21 de diciembre de 2018 00:00

Electrodomésticos y ropa se venden más en la Bahía de Guayaquil

En la calle Olmedo, dentro de la Bahía, se ofertan electrodomésticos como refrigeradoras, cocinas y lavadoras.

En la calle Olmedo, dentro de la Bahía, se ofertan electrodomésticos como refrigeradoras, cocinas y lavadoras. Foto: Joffre Flores para EL COMERCIO

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Annabell Verdezoto
Redactora (I)

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La variedad de productos y los precios atraen a los compradores de la Bahía de Guayaquil, por la época navideña. Este lugar, que ocupa 40 manzanas, es el más concurrido por los guayaquileños para comprar prendas de vestir, juguetes, electrodomésticos, teléfonos celulares, entre otros artículos; aunque los más demandados son los dos últimos.

Cientos de personas caminan por el paseo comercial Villamil, ubicado en la avenida Simón Bolívar y Colón, considerado uno de los tantos callejones que tiene la Bahía.

En ese laberinto buscan las prendas de vestir que usarán el 24 de diciembre y el 31. 

Hasta las 14:00 de ayer, el flujo de compradores era moderado en comparación con el año anterior, comentaron los comerciantes. Cuando el día de ventas es intenso, “no se puede ni respirar”.

La Bahía se desarrolla en 3,5 kilómetros cuadrados. En ese espacio existen 13 000 locales censados y aproximadamente 16 000 comerciantes, según el Municipio de Guayaquil.

Michael Jaya, comerciante de 24 años, atiende un pequeño local de juguetes en ese paseo comercial. Sentado en un banco promociona muñecas desde USD 2 hasta 25.

Pese a ese precio, indica, las personas optaron por buscar ropa y electrodomésticos o teléfonos celulares. A su lado hay un puesto que vende equipos electrónicos. Dos personas, con fundas negras en sus manos, observan unos celulares de alta gama en vitrina y continúan su trayecto.

Tras ellos, dos hombres ofrecían celulares en las manos. “Venga, lleve celulares baratos”, dicen, pero cuando ven a los policías se meten por los callejones. Tres policías en bicicleta cruzan por la zona, como parte de los nuevos controles de seguridad por las festividades para evitar robos.

Sobre sus piernas, Wilkins González, de 21 años, sostiene a su hija de 1 año mientras su esposa le prueba un conjunto deportivo a la pequeña. El calentador y chompa crema le costaron USD 25. González dice que optó por la Bahía por los precios y la variedad de productos. Este año, él y su esposa no se comprarán ropa para ellos ni juguetes.

Algunos comerciantes se vistieron de Papá Noel para vender gorros navideños. El precio de cada artículo es de USD 1. Los transeúntes se detenían a observarlos.

Algunos comerciantes se vistieron de Papá Noel para vender gorros navideños. El precio de cada artículo es de USD 1. Los transeúntes se detenían a observarlos. Foto: Joffre Flores para EL COMERCIO

En ese callejón, de un metro y medio de ancho, también transitan vendedores ambulantes. Uno de ellos es José Torres, quien carga 100 camisetas deportivas con etiqueta de marca. Las oferta en USD 20 pero las deja hasta en 10. Al día vende un promedio de cinco.

A su lado, otro comerciante ambulante vende ropa interior. Un hombre le compra tres prendas por USD 5.

En la calle Olmedo y Simón Bolívar se ubican las importadoras de electrodomésticos. En menos de 10 minutos salen seis personas, quienes llevan una refrigeradora, una cocina y una lavadora.

En plena calle están Elvia Duarte, de 40 años, y su hijo. Compró una lavadora y espera una camioneta para llevar la máquina hasta su casa.

Duarte optó por la Bahía por el precio, pues le costó USD 400. En los centros comerciales le pedían entre USD 800 y 900 por el mismo artefacto. En la Bahía le dieron una garantía de cinco años y hasta le entregaron factura.
Carmen García compró una refrigeradora en uno de los locales.

Los comerciantes ofrecen premios para atraer a los clientes. Por ejemplo Rosa Romero, propietaria de una importadora de electrodomésticos, sortea un televisor pantalla plana de 55 pulgadas.

Ella cuenta que sí han vendido, pero que aún falta que “se llene la Bahía”, como en otros años durante la Navidad.

Para Romero, aún falta liquidez en los compradores, por eso optó por aceptar tarjetas de crédito. En su local, las cocinas, las lavadoras y las refrigeradoras son los artículos más adquiridos por la época.

En la calle Chimborazo, otro de los laberintos, están los vendedores ambulantes de carteras y cinturones, y los locales de ropa. En carteles de cartulina se observan los precios de blusas y jeans, entre USD 10 y 25. Sandra Navia compró un cinturón blanco en USD 4 y le hacían falta sandalias y una blusa para el 24 de diciembre.

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