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Las bóvedas del Iniap, a punto de saturarse 40 años después

César Tapia es uno de los principales científicos del banco de germoplasma del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap). Foto: Diego Ortiz / EL COMERCIO

A 20 minutos de Quito existe uno de los lugares más valiosos para la agricultura del Ecuador. Se trata de la Estación Experimental Santa Catalina, administrada por el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap). Aquí funciona el mayor banco de germoplasma de semillas de todo el país, un espacio donde se resguarda celosamente  la agrobiodiversidad de la nación.

En este sitio están algunas de las principales semillas recolectadas en las pequeñas parcelas familiares del Ecuador. Especies tan únicas como la jícama, la mashua o la quinua, plantas nativas de los Andes y que han ido perdiendo su diversidad genética debido al avance de los monocultivos y las preferencias alimentarias por cereales como el trigo o el arroz.

Apesar de su relevancia, las cámaras frías de este banco se encuentran cerca de un momento crítico. César Tapia, coordinador científico de Recursos Fitogenéticos del Iniap, explica que en un año aproximadamente llegarán a su capacidad máxima, lo cual podría poner en riesgo la operatividad del sitio para resguardar la agrobiodiversidad del Ecuador.

Para destacar su importancia, Tapia expone el caso del Banco Mundial de Semillas de Svalbard (Noruega). Este es conocido como el repositorio del fin del mundo para el patrimonio alimentario ya que guarda varias de las semillas únicas cultivadas en el planeta.

En el caso de Santa Catalina, allí están algunas de las especies que han logrado sobrevivir a los procesos de cambio de uso de suelo y expansión de la frontera agrícola. Las primeras muestras se empezaron a recolectar en la década de 1980. Otras, en cambio, han sido mejoradas genéticamente para ayudar a las comunidades donde estas plantas han tenido problemas para su crecimiento.

La conservación de las especies es solo una arista del trabajo científico de este lugar. A 2020, 747 026 hectáreas de cultivos del país estaban dentro de su zona de influencia. Amaranto, arveja, cebada, chocho, fréjol, haba, papa y quinua son algunas de las especies con las que trabajan en conservación y mejoramiento a fin de entregar material como semillas a los agricultores.