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22 familias de Pimampiro, evacuadas por deslaves

Funcionarios del Municipio de Pimampiro mantienen el monitoreo en la zona devastada. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

La casa de Juana María Alomoto desapareció con el deslizamiento de tierra que ocurrió en la loma de San José de Aloburo, en Pimampiro, el 23 de noviembre último.

Esta mujer, junto con su hijo, Celso Revelo, fueron los primeros en ser reubicados en un inmueble del municipio local, el 14 de noviembre pasado.

Su vivienda, levantada en minga hace 30 años, fue el primer inmueble del barrio San José de Aloburo en el que aparecieron grietas en el piso y en las paredes. Estas fisuras comenzaron acentuarse hace dos meses y eso generó alarma en los vecinos.

Sin embargo, madre e hijo no quisieron alejarse del sector, por lo que una vecina les facilitó una vivienda que estaba desocupada. Alomoto, de 77 años, contó que con el paso de los días esa casa también tuvo daños estructurales, por lo que dieron aviso a la propietaria.

Por las noticias, Alomoto se enteró de que su vivienda, de paredes de tapial y techo de teja, era una de las 11 casas que se desplomaron luego de que parte de la loma donde estaban asentadas se desprendiera. Ellos han preferido no regresar a la zona del siniestro.

Juana M. Alomoto y su hijo Celso llevaron a la casa de acogida dos gallinas y dos perros. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Este fenómeno originó que la zona, por el alto riesgo, sea declarada en emergencia el 19 de noviembre. También otras 11 familias del sector fueron evacuadas hacia un centro de acogida que se abrió en una antigua escuela o casas de familiares o amigos.

En la última reunión del Comité de Operaciones de Emergencia (COE) cantonal, que se hizo el viernes último, se detalló que otras 10 familias por precaución dejaron sus inmuebles. En total hay 22 familias en la zona.

Este desplazamiento de tierra es investigado por geólogos de las universidades Yachay Tech, Central del Ecuador y de la Prefectura de Imbabura.

En un informe preliminar, el equipo de Yachay, liderado por Yaniel Vásquez, señala que la zona afectada abarca 44 hectáreas, en la que se encuentran casas, carreteras y la zona agrícola. Además, hallaron evidencias de que el reciente deslizamiento no es el único que ha ocurrido en el sector. Con la ayuda de fotografías satelitales anteriores conocieron que otros desplazamientos sucedieron en años pasados.

Según este estudio, el fenómeno va a seguir creciendo hacia la cresta de la loma, pero también a los lados sur y norte de la zona devastada. Por eso se harán nuevas inspecciones a las propiedades de 27 familias más, para determinar si deben ser reubicadas.

Otras nueve familias, en cambio, enfrentan pérdidas de cultivos y terrenos. En un levantamiento que realizaron técnicos del Cabildo y del Ministerio de Agricultura y Ganadería estiman que unos 4 000 árboles de aguacate, mango, mandarina, manzana y otros quedaron destruidos.

Luis Benítez no logró sacar todos los bienes de su casa en la loma de Pimampiro. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Desde la ciudad, se observa en esa loma los 12 000 m² de invernaderos que fueron arrasados, algunos de los plásticos se encuentran esparcidos en el piso. El agricultor Ángel Benítez, de 69 años, cuenta que hace cuatro años invirtió USD
30 000 en la instalación de tres de estas estructuras y en un sistema de riego por goteo.

El afectado dice que por primera ocasión los tomates riñones que estuvo a punto de cosechar salieron robustos. También había sembrado pepinillo. Calcula que no pudo cosechar unos 1 700 cartones de tomate y 800 bultos de pepinillo.

Benítez se lamenta porque su propiedad, de 1,5 hectáreas, está destruida íntegramente. Incluso su casa, con la mayoría de artículos del hogar, está bajo tierra y solo una parte esquinera del techo está a la vista.

Luis Benítez, hermano de Ángel, también tuvo daños en su predio de 7 hectáreas, ubicado junto a la quebrada El Tongal. Desde un terreno vecino, este agricultor de 74 años indica los pocos árboles de aguacate que quedaron en pie.

Gandy Vásquez, director de Desarrollo Económico del Municipio de Pimampiro, dice que en el momento se calcula el perjuicio económico generado por este siniestro.

Según el estudio de Yachay, el fenómeno se produjo por varias causas, entre ellas una sismicidad elevada y un inadecuado uso del suelo y técnicas agrícolas. También señalan a la humedad excesiva ocasionada por lluvias y por sistemas de irrigación y hasta la presencia de suelos arcillosos.

Juana María Alomoto se lamenta porque una dolencia en su mano derecha ya no le permite trabajar. Ella labo­raba como jornalera en parcelas para la siembra o la c­osecha. Ahora espera no quedar desamparada.

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