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La industria carrocera del país no logra reactivarse

El sector carrocero está afectado por la crisis de la pandemia del covid-19. El trabajo escasea en los talleres. Foto: Modesto Moreta / EL COMERCIO

En los talleres de carrocerías Varma hay poco movimiento. Un grupo de colaboradores, entre mecánicos, técnicos y soldadores trabaja en la fabricación de furgones, plataformas y unidades móviles médicas. Esta es una de las líneas de producción que retomó la fábrica durante la pandemia. 

La empresa ambateña solo ha logrado carrozar nueve unidades en buses en este año; es decir, 16 menos que en 2020. Eso provocó el despido de 94 de los 122 colaboradores.

“La mano de obra calificada y capacitada por nosotros migró a Estados Unidos y para cuando nos reactivemos, nuestro sector no dispondrá de ella y deberemos regresar a la capacitación para cumplir con las normativas que nos exige la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), en la construcción de las carrocerías”, asegura el presidente de Varma, Santiago Vargas. 

El empresario reconoce que este sector productivo no ha logrado reactivarse, tras la crisis económica y sanitaria provocada por la pandemia.

La situación -añade- es complicada debido a que el transporte urbano fue el último en retomar sus labores, con apenas el 30% de aforo de pasajeros.

“La falta de ingresos económicos hizo que no se logre cubrir las deudas en los bancos y cooperativas”, sostiene.  

El sector tampoco ha logrado renovar el parque automotor. Cada año, en promedio, se cambiaban 1 500 buses urbanos como interprovinciales en el Ecuador, pero por la situación económica y la falta de líneas de crédito casi nadie se arriesgó a invertir.

En el caso de Varma se sostiene actualmente con la producción de furgones, plataformas y unidades médicas móviles. “Estamos al borde de la quiebra, pero tenemos la esperanza de que el próximo año mejore la situación; caso contrario, deberemos cerrar las puertas”, asegura el presidente de la firma.  

La explicación de Vargas también es confirmada por la Cámara Nacional de Fabricantes de Carrocerías (Canfac) en Tungurahua. Un informe emitido por esta entidad detalla que en 2019 se matricularon en la ANT, 1 649 buses nuevos fabricados por la industria ecuatoriana y 320 importados.

En 2020 bajó a 473 unidades nacionales y 78 importados. Mientras tanto, entre enero a octubre de este año, apenas se matricularon 279 nuevos buses de la industria nacional y 29 importados.

Esto significa que este año con relación al 2019, prepandemia, la caída de buses de fabricación local cayó más del 80%.

Víctor Hugo Cepeda, presidente de la Canfac, menciona que a escala nacional -antes del covid-19- en el Ecuador laboraban 65 empresas carroceras calificadas por la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), pero por la crisis el 40% de las empresas quebró, otras cerraron y dejaron en la desocupación a 1 500 de las 4 000 personas que trabajaban en forma directa. El 60% de las empresas a escala nacional se encuentran en Tungurahua. 

Este problema se mantendrá mientras no regresen los estudiantes plenamente a las clases presenciales en las escuelas, colegios, universidades y funcione el transporte urbano y estudiantil al 100%. “El no retorno impide que tengan ingresos económicos y la renovación del parque automotor esté paralizada”. 

En el caso de su empresa Carrocerías Metálicas Cepeda, de origen ambateño, fabricaba al año al menos 12 unidades mensuales; es decir, 144 anuales, pero por la pandemia decayó a cuatro en el 2020 y entre enero y noviembre de este año apenas ha logrado armar cinco buses.

El empresario manifiesta que el sector de la transportación debería haber renovado 1 000 unidades de buses urbanos y 500 de transporte interprovincial en este año, pero por el aprieto económico todo está paralizado, a pesar de que se congelaron los precios de las carrocerías.

En este mes, la empresa logró conseguir un contrato para fabricar 12 buses y con eso busca mantener a sus 50 colaboradores, con el objetivo de que no migren. “Antes de la pandemia trabajaban 120 personas, pero nos quedamos con 50 y los demás viajaron a Estados Unidos”, cuenta Cepeda. 

Luis Sinalín trabaja 16 años en Carrocerías Metálicas Cepeda. Está preocupado porque teme quedarse en la desocupación, por la crisis profunda que afronta este sector productivo.

“Gracias a Dios nos llegó algo de trabajo casi al finalizar el año, pero no es suficiente para una reactivación. Esperamos que el próximo año mejore”. 

Algo similar ocurre en Carrocerías Metálicas Jácome. Esta industria, también de Ambato, que montó su planta de producción en Guayaquil, hace tres meses, no tiene trabajo. En lo que va de este año apenas fabricó tres carrocerías y se ha mantenido con la reparación de los autobuses. El año pasado apenas  produjo 12 buses.  

El gerente de la empresa, Luis Jácome, coincide con Cepeda que al no haber iniciado las clases presenciales, el sector de la transportación no tiene los ingresos suficientes para financiar el cambio de unidades urbanas. Tampoco han pagado sus deudas atrasadas.

“Siendo optimistas y haciendo un análisis de la situación, se espera que en dos años y medio se inicie la reactivación de nuestro sector”, asegura Luis Jácome. 

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