9 de May de 2010 00:00

Una coreografía de veleros en el río Guayas

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Redacción Guayaquil

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El agua del río Guayas parecía una extensa alfombra café decorada con pequeñas ondas movidas por el viento. El calor invitaba a sumergirse a quienes, en el Malecón 2000 y en distintas embarcaciones, esperaban a siete de los 11 veleros que, desde el 7 de enero pasado, surcan los mares (cuatro estaban en mantenimiento). Estos buques se encuentran anclados desde el jueves en Guayaquil, quinta parada de la regata Bicentenario Velas de Sudamérica 2010. Las armadas de Chile y Argentina organizan la jornada.La orilla empezó a llenarse a las 10:00 del viernes pasado para observar el espectáculo marino. Era la primera vez que siete buques internacionales se juntaban en el río Guayas, que ha reducido su navegabilidad pero no su atractivo. Quienes caminaban por el malecón esperaron el desfile, con la isla Santay de fondo.

Cuando el sol alcanzó su verticalidad exacta, las velas aparecieron escabulléndose entre el verde del manglar de los ramales del río. En la fragata Presidente Eloy Alfaro, el teniente Cosme Ordóñez, jefe de guardia, alertó al resto de la tripulación de que los veleros se aproximaban. Los cañones se cargaron con municiones de salva para recibir con 21 detonaciones al Buque Escuela Guayas.

El primer disparo de cañón del buque de la Armada Ecuatoriana abrió el desfile. Colgados de los mástiles, los estudiantes de la Escuela de Grumetes Navales parecían agotados por los cinco meses de navegación, pero también contentos por el retorno a casa.

Este barco ha pasado por 67 puertos internacionales desde su construcción en 1977 en los astilleros de Celaya, Bilbao (España). Lo escoltaron decenas de yates y otras embarcaciones menores.

Desde ayer, como es su costumbre cuando se encuentra anclado, abrió las puertas para que el público paseara por sus 78,40 metros de largo y mirara de cerca 11 velas tipo cuchillos y 10 cuadradas. Igual ocurre con los otros barcos visitantes que reciben turistas que quieren conocer su historia de sus secretos en los mares.

Las miradas de los guayaquileños estaban fijadas en su buque cuando el velero holandés Europa hizo sonar su estruendoso pito para anunciar su ingreso a puerto. Sus 62 tripulantes, civiles sin ninguna relación con la milicia, armados con cámaras de fotos y video, registraron su paso por el malecón. Este buque es una pequeña colonia del mundo. Entre su tripulación hay españoles, italianos, canadienses y holandeses. Es el más pequeño, 56 metros de largo, con un casco de acero que atrae a los visitantes.

El Cisne Branco, incorporado a la Armada de Brasil en el 2000, siguió la misma ruta. Su nombre significa feliz travesía y buena suerte, según la simbología Heráldica. En noviembre de 1998 tuvo una colisión que le impidió navegar hasta agosto de 1999.

Sus 60 tripulantes observaban el desfile cuando el Cuauhtémoc de México llegó con música ranchera. Este ritmo reemplazó a las trompetas y los tambores de las bandas tradicionales. La música contagió a los portugueses a bordo del buque Sagres.

El buque Gloria de Colombia fue el más colorido. En los mástiles, su tripulación, vestida con camisetas amarillas, azules y rojas, formó la bandera de su país. Parecía una coreografía acuática.

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