16 de July de 2012 16:27

El artesano se ingenia para competir contra los precios de la materia prima

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Con el pase del Niño Jesús (recorridos que se desarrollan entre noviembre y enero), las tiendas que elaboran los trajes para esas imágenes tienen más demanda.

Esa tradición determina que los trajes del Niño Jesús se elaboren en terciopelo y con bordados como flores en canutillo, perlas y chaquiras (pedrería).

Sin embargo, el precio de esta tela sube en forma constante desde el 2009. “Cada año sube cerca de 3 dólares por cada metro cuadrado”, señala Carmen Cuji, quien elabora prendas para figuras religiosas desde 1990.

Hace tres años se dio una restricción a los productos importados y “allí sí era entendible el aumento de precio”, recuerda Cuji. Pero cada ocasión adquiere ese material tiene un nuevo costo.

Esta cuencana suele cuestionar las constantes alzas a los propietarios de los almacenes que frecuenta. Ellos le responden, relata Cuji, con varias justificaciones como la inestabilidad de los precios, aumento del salario mínimo, restricción a las importaciones, la inflación…

En la última resolución del Comité de Comercio Exterior (Comex) no hay textiles en la lista. No obstante, en el mercado hay un desconocimiento sobre el tema. Raúl Higuera distribuye telas en el centro de Cuenca. Según él, productos como el terciopelo escasean y cuesta más.

Según Higuera, se ve obligado a subir el precio a sus clientes, porque a él le venden más caro sus proveedores de Guayaquil y Manta. Eso no le ocurre a Lucía Alvarado, dueña de almacenes Monte Carlo, que comercializa más de 2 000 clases de telas, en el centro de Cuenca

Ella no ha sentido el incremento en el precio de los textiles, aunque también hace los pedidos a locales de Guayaquil.

La tradición de las figuras religiosas no entiende sobre la oferta y demanda y por eso Cuji debe ingeniarse la forma de seguir en el negocio. Con esa motivación, desde el año pasado –cuando identificó que el m² de terciopelo podía costar hasta USD 20- buscó otras alternativas para confeccionar la ropa de las imágenes religiosas.

Una de las opciones es el podesua (una suerte de tela brillante y suave) que bordea los USD 6 el m². Algo similar ocurre con Anita Quizhpe, quien elabora trajes para santos. Lo hace en su casa en el centro de Cuenca.

Cambió el terciopelo por satín (similar al podesua) y ha disminuido de USD 100 a 80 el precio de los vestidos de las imágenes religiosas para tener más clientes. Pero no solo la confección de trajes para figuras religiosas tiene inconvenientes con el alza constante de precios.

Víctor Jimbo, propietario de Cuero & Cuero, taller que elabora chaquetas y accesorios artesanales, señala que cada noviembre suben los precios de los hilos y de los cierres, traídos desde Colombia.

La razón, dice Jimbo, es que en esa fecha, por la demanda de los pedidos, escasea la materia prima y lo que hay se encarece. “Los artesanos no podemos subir el precio final del producto porque perdemos clientes. Debemos asumir la pérdida en caso de adquirir materiales más costosos”.

La estrategia que aplica este cuencano para sortear el aumento de los costos es explorar nuevos proveedores en Quito, Ambato y en otras ciudades.

En algunas ocasiones, Jimbo consigue cierres e hilos que vienen desde Brasil y Corea del Sur a menor costo, pero no es una oferta constante. “El recurso de los artesanos es la creatividad para continuar en el mercado sin aumentar los precios de los productos”, asegura Cuji.

Los limitantes

La especulación es una operación comercial que tiene por objetivo la obtención de un beneficio económico. Por ejemplo, un producto con alta demanda es escondido para aumentar el precio, por la escasez.

Los precios de los productos artesanales van desde USD 1 hasta 100, según el producto.

La solución es incentivar la producción nacional para que haya más oferta de materia prima para los artesanos.

Ivonne Pérez / artesana

‘Es importante apoyar a la industria nacional’

La artesanía rescata la herencia cultural de un pueblo. Es obvio que, como cualquier negocio, lo importante es obtener ganancias, pero no es lo que define a esta labor, donde la motivación es la pasión.

Es clave que quienes nos desenvolvemos en este oficio busquemos alternativas para obtener mejores precios, sin desmejorar la calidad del producto.

En mi caso, que importo desde EE.UU. pigmentos de colores para teñir el vidrio fundido, busco cómo producir esos colorantes en el país. El objetivo es incentivar la industria nacional y que los artesanos tengamos mejores productos sin las limitantes actuales.

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