22 de September de 2009 00:00

La disputa por el poder fue vista desde la locura

valore
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

LEA TAMBIÉN

LEA TAMBIÉN

Redacción Cultura

En la representación, tres hombres  y tres monigotes viven el encierro en un manicomio. La obra es ‘Futuros difuntos’ y la interpreta el grupo español La Zaranda.



Actividades FITE Q/G
En Guayaquil,   en el Teatro Centro de Arte, a las 20:00 de hoy, se presenta la agrupación cubana Teatro Buendía.
En Quito,   también con Buendía, se inaugura    la programación continua del Festival Internacional de Teatro Experimental,   el viernes, en la Facultad  de Artes de la Universidad  Central.
El sábado,  en el C.Cultural   B. Carrión,  habrá el  Encuentro de directores de Festivales.La acción arranca cuando se da por muerto a quien rige la vida de los internos. Dentro de los muros se erige un universo metafórico que  repite, en la locura, los conflictos de los cuerdos.
 
Un universo que se manifiesta en las relaciones de poder y dominación de los mismos locos, quienes liberados de la autoridad quedan a merced de sus disputas por convertirse en el nuevo regente.  Entonces,  la formación de bandos, la guerra, la muerte...

El encierro marca  la relación con el espacio, más aún cuando el nexo con el afuera es una bocina que permanece muda. El manicomio es el territorio en disputa y son dos  internos los que batallan (como emperadores o bufones). El tercero se mantiene neutro, obediente solo a la satisfacción de su hambre. Los monigotes son  el rebaño silencioso, la carne de cañón.  Al final, la muerte recoge a todos.

En esa situación, el espectador entra  a escena mediante un espejo colocado sobre tablas. Allí , después de ciertos momentos de humor se reflejan  risas, las cuales  terminan convirtiéndose en muecas frente a la crudeza retratada en  ‘Futuros difuntos’.

La propuesta de La Zaranda maneja un lenguaje rico en recursos. Se distingue una iluminación que permite el juego de  claroscuros, de contrastes entre la vestimenta blanca y el escenario negro. La  estética  recuerda a los cuadros de Goya, tanto en la creación de imágenes como en el gesto que responde a la locura, dado al esperpento, a la deformación.
 
En ese cuadro ingresan camillas y  sillas de ruedas, objetos que mezclan el chirrido y el golpe metálico, con melodías sacras (Crucifixus, de Mozart, una de ellas). El misticismo de la música se vincula con la  consagración del nuevo elegido. 
    
En el montaje, el oficio de actor se evidencia por la  precisión  en el marcaje de las acciones y en el funcionamiento del decorado (en el  desplazamiento   de la sillas o en el manejo de las poleas).

Acciones que, como parte de una realidad lúcida, desdibujan la locura  imperante en escena.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)