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Los damnificados solicitan agua y alimentos

Los escombros de las viviendas en ciudades como Chamanga, Muisne, Esmeraldas son lo único que quedaron luego del terremoto del pasado sábado 16 de abril del 2016. Foto: Andrés Jaramillo V. para EL COMERCIO

Los escombros de las viviendas en ciudades como Chamanga, Muisne, Esmeraldas son lo único que quedaron luego del terremoto del pasado sábado 16 de abril del 2016. Foto: Andrés Jaramillo V. para EL COMERCIO

El sismo de 7,8 grados afectó el 50% de las viviendas de Muisne. Foto: María Victoria Espinosa/ EL COMERCIO

Los habitantes de las zonas más destruidas por el terremoto de 7,8 grados en la escala Richter, que se produjo el sábado pasado, piden desesperadamente agua y alimentos. La ayuda que han recibido aún es insuficiente y no tienen cómo abastecerse.

Esta crítica situación se vive en Pedernales -la mayor zona destruida-, Jama, El Matal, Canoa, Pedernales, Portoviejo, Manta y otros pueblos pequeños del valle de Charapotó en la provincia de Manabí. Lo mismo se vive en los poblados de Muisne, en el sur de Esmeraldas, la zona que tiene los mayores daños causados por el sismo. Por ejemplo, están Chamanga y otros pequeños poblados.

En Portoviejo, con el restablecimiento del servicio de energía eléctrica, en parte de la ciudad ha mejorado la señal de telefonía móvil e Internet. También, el abastecimiento de agua. Sin embargo, la situación es crítica en Tarqui, donde las tareas de rescate son prioridad y por la gravedad de los daños es imposible restablecer estos servicios. En Jama y El Matal todavía no hay electricidad, ni agua potable ni servicio de telefonía fija y móvil.

Ayer, en Jama, se instaló una antena, pero solo sirven los teléfonos celulares de CNT. Los caminos en El Matal ya fueron abiertos con una retroexcavadora.