3 de octubre de 2018 00:00

El drama de profesores de viajar hasta 90 minutos para dictar clases

La maestra Doris Davis vive en Selva Alegre (Rumiñahui), pero trabaja en San Carlos. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

La maestra Doris Davis vive en Selva Alegre (Rumiñahui), pero trabaja en San Carlos. Foto: Víctor Muñoz / EL COMERCIO

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Valeria Heredia

Está acostumbrada al trajín desde antes de que aparezcan los primeros rayos del sol. La profesora Doris Davis, de 54 años, se levanta a las 04:00 y se prepara para ir a su lugar de trabajo, ubicado a casi una hora y media de su casa. Esta rutina podría cambiar si su pedido de acogerse a la sectorización docente es probado.

El primer proceso de este tipo, promovido por el Ministerio de Educación, empezó en enero del 2016 y se extendió hasta mayo del 2017.

El objetivo es brindar a los profesores la oportunidad de trasladarse a un plantel cercano a su lugar de residencia. En total fueron reubicados
7 140 profesionales. La mayoría de ellos se concentra en Manabí y Santo Domingo de los Tsáchilas, que pertenecen a la zona educativa 4.

Luego de un año y cuatro meses de ese primer proceso,una nueva oportunidad se abrió. El mes pasado, los interesados que trabajan en planteles del régimen Costa se inscribieron en el portal de la Cartera de Educación. Hasta ahora se han registrado 4 616 maestros.

Desde este mes, los docentes de Sierra y Amazonía también podrán pedir los traslados. Esta vez la opción se mantendrá, sin fecha de finalización.

Doris vive en Selva Alegre, cantón Rumiñahui, y trabaja en San Carlos, en el norte de Quito. Ella destina casi tres de las 24 horas del día en trasladarse de un lugar a otro. Para llegar a su escuela debe recorrer unos 35 kilómetros, toma dos buses y un taxi y gasta USD 2 diarios en pasajes al día.

El cansancio que le produce un viaje tan largo para llegar al plantel, y la necesidad de pasar más tiempo con su nieta Cataleya, de un año y medio, la impulsaron a inscribirse en el proceso de reubicación. Ella cumple con los requisitos.

Entre ellos están contar con un nombramiento definitivo y haber permanecido dos años en el mismo establecimiento educativo. Este último requisito lo cumple ampliamente, ya que lleva 31 años de servicio y 23 en el mismo plantel.

Adicionalmente, un docente candidato a la reubicación no debe estar involucrado en investigaciones o sumarios administrativos, procesos judiciales o gozar de comisión de servicio. También debe cumplir con un mínimo de 30 horas pedagógicas o 10 administrativas a la semana.

El caso de la maestra de primaria Dora Davis no es la excepción, pero tampoco es algo que le ocurre a la mayoría. De 159 592 docentes, 94 445 habitan a una distancia de menos de 10 kilómetros del plantel en donde trabajan. Es decir, su movilización puede tomar unos 20 minutos. Esa es la rutina del 59% de profesores. Pero, 128 viajan largas distancias: más de 500 kilómetros.

Esto se determinó en un estudio sobre la distancia que recorren los maestros desde su lugar de residencia hasta el de trabajo. Lo elaboró la Dirección de Nacional de Planificación del Ministerio, en el 2016.

César Oña cumplió dos años y medio en el magisterio fiscal. Él habita en el sector de Solanda, en el sur de la urbe, y trabaja en Lumbisí, en la parroquia rural de Cumbayá.

Su trayecto comienza a las 05:15, cuando sale de su casa. Lo hace en taxi hasta la parada de buses. Allí toma una unidad que recorre la avenida Simón Bolívar. Generalmente se demora una hora y 15 minutos, pero “cuando hay accidentes es un drama”, porque aumenta la congestión vehicular.

Pese a ello reconoce que no se complica por el trayecto que debe recorrer. “El docente es como un soldado dispuesto a trabajar donde sea”.

Esa visión no la comparte Mónica, profesora que prefirió mantener la reserva de su apellido. Ella entregó sus documentos para el proceso de reubicación a un plantel cercano a su vivienda en Conocoto, en el valle de Los Chillos.

Actualmente trabaja en una escuela de Pomasqui, en el norte de Quito. Sin embargo, se queja de que en la Subsecretaría de Educación no se ha tomado en cuenta su pedido. Ella quiere ser reubicada por la enfermedad de su padre de 80 años. Aún espera resultados.

Uno de los inconvenientes que se presentó en el 2016 fue una limitada oferta de instituciones, aseguran los docentes. En ese año, los maestros tuvieron la posibilidad de aceptar o rechazar los planteles asignados por el sistema. Es decir, si no les convenía el cambio podían desistir de la reubicación, según el Ministerio.

Con esa experiencia, el planteamiento en este año es que si un docente apuesta por una institución, en donde la planta de profesionales está completa, podrá acceder a otras alternativas. ¿A qué distancia? Ubicadas hasta a 10 kilómetros de la zona de su domicilio.

En la Asamblea se discutirá este tema en el marco de la reforma a la Ley Orgánica de Educación Intercultural. La idea es que un maestro solicite el cambio antes que concluya el concurso de oposición y méritos, para que tenga la opción de ganar esa plaza, adelantó el legislador de Revolución Alfarista, Augusto Espinosa.

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