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En Tulcán, norte de Ecuador, se implementan restricciones a migrantes

Los operativos de control se iniciaron el lunes último en el parque Isidro Ayora, de Tulcán, con una migrante. Foto: Washington Benalcázar / EL COMERCIO

Empujando un coche de bebé, repleto de ropa, varias ollas y un recipiente con agua, Egrantonio Sánchez inició su viaje a Perú. Le acompañan su esposa y su hijo de 8 años.

La mañana del lunes pasado esperaban en Tulcán (Carchi) que terminara de llover para seguir la travesía, caminando por la orilla de la vía Panamericana. Esta familia fue sorprendida por un operativo que ese día hicieron las Fuerzas Armadas, la Policía, Vigilancia Aduanera y la Policía Municipal, en el parque Isidro Ayora.

Con la ayuda de canes, los uniformados revisaban que los extranjeros y ecuatorianos no portaran armas ni estupefacientes. Esa requisa fue la primera de otras que se realizarán sorpresivamente en parques y calles de la ciudad de Tulcán, en donde permanecen o duermen grupos de migrantes.

La ejecución de operativos de control es una de las acciones que resolvió la Mesa de Seguridad del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) de Tulcán, la semana anterior.

La otra medida es instalar un punto fuera de la ciudad para que las instituciones de cooperación internacional puedan atender a los migrantes.

Con ello esperan que los viajeros que ingresen de Colombia a Ecuador, por la provincia Carchi, tomen la E-35 y sigan su viaje por esta vía perimetral y no tengan la necesidad de entrar a la urbe.

Una comisión formada por la Cancillería y el Municipio busca el sitio. Según Cristian Benavides, alcalde de Tulcán y presidente del COE local, el fin es ordenar la ciudad, reducir la inseguridad y la amenaza de contagios de covid-19.

Recuerda que cuando se inició la pandemia solicitó a las Fuerzas Armadas que controlasen el paso permanente de personas por el límite internacional.

La tarea se ha tornado complicada porque, a pesar de que la frontera está oficialmente cerrada desde marzo del 2020, el paso de personas en condición de movilidad no se ha detenido. Cada mes ingresan por Carchi 12 000 personas, señala el Burgomaestre, citando datos de la Organización Internacional de Migraciones (OIM).

Es por ello que se han tomado las últimas medidas, aclara. También comenta que vecinos de la urbe están cansados de que se usen los espacios públicos para actividades como dormir, lavar y secar ropa.

Sin embargo, establecer una ruta para que los migrantes no crucen por la ciudad ha generado reacciones. Para Daniel Regalado, presidente de la Asociación Civil Venezuela en Ecuador, es un acto discriminatorio. La opinión la comparten activistas de ONG, que analizan el tema desde la semana anterior, cuando tuvieron una reunión con las autoridades del Carchi.

“La movilidad humana por cualquier parte del país está amparada por la Constitución ecuatoriana y las leyes internacionales. Es por eso que establecer rutas exclusivas para los migrantes es como crear fronteras dentro de otras fronteras”, afirma Regalado.

Sánchez y su familia ingresaron a Ecuador el viernes pasado. El primer día les ofrecieron alimentos y un kit de implementos de bioseguridad. También hospedaje en un hotel de Tulcán, durante tres días.

Esa es la ayuda que conceden las ONG a los viajeros que están de paso por Tulcán.

El lunes pasado, esta familia de migrantes venezolanos amaneció en el parque Isidro Ayora. Ahí también pernoctan otros viajeros que no tienen dinero para alquilar una habitación y pasar la noche.

Ellos buscan lugares en donde haya un techo o una visera para refugiarse durante las noches, como la concha acústica del parque Isidro Ayora y las canchas del parque Ocho.

La Asociación de Venezolanos en Ecuador igualmente ha recibido denuncias de sus compatriotas sobre actos de discriminación no solo en Tulcán sino también en Huaquillas, en la frontera con el Perú.

Daniel Galvé, de la organización Un Mundo sin Fronteras, explica que la mayoría de estos migrantes prefiere pasar varios días en las ciudades de ingreso y salida de cada país.

Pero esta movilidad también genera cierto dinamismo económico en la frontera. En Tulcán, las organizaciones de ayuda a migrantes han contratado los servicios de tres hoteles para acoger a 150 personas.

El transporte interprovincial también se ha beneficiado. Hay 11 frecuencias entre Tulcán y Huaquillas, que movilizan cada día a 400 personas. De ellas, el 99% es venezolano, explica Luis Villarroel, administrador de la terminal terrestre de Tulcán.

A pesar de los inconvenientes, Egrantonio Sánchez continúa el recorrido que inició en el estado de Barinas, en Venezuela, hace cinco meses. Asegura que seguirá hasta llegar a Perú, buscando un futuro mejor para él y su familia.