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Artesanas del oficio del tallado ayudan a reflotar a San Antonio de Ibarra

María Yépez (izq.) mira cómo su hermana Rosa diseña una figura en el taller familiar. Foto: Washington Benalcázar / EL COMERCIO

María Yépez (izq.) mira cómo su hermana Rosa diseña una figura en el taller familiar. Foto: Washington Benalcázar / EL COMERCIO

María Yépez (izq.) mira cómo su hermana Rosa diseña una figura en el taller familiar. Foto: Washington Benalcázar / EL COMERCIO

El sol de la mañana se refleja en las puntas de acero de las gubias y formones. Estas herramientas, que tienen el cabo de madera, están colocadas en fila sobre una mesa. 

Sentada en un banco, María Yépez toma por momentos estos afilados utensilios. Con la ayuda de ellos da forma a la imagen de un ángel, a partir de una troza de madera.

Esta mujer, de 59 años, es escultora. Se especializó en la elaboración de santos y vírgenes. Se vinculó a esta actividad cuando tenía 12 años.

En otra esquina de su casa, ubicada en Tanguarín, en San Antonio de Ibarra, su hermana Rosa, de 57 años, talla el marco de un cuadro.

El piso está cubierto de virutas. El ambiente tiene un aroma a madera fresca.

Las hermanas Yépez tienen el legado de las técnicas de la Escuela Quiteña, la manifestación cultural que floreció entre los siglos XVII y XVIII en la Real Audiencia de Quito, y que hoy sobreviven en esta localidad de Imbabura.

Esta parroquia es el hogar de 707 artistas y artesanos que están vinculados al tallado y escultura. Ahora luchan por reflotar esta actividad que estuvo afectada, primero por la crisis económica y ahora por la pandemia del covid-19.

Para ellas, aprender las técnicas para trabajar la madera ha sido complicado, pues antes era considerado un oficio exclusivo de los hombres. Así rememora María, que junto a Rosa, aprendieron a usar las herramientas de la mano de su padre, Tarquino Yépez.

Inicialmente, su progenitor no quería ni escuchar que sus niñas aprendieran a tallar.

Mientras que a sus hijos varones los envió a los talleres de reconocidos maestros de la localidad, como Mariano Reyes y Sergio Collahuazo. La idea era que se perfeccionaran en las técnicas de la escultura.

En San Antonio hay 24 mujeres que trabajan la madera. Así señala una investigación que realizó la Universidad Técnica del Norte, de Ibarra.

Ese material sirvió de soporte para que en las técnicas y conocimientos tradicionales del tallado en madera de San Antonio fueran declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial del Ecuador. Eso sucedió el 18 de septiembre pasado. Nueve días después la parroquia recibió el título de Pueblo Mágico.

La mayoría de artesanas trabajaba casa adentro, ayudando a sus padres, hermanos o esposos, explica Pastora Montesdeoca, presidenta de la Asociación de Artesanos Productores en Artesanía Parque Francisco Calderón.

Desde el 13 de febrero pasado, esa organización realiza demostraciones de tallado al aire libre para los turistas que visitan San Antonio de Ibarra.

Una de las atracciones es la habilidad de las mujeres talladoras, que desbastan la madera con maestría hasta transformarlas en imágenes.

Para otras artesanas, como Angélica Benalcázar, el tallado y la escultura han sido su sustento de vida. Ahora con 81 años, cabellos bancos y las manos estropeadas por el trabajo, asegura que con este oficio mantuvo a sus siete hijos. Los últimos 15 años lo hizo sola, desde que quedó viuda.

Benalcázar es reconocida por su habilidad para diseñar caballos, toros y yuntas de bueyes. Aprendió a elaborar animalitos observando la labor de su esposo, Ángel Yépez. En la actualidad, sus hijos le han tomado la posta. “Yo vivo agradecida de esta profesión. Gracias al tallado eduqué a mis hijos”.

A su marido le molestaba elaborar piezas diminutas, como patas y cuernos para los toros. Así que Angélica le ayudaba en el taller. Ese contacto con las herramientas y la madera la convirtieron en una escultora afamada
Héctor Chuquín, presidente de la Junta Parroquial, recuerda que antes del 2000 la parroquia era el destino de los turistas colombianos. Eran los mejores clientes de los artesanos.

Pero, tras la dolarización los precios de los tallados se encarecieron e inició la recesión.

Ahora en San Antonio se trabaja por salvaguardar los conocimientos en torno al tallado de madera. Ese es el imán que permitirá desarrollar otras actividades productivas, como el turismo, gastronomía y recreación, según el plan de desarrollo local.

El potencial de los habitantes de San Antonio también fue reconocido por el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares, que en noviembre del 2020 entregó ocho medallas a la excelencia artesanal del país.

Tres de ellas fueron para artesanos de la parroquia imbabureña. Una de esas preseas fue para el taller de las hermanas María y Rosa Yépez.