9 de agosto de 2020 00:00

En el ECU-911 se palpa la angustia por el covid-19; abril fue el pico más alto de llamadas

Desde la izquierda: los operadores Maximiliano Pazmiño, Mireya Paredes, Francis Masabanda y Samantha Guano

Desde la izquierda: los operadores Maximiliano Pazmiño, Mireya Paredes, Francis Masabanda y Samantha Guano. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

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Ana Belén Rosero

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El turno de Samantha Guano apenas comenzaba. A las 06:00 recibió la llamada de un hombre que pedía desesperadamente ayuda para su hijo.
Dijo que no podía respirar y que tenía fiebre de 39 grados. Quería que el ECU-911 lo ayudara con una ambulancia para llevarlo de urgencia al hospital, pues aseguró que tiene covid.

Era 7 de julio. Guano recordó que receptaba todos los datos para ayudarlo, pero que en un momento el padre le dijo que el chico dejó de respirar, que no tenía signos vitales y que murió. “En ese momento, en el teléfono solo se escuchaban llantos y gritos en la casa”.

Guano lleva tres años en este centro de emergencia y ha escuchado relatos dramáticos. El 15 de junio, un hombre pidió una ambulancia para Las Casas, un barrio del norte quiteño.

Aseguró que su esposa, una doctora del Hospital Carlos Andrade Marín, tenía dificultades para respirar, que el ritmo cardíaco estaba acelerado y que dos días antes había dado positivo para el virus. “Me impactó esa llamada, porque también se escuchaba a la paciente pedir ayuda”.

El pico más alto de estas comunicaciones se registró en abril. Desde entonces, poco a poco se ha reducido.

El miércoles se conoció el caso de un hombre, de 55 años, que llamó desde Machachi, Pichincha. Nancy Yépez atendió la emergencia. “Hablaba con dificultad y respiraba agitadamente. Se demoró en pronunciar cada palabra y lloraba”.

Pidió un médico para la casa, porque su familia no lo atendía por miedo al contagio.

Mireya Paredes, otra operadora, recordó que el pasado 20 de julio, una mujer se comunicó desde Atucucho, un barrio del norte de Quito. Ella le aseguró que 15 días antes le diagnosticaron covid, que tenía dolor de cabeza, fiebre, dificultad respiratoria, tos y malestar estomacal.

Indicó que luego su esposo y tres hijos comenzaron a presentar los mismos síntomas. La mujer pidió un médico para que realizara pruebas a toda la familia. Estaba angustiada.

A diario, los operadores también reciben alertas sobre personas que fallecieron en sus hogares o en las calles a causa del virus o por sospecha de la enfermedad. A las 03:00 del 10 de julio, Sebastián Buitrón receptó la llamada de una joven.

Alertó que su padre, de 60 años, acababa de fallecer por covid-19. “No paraba de llorar mientras contaba que hace tres días también había muerto su hermano a causa del virus”.

Le contó que hace cinco días su madre presentaba tos, fiebre y dolor de cuerpo. Lo primero que se hizo fue coordinar el levantamiento del cadáver.

Ese mismo día, a las 07:00, Guano recibió otra llamada desde el Centro Histórico de Quito. Un hombre, de 76 años, falleció con covid-19 en su casa. Su hija reportó el hecho. Le contó que cinco días antes comenzó a toser y tenía fiebre.

Los casos son frecuentes. El 14 de julio, Francis Masabanda conoció el caso de un hombre que se desplomó en La Florida. “La esposa gritaba y despachamos una ambulancia. Cinco minutos después de la primera comunicación, la mujer nos avisó que ya falleció”.

Un caso similar ocurrió una semana después. Maximiliano Pazmiño supervisor del área de videovigilancia, conoció el caso de un hombre que murió en su auto cuando intentaba ir al hospital.

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