24 de febrero de 2019 00:00

La edad influye en el desarrollo laboral

Ricardo Díaz (de pie) tiene un cargo directivo en Handytec, empresa de big data, con apenas 31 años. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO
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Yadira Trujillo
Redactora (I)
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Cuando llega a una reunión para presentar sus servicios profesionales debe oír preguntas como: ¿esperamos a alguien más? Y al inicio, lidia con la falta de atención que le prestan debido a que tiene 31 años.

“Mi nombre es Ricardo Díaz y soy el gerente de Inteligencia de Negocios de Handytec”, dice. Y menciona a las grandes marcas de su cartera. En tono de broma, cuando le preguntan si alguien más llegará, responde “no, mi papá no vino”.

Áreas laborales como esta, vinculadas a la empresa, la tecnología y la generación de ideas dan más apertura al joven. Mientras, en campos como la salud y la educación pesa más la experiencia para dirigir.

En la empresa de big data que lidera Ricardo Díaz, los cargos directivos están marcados por la juventud. Él es el mayor, mientras que los otros dos altos mandos son de 30 y 27 años. El promedio de edad es de 31 años. El mayor llega a los 44.

Para Laura Elena Calvache, máster en gestión de Recursos Humanos y profesora de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), la edad se ha vuelto un punto clave en el mercado laboral, en el mundo.

En el ámbito empresarial se prevé que para el 2030 las direcciones de las empresas estén en manos de millennials y se contrate a centennials (nacidos desde el 2000), afirma la especialista. Forbes pronosticó que en el 2025 esta generación representará el 75% de la fuerza laboral mundial.

Pero ¿qué ven las empresas en los jóvenes? La versatilidad característica de su generación. Calvache menciona la creatividad, la flexibilidad en los horarios, el dominio tecnológico, la capacidad para adaptarse a cambios, para tomar riesgos y decisiones.

Estos puntos llevaron a Rafael Portilla a liderar a más de 80 personas en Ecuador y Perú y servir a más de 8 millones de usuarios al mes, a sus 37. Él es country manager de OLX.

Nunca desaprovechó una oportunidad. Para él, la edad es subjetiva y lo más importante es la experiencia obtenida en poco o mucho tiempo, los conocimientos, el liderazgo.

Para Portilla y Díaz es imprescindible confiar en las nuevas generaciones. Mientras este es el escenario en las direcciones del ámbito empresarial creativo, en otros campos como el de la salud y la educación pesan la experiencia (años) y la trayectoria.

En el Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), del IESS, a sus 67 años, Juan Páez ocupa la gerencia general. El 62% de médicos está en un rango menor a 40 años de edad. Pero el 38% que corresponde a los mayores de 40, dice Páez, transciende en el ámbito directivo.

¿La razón? La dirección en la medicina requiere de una basta experiencia –indica Páez– acompañada de gran conocimiento científico y académico.

En el HCAM, el 70% de las jefaturas del equipo médico las ocupan personas mayores de 40 años y apenas el 30% de ellas las dirigen menores.

Miguel Moreira, director técnico médico, es parte de ese menor porcentaje de jóvenes en altos cargos, con 39 años. En lo médico es el segundo al mando. La experiencia pesa, dice, y que en salud, la complementación entre antiguas y nuevas generaciones es fundamental. Pero reconoce que, el proceso es largo para dirigir. Lo mismo pasa en educación.

Calvache, la especialista en RR.HH., explica que el saber genera respeto y la experiencia da autoridad en la cátedra.

El directorio ejecutivo de la Asamblea del Sistema de Educación Superior (Asesec), por ejemplo, está integrado por seis rectores de las universidades y politécnicas públicas, dos de las particulares y dos de los institutos técnicos.

Entre el 2017 y el 2018 el exrector y actual docente de la Politécnica, Jaime Calderón, de 68 años, presidió esa Asamblea. Casi la totalidad de miembros del directorio -recuerda- con gran experiencia.

“Es raro que la gestión del rectorado en Ecuador se encuentre en manos de profesionales que no han desarrollado una carrera de al menos 10 años, posteriores a la obtención de maestría o doctorado”.

Calderón deja claro que la universidad reconoce una escala jerárquica, en la que cada categoría requiere el cumplimiento de requisitos de tiempo y los méritos en docencia, investigación, gestión, etc.

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