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El domicilio del mueble tejido

Redacción Construir

Las calles que rodean al mercado de Santa Clara, en el norte de Quito, no siempre estuvieron llenas de almacenes artesanales. El sector inició su crecimiento hace más de 30 años, cuando llegaron los primeros vendedores de objetos de barro, procedentes de Pujilí.

Iván Vilcacundo, de Decorpino, cuenta que su papá, Ángel, y su tío Luis fueron los  que comenzaron la historia en el mercado de Santa Clara. “En la esquina de la Marchena y Ulloa, además de las vasijas, ellos comercializaban muebles de mocora (una paja tejida en Montecristi, muy similar al mimbre).
   
Después, los artesanos empezaron a tejer el mimbre, que se trae de Quinindé, para fabricar muebles de sala, comedor y dormitorio. Sin embargo, también se trabaja en bambú, palo de vaca, laurel y fibra sintética.

Los vendedores de Santa Clara atribuyen la acogida de sus productos a la calidad con la que están elaborados. Destacan que los acabados son redondeados, porque trabajan bajo torno, que resulta más complicado y lento, pero le da un acabado más fino.

Además, elaboran todo tipo de mobiliario bajo pedido. “Los clientes nos traen sus modelos y en menos de una semana están listos para la entrega”.

En la actualidad estos muebles se venden más. Manuel Ríos, otro vendedor,  atribuye este hecho al cómodo precio y a la variedad de productos que se ofrecen: “Desde una lámpara hasta una cama de dos plazas”.

Y aunque Vilcacundo piensa que por los costos de su elaboración los muebles de mimbre ahora son para los ricos, Ángela Martínez prefiere comprar un juego de comedor hecho con esta fibra en Santa Clara que tiene un precio de USD 600. “Este mismo conjunto de muebles, en un almacén de Cumbayá cuesta el doble y solo porque tiene la marca de ese establecimiento”.

Algunas de estas mueblerías prestan facilidades de pago mediante tarjetas de crédito, con planes de hasta un año sin intereses. Pero si el pago es en efectivo se realiza un buen descuento.

Galo Ortiz, de Decormimbre, dice que el  sábado es el día clave. “En esta época de matrículas, las ventas bajan pero los clientes sí siguen viniendo. Aunque la gente busca, en su mayoría, los juegos de sala, el resto de muebles también tiene acogida”.
  
Los moisés (mecedores para niños), los sillones redondos, ovalados o tradicionales, las estanterías, las lámparas de fibras naturales; los muebles de madera con diversos estilos y formas; las vasijas de barro y los objetos artesanales le dan vida a las calles colindantes con la plaza.

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