20 de September de 2009 00:00

El drama de no tener seguro médico

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Olga Imbaquingo Revelo. Corresponsal en Nueva York

Es a la voz del Carnaval,  responde Walter Sinche cuando escucha la pregunta, ¿cómo es la vida de los ecuatorianos sin seguro médico en Estados Unidos?

El debate sobre la reforma de salud está candente en este país. Mientras tanto,  los inmigrantes no solo  se sienten marginados sino humillados por  convertirse en la fuente de conflictos. Es que este momento, la propuesta expresamente los margina.

Los  problemas 
EE.UU. gasta  USD 8 000 en salud por persona. Cada año esto  aumenta  9%. La  reforma  busca  reducir ese costo. 
El problema de la  falta  de cobertura  no solo afecta a los indocumentados.  Para los legales,  depende de cuánto puedan  pagar por  un seguro.

“Si nos enfermamos nos aguantamos” dice Sinche, quien tiene estatus legal en este país. Pero no tiene seguro médico,  porque la compañía donde trabajaba no lo aseguró. Tampoco puede aplicar al plan de Medicaid, ya que ganaba algo más de 12 000 anuales, cifra que marca la frontera entre los muy pobres y no tan pobres.

Sinche, un  electricista en el área de la construcción,  ahora está sin trabajo. Su pareja,  la  alemana Bárbara Hildebrandt,  tampoco tiene seguro médico desde que la empresa para la que trabajaba en mercadeo  la despidió.

“No entiendo por qué EE.UU. no tiene un seguro universal como en Alemania. Cuánto sufrimiento nos ahorrarían”, dice.

Pagar un seguro por su propia cuenta  costaría a un inmigrante un promedio de USD 350 a 400 mensuales. Cuando el dolor los aniquila,  recurren a los servicios médicos clandestinos.

A María Lorena se le infectó una muela. Su vecino le advirtió: “Si vas adonde un dentista regular te costará  USD 300”. Ella optó por ir adonde una solicitada y encubierta odontóloga ecuatoriana que atiende en  Queens, en Nueva York. Por USD 60  salió con la muela curada y con la recomendación de que si le duele  tome Tylenol y agua de manzanilla para bajar la inflamación. Esta odontóloga no puede prescribir remedios porque no tiene licencia.

El miedo de ir a un hospital  es por el alto costo y por el temor a que les pidan papeles. Eso  ha  hecho que muchos  inmigrantes que residen en Nueva York tengan un surtido botiquín de medicinas enviadas desde  el Ecuador, una canasta de hierbas compradas en la tienda local Los Paisanos y libros de medicina casera.

Pero si el dolor arrecia buscan alternativas a kilómetros de distancia. “Nos enfermamos aquí,  pero nos recetan en Ecuador”, refiere  Fanny Guadalupe. Ella trabaja como taxista y en joyería.

Ella conoce a connacionales  que llaman al Ecuador para que la mamá o el hermano consulten al doctor del barrio . “¿A qué se deberá esta hinchazón del estómago que tengo clavada en el lado derecho?”. El galeno desde Cuenca prescribe las medicinas.

“Es una vida limitante y de miedo. Lo que hacen es cuidarse con remedios caseros y no faltar al trabajo por temor de perderlo. Pero si por el dolor se ven obligados a ir un hospital, se asustan del idioma y del costo”,  refiere  Verónica Piedra, coordinadora de juventudes del Ecuadorian International Center, que actúa como el sitio de referencia  para el hospital neoyorquino Elmhurst.

No obstante,  si ya no pueden más del dolor, acuden a algún  hospital. Allí,  la primera pregunta que hacen no es ¿Qué le duele?  sino ¿Tiene seguro médico?

Si usted dice que no, la casa de salud buscará, a como dé lugar,  que si va a pasar una noche en emergencias, garantice el  pago   de USD 7 000. Si  se trata de una operación  de apéndice  el precio subirá a más de USD 40 000. 

Testimonio

Manuel Muñoz /  Heladero

Trabajé varios años de cerrajero  para una empresa   italiana. Al principio,  ellos eran buenos,  pero nunca me dieron un seguro médico. Durante el trabajo,  me entraron pedazos de metal en el ojo y casi lo pierdo.  Después,  por tratar de sostener una varilla grande de metal para que no caiga al piso, me dañé el brazo. Ahora no lo puedo mover con libertad.  Por último, cuando  podaba  un árbol, en la misma empresa, pisé mal y me caí. No sé qué tengo en el pie derecho, pues cojeo al caminar.

 Cuando los italianos  vieron que me podía convertir en un problema por la falta de seguro médico, me despidieron. Posteriormente, les seguí un juicio y hace pocos días me enteré que lo perdí, porque dizque no existen  suficientes pruebas.  Hay días en que el pie, el ojo y el brazo duelen mucho y la única medicina que tengo es un Tylenol. Pero ya ni eso me alivia.

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