27 de August de 2012 15:51

El caracol se vuelve balanceado, a través de una iniciativa en Quinindé

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Los estudiantes acuciosos buscan entre los arbustos y árboles los caracoles africanos que invaden las plantaciones del Instituto Agropecuario de Quinindé.Algunas hojas de las plantas de papaya aparecen incompletas.

Es porque los caracoles se las comen en la noche y, en la mañana, se esconden en lugares oscuros.

Por ello, tres catedráticos de este centro de estudios decidieron buscar alternativas para combatirlos. Desde hace un año investigan cómo hacer del caracol un alimento para otros animales.

Según William Mantilla, catedrático e investigador, la iniciativa surgió al comparar la harina de concha, que usan en Manabí para hacer balanceado, y la de pescado, que se elabora en Esmeraldas.

Las primeras investigaciones arrojaron que el molusco es rico en proteína, calcio y fósforo. Entonces se planteó un proyecto para convertirlo en harina, para el balanceado de animales.

Pero uno de los inconvenientes que encontraron fue que estos moluscos tienen bacterias, que podían afectar al animal que lo consumiera sin tratamiento.

Por eso, tras varios estudios, descubrieron que si los caracoles son sometidos a altas temperaturas (entre 80 y 100 grados), los problemas parasitarios desaparecen.
El proyecto aún está en la fase de investigación. Son necesarios estudios bromatológicos, que determinan el valor alimenticio y calórico de la harina. También sus propiedades físicas, químicas, toxicológicas y contaminantes.

Sin embargo, según Mantilla, hay buenas proyecciones. De esta forma se podría mitigar la plaga de los caracoles en el país sin utilizar químicos tóxicos para las plantaciones y el ambiente.

“Si un jornalero recoge todos los días los caracoles disminuirá el daño en la plantación y, además, pueden vender el molusco para hacer la harina. Con ello ahorrarían el dinero de los químicos y el de la compra de alimento”.

En Ecuador, desde el 2011, entre 100 000 y 120 000 hectáreas de arroz han sido perjudicadas por el caracol manzana, según el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap). En Quinindé (Esmeraldas), de las 100 000 hectáreas de plantaciones agrícolas, el 30% se ha dañado con el caracol.

Según el catedrático Jacinto García, los moluscos llegaron al cantón hace 18 años. Se los vendía como cremas para la piel, pero el negocio no funcionó.

Los caracoles, muchos de ellos traídos de África, fueron liberados y empezaron a reproducirse.

Cada tres meses entre 2 000 y 3 000 huevos eclosionan. “La solución no es matarlos porque sus desechos pueden traer otras enfermedades para los animales y plantaciones ”, aseguró García.

Arturo Rivera, director del Magap en Quinindé, indicó que se está contrarrestando la plaga con trampas en los cultivos.

Se enseña a los agricultores a colocar en una tina sal en grano, melaza y pedazos de banano o piña. Los caracoles van a esa trampa por el dulce. Al probar la sal su energía disminuye y se puede matarlos y enterrar los restos.

Sobre el proyecto de balanceado del Instituto Agropecuario, Rivera señaló que no tiene conocimiento, pero que en los próximos días tendrá una reunión con los catedráticos para informarse.

Para Mantilla, sin la ayuda del Gobierno o de entidades privadas es difícil que siga el proyecto por los costos altos. “Estamos elaborando rudimentariamente el balanceado y los estudios, pero se necesitan equipos especializados para producir mayor escala”.

Producción de harina


Se debe recolectar los caracoles, tipo manzana o africano, en los sembríos. Se los aplasta para que el líquido salga y se los secar al sol. Después van al horno a una temperatura de 98°C.


Por último se lleva a un molino y volverlo harina para balanceado con otros ingredientes.

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