19 de September de 2009 00:00

Los ecuatorianos, impávidos e ingenuos

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Santiago Machuca G.

Los ecuatorianos debemos ser llamados de ahora en adelante impávidos, ingenuos y engañados, por no utilizar términos más directos y descriptivos como los usados por Sofocleto.

No recuerdo que en nuestra existencia republicana se hayan manejado con tanto poder y prepotencia los asuntos estatales y mediáticos como en el actual régimen.

Un grupo de improvisados y dominadores nos tiene acorralados entre una tempestad de información acomodada a sus intereses y a escándalos en los que se involucran desde asuntos de narcoterrorismo a negociados multimillonarios de los ñaños vivos.

Es el momento que de alguna manera alguien encabece una defensa de la dignidad y del respeto que debemos tener los ciudadanos que día a día luchamos por ganarnos la vida de forma honesta, correspondería el surgir de un grupo de individuos que represente y recupere la dignidad para la nación, con convicción real de patria.

El Estado debe garantizar a cada ciudadano el ambiente propicio y justo para que pueda desenvolverse en un ambiente de justicia y circunstancias adecuadas para crear desarrollo y prosperidad común.

No es posible que se maneje a las ‘masas’ como le venga en gana a un personaje que claramente arrastra traumas y un rencor  que atenta justamente contra las  personas y corporaciones que generan y han generado trabajo durante años forjando un clima de reclamación y confrontación.

El Presidente de los ecuatorianos actual se ha confundido y está confundiendo a todo el mundo con sus actuaciones y desaciertos, sin darse cuenta que la oportunidad que tiene en sus manos es señera y privilegiada.

Realmente puede convertirse en el personaje que cambie la historia de nuestro país y de Sudamérica, debe dar un giro radical a su forma de actuar, cambiar su convicción enfermiza de extrema izquierda arcaica y situarse en una izquierda moderna y dinámica como la de Lula o Bachelet (por poner un par de ejemplos).

Debería  unirse a ellos y dejar a una lado a los fanáticos fascistas que están tratando de destruir a la región latinoamericana y a su esencia .

Nuestro presidente Rafal Correa podría ser el referente con el que se alinee la nueva Latinoamérica, podría convertirse palmariamente en un individuo que reconozca su equivocación y encarne al líder que rectifica para el bienestar de los pueblos que han sufrido y sufren ahora más que nunca los “traumas” del poder injusto.

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