así a los distintos países del área Schengen para solicitar asilo.

El joven sirio entró a España por la frontera de Marruecos. En ese país logró obtener sus documentos como refugiado. Foto: Valentina Cárdenas para EL COMERCIO

El joven sirio entró a España por la frontera de Marruecos. En ese país logró obtener sus documentos como refugiado. Foto: Valentina Cárdenas para EL COMERCIO


Sin embargo, este joven tomó un camino distinto al de la mayoría de refugiados de su país. Con 18 años salió de Siria y llegó en automóvil a Turquía para tomar un vuelo de un poco más de 3 000 km hasta Argelia, donde residen algunos de sus parientes.

Al llegar, no pudo alojarse con su familia. Para mantenerse, trabajó casi tres años construyendo pozos en el desierto, en jornadas extenuantes de 12 a 15 horas diarias -incluidos los fines de semana- hasta agotar el tiempo de residencia permitido en Argelia para un ciudadano sirio. En 2015, decide viajar a Marruecos.

La impermeable frontera Argelia-Marruecos


Desde 1994, Argelia y Marruecos tienen tensas relaciones políticas a causa de sus diferencias ideológicas –rivalizados por el control del Magreb- y de un atentado perpetrado por argelinos en la antigua ciudad imperial de Marraquech, que dejó dos muertos y el cierre total de las fronteras de ambos países.

Este aislamiento lleva casi 25 años acarreando pérdidas económicas y acentuando el drama humano para las familias separadas por la frontera. A la vez, en enero pasado, Argelia levantó una alambrada de púas para impedir la entrada de inmigrantes desde suelo marroquí. La única forma de atravesarla es con la ayuda de las mafias transfronterizas.

Emad pagó USD 300 a una de esas organizaciones informales para atravesar un túnel subterráneo muy estrecho que conecta a los dos países. Generalmente, los grupos utilizan esa ruta a causa de la imposibilidad de cruzarla por la vía formal.

Cuando Emad -por fin- llegó a la ciudad de Oujda, en el norte de Marruecos, su intención era dirigirse hacia España y, desde ahí, a Alemania donde vive su tía. Sin embargo, intentar llegar a España por la frontera con Marruecos le resultó imposible. No obstante, un pasaporte falso por el que pagó USD 600  le permitió llegar a la ciudad española de Melilla.

Una vez en suelo español, permaneció seis meses en un campamento de refugiados junto a otras 2 500 personas y, finalmente, su solicitud de asilo fue aceptada. En la actualidad, el sirio de 24 años se ha integrado con normalidad a España. Vive en Andalucía, localidad de Torremolinos, provincia de Málaga; allí toma clases de español y estudia el oficio de fontanero (plomero).

Revela con miedo e ilusión, un contraste común entre los refugiados, su intención de regresar a Siria cuando la situación mejore, para volver a la universidad.

Situación actual del pueblo sirio


La crisis humanitaria en Siria se ha seguido deteriorando en este 2018, que está por culminar. Más de 2,3 millones de sirios se mantienen atrapados en localidades sitiadas o de difícil acceso y 8,2 millones viven en áreas infestadas con explosivos, según datos de Acnur.

Así mismo, los principales países de acogida para los refugiados sirios en el mundo son Turquía con 2,9 millones, seguido de Líbano con un millón y Jordania con 600 000. Los menores no acompañados o separados -en su mayoría sirios y afganos- representan 75 000 solicitudes de asilo distribuidas en 70 países, como revela el último informe de Acnur sobre desplazamientos forzados.

En 2017, cinco millones de refugiados y desplazados internos regresaron a sus zonas de origen y 31 000 sirios regresaron de sus países vecinos en el primer semestre del año. Estos refugiados retornados se desplazan, principalmente, hacia Alepo y Homs, luego de la conquista de estas ciudades y el cese de los enfrentamientos.

Sin embargo, muchos tienen que afrontar difíciles condiciones similares a las que les hicieron huir de la guerra y vuelven a su antiguo hogar en circunstancias completamente distintas. Empezar de nuevo para ellos, representa una reconstrucción de espacios físicos y sociales destruidos.

Así mismo, los que se quedaron fuera de Siria, como Emad, también viven una permanente reconstrucción de sus vidas. Nuevos amigos, nuevas reglas de convivencia, nueva comida y el estigma que algunos les atribuyen por ser refugiados, no son obstáculos fáciles de sortear. Sin embargo, con todas las dificultades que les toca enfrentar, España los acoge como en otros momentos acogió a ecuatorianos, paraguayos o marroquíes, quienes cambiaron para siempre el rostro del país ibérico y ahora se funden en sus paisajes urbanos y rurales… como seguramente se funde Emad, entre las calles de una Andalucía que fue la capital y el orgullo de la España musulmana durante ocho siglos.

*valentinacardenascarrion@gmail.com

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