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Los recursos no alcanzan para la emergencia

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Van tres semanas desde que empezaron las fuertes precipitaciones en la Costa y en algunas zonas como en Esmeraldas y Machala la situación es difícil.

En Naranjal, (Guayas), la emergencia está declarada desde el pasado 8 de febrero, luego del desbordamiento del río Cañar.

Hasta allá, la ayuda económica del Gobierno no ha llegado. Los municipios han emprendido labores para dragar el río y reforzar los muros de contención.

Pero en Esmeraldas la situación es otra, pese a que el presidente Correa anunció que entregaría USD 6 millones. Las autoridades locales señalan que esa cantidad no será suficiente, especialmente en Muisne, Rioverde y Atacames, donde las casas siguen anegadas.

En Esmeraldas

Atacames, 14 familias siguen en albergues

Las lluvias dejaron de caer la última semana en Esmeraldas. Sin embargo, los problemas provocados por los intensos aguaceros del 16 y 17 de febrero, continúan.

En el barrio 15 de Julio, Atacames,  el agua sigue estancada en las casas y en las calles, tras la crecida del río Taseche. Esto afectó a 41 familias, las que se albergaron en  la Escuela Creciendo hacia el futuro. En el momento, 14 familias continúan refugiadas.

“Los pozos sépticos rebosaron y hay zancudos y moscas”, comenta María Loor. Su vivienda parece que flotara en medio del lodo que emana   un olor desagradable. “Mis hijos no pueden vivir aquí. Mi marido, que estaba cuidando la casa, se enfermó”.

En el albergue permanecen 70 personas. 30 adultos y 40 niños, así lo confirma Pamela Lara, quien lleva el registro.  

Inicialmente la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos abrió tres albergues en la provincia. Uno en Rioverde, que acogió a 20 familias; otro en Súa, para 13; y en el barrio 15 de Julio de Atacames. “Solo en este último aún  acoge a familias afectadas por el invierno”, dice Magali Quiñónez, titular del MIES, encargada de proveer alimentos, colchones y toldos para los damnificados.

María Loor junto a Elena Loza y Andrea Olguín preparan el almuerzo para los albergados. “Desde el segundo día de las inundaciones hemos despachado más de 300 raciones alimenticias”, explicó  Quiñónez.

Cada ración tiene azúcar, arroz, atún, fideo, fréjol, avena y leche en polvo, para que una familia de cinco miembros pueda subsistir por15 días.

Mientras un grupo de mujeres prepara la comida, otras limpian las aulas del segundo piso, que sirven de dormitorios. “Por lo menos aquí estamos secos”, dice Elena Loza. Varias personas, sin embargo, no tienen ni colchones.

Este es el caso de esta mujer, madre de siete hijos. Con un  maternal abraza a dos de sus hijos sentada sobre una frazada que tienen en el piso para dormir. “El MIES envió 10 colchones pero no alcanzó. Ojalá nos dieran toldos porque los mosquitos han proliferado con el agua”.

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