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35 jóvenes emprenden con enfoque de conservación ambiental

Daniela y Camila Muela en la zona para acampar de Thayari, en Yunguilla, Calacalí. Foto: Patricio Terán / EL COMERCIO

Con turismo sostenible y producción agroecológica los jóvenes de las parroquias rurales del noroccidente de Quito buscan generar fuentes de empleo y evitar la migración hacia la ciudad.

Hace tres años nació la iniciativa denominada Red de Jóvenes del Chocó Andino, en la que actualmente trabajan activamente 35 jóvenes del territorio, quienes tienen distintos emprendimientos.

Daniela Muela, de 24 años, es parte de la Red hace pocos meses. Ella decidió emprender con su proyecto turístico Thayari en una propiedad de su familia en Yumbillo, en Calacalí.

Thayari, que en quichua significa viento frío, tiene una extensión de 9 hectáreas y está a 2 656 metros sobre el nivel del mar. Este destino turístico está ubicado en el bosque nublado del noroccidente. Los visitantes pueden disfrutar de un amanecer distinto, en medio de la naturaleza, y el avistamiento de águilas, huiracchuros, mirlos, gorriones y otras aves de diversos colores.

El lugar ofrece servicio para acampar, comida típica y caminatas o ciclismo por los senderos. Para visitar el lugar se debe hacer reservación vía telefónica o redes sociales. El precio por persona para visitar el sitio va desde USD 5 diarios, hay descuentos y promociones si los grupos son de más de ocho personas. Si se quiere acampar el precio es USD 7.

El emprendimiento nació después de que Daniela se graduara de ingeniera ambiental y no encontrara trabajo. En el sitio, la joven también realiza el monitoreo de vida silvestre y de la calidad de agua. “Así pongo al servicio de la localidad mis conocimientos profesionales”, señaló. El informe será difundido con la comunidad.

En la parroquia Gualea, en el barrio Guanábana, se halla otra emprendedora de la Red. Johana Aules, de 33 años, es parte proyecto Finca agroturística Las Taguas. Su familia decidió darle un giro a la propiedad, antes dedicada a la producción de caña de azúcar y panela, y abrir sus puertas a los turistas. “Este es un proyecto familiar, todos (padres y hermanos) estamos involucrados de alguna manera”, dijo.

Jonathan, su hermano menor, es ingeniero en Turismo y está al frente de todo el emprendimiento. En cambio, Johana, la primera de siete hermanos, está a cargo del servicio de restaurante. Tres de sus hermanos migraron a Quito para trabajar, pero regresan a la finca los fines de semana.

Este destino turístico ofrece la ruta de la panela, restaurante, camping, recorrido hacia la cascada El Rosario, ubicada dentro de la propiedad, y música en vivo con el grupo musical al que pertenece su padre Manuel y su hermano Jonathan.

La finca está ubicada en el barrio Guanábana, en Gualea, y tiene 3 hectáreas. La visita a la cascada cuesta USD 3 y a todos los turistas se les ofrece un vaso de jugo de caña con limón. La idea nació hace 15 años, pero desde hace poco se dedica completamente al turismo.

En la parroquia Pacto está Danila Andagoya. La joven de 27 años se dedica a la producción de café tostado y molido. Con la marca Norca Aroma comercializa el café de la finca de sus padres. “Se denomina de altura porque se produce a 1 200 m sobre el nivel del mar”.

Los padres de Danila producen café desde hace 15 años y lo vendían en pergamino, es decir, con cáscara. Ella, junto con su hermana menor, empezaron con las pruebas de tostado y molido para agregarle valor al producto. Se vende en tiendas de la zona a USD 7 la libra.

Además, la joven tiene un local con una vista panorámica de la parroquia. En el sitio se ofrece café preparado, con acompañantes como empanaditas y otros productos.

En la Red hay diversos emprendimientos como restaurantes de comida tradicional, locales de artesanías, producción de panela y otros. La idea es que los jóvenes tengan alternativas para trabajar y no se vean obligados a migrar, señaló Alfredo Guamaní, coordinador del colectivo y dueño de El Patio, en Calacalí.

La idea inicial del grupo fue difundir la importancia del cuidado de la biosfera y biodiversidad de la Mancomunidad del Chocó Andino, que agrupa a seis parroquias rurales de Quito, Calacalí, Nono, Nanegalito, Pacto, Gualea y Nanegal. Hoy tiene más líneas de trabajo: productividad, proteger a la zona de actividades extractivas como la minería, género y comunicación.

Y los jóvenes trabajan en el programa Chala: tiendas comunitarias de productos de la zona y generar empleo.

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