29 de septiembre de 2019 15:09

Dispositivos para corazón cuestan hasta USD 50 000

A Manuel Oviedo le colocaron un ‘stent’ para destapar sus arterias. Actualmente se dedica al ciclismo. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

A Manuel Oviedo le colocaron un ‘stent’ para destapar sus arterias. Actualmente se dedica al ciclismo. Foto: Patricio Terán/ EL COMERCIO

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Valeria Heredia
y Elena Paucar
Redactoras (I)

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Antes de entrenar, Manuel Oviedo revisa su bicicleta, se coloca el traje, con su apellido impreso en la espalda, y lleva el pulsómetro que mide su frecuencia cardíaca. Esta no debe superar los 160 latidos por minuto, ya que dos años atrás le colocaron un ‘stent’ por un infarto severo al corazón.

Manuel, de 83 kilos y talla media, mantenía una vida “desordenada”. No practicaba deporte, comía grasas, bebía gaseosas y fumaba una caja de tabacos al día. Su esposa, Rosario Lema ‘Charito’, cuenta que el consumo de estos productos era exagerado. “Se desesperaba por fumar”.

Esa forma de vida acabó con su corazón. Un 19 de febrero sintió un dolor fuerte en la boca del estómago y le dio un infarto agudo al miocardio. Buscó ayuda y llegó al Hospital Eugenio Espejo (HEE), en donde le hicieron una intervención quirúrgica no invasiva, es decir, le colocaron un ‘stent’.

Este dispositivo, con un catéter, se sitúa en las arterias que están selladas por el exceso de colesterol. El taponamiento se da por causas como la obesidad, el sobrepeso y el tabaquismo, explica Juan Carlos Gaibor, cardiólogo y líder de angiografía del HEE.

En esta casa de salud se colocan 192 ‘stent’ al año, en pacientes por emergencias como la de Manuel. Pero también operan a quienes no corren peligro. Este grupo es más numeroso; llega a 500 anuales.

En total hay más de 50 procedimientos para personas con insuficiencia aórtica y mitral, bloqueos auriculoventriculares, endocarditis y más. Para ello se realizan cirugías, entre otras, reemplazo de válvulas, revascularizaciones en el miocardio y valvuloplastias.

Imagen video reacción del corazón. Foto: Captura

Además, se coloca o se reemplaza marcapasos transcutáneos o epicardicos y desfibriladores. Estos últimos sirven para tratar arritmias o latidos anormales del corazón.

El costo de estos dispositivos oscila entre los USD 1 700 y los 50 000.
Depende del procedimiento y de la tecnología del equipo, explican los cardiólogos Luis Guerrero, especialista en trasplantes del Hospital General Quito Sur, del IESS; y Freddy Pow Chon Long, coordinador del área de Insuficiencia Cardiaca del Hospital Luis Vernaza, en Guayaquil.

Para que el dispositivo funcione correctamente, la persona debe tener ciertos cuidados. Manuel dejó sus “malos hábitos y vicios”. Ya no fuma y se alejó de la comida con grasa, azúcar y sal. El hombre, de 59 años, mira a ‘Charito’ y a su pequeña nieta de 9, con quienes vive en el norte de Quito. “Por mi familia cambié mi vida”.

En Ecuador, las patologías cardíacas son la primera causa de muerte. El año anterior se registraron 7 862 fallecidos por este motivo; 366 más que el 2017, cuando hubo 7 496, según datos del INEC.

Mariana Mancheno cumplió 74 años y hace dos meses tuvo una cirugía de corazón abierto, en la que los especialistas cambiaron y reemplazaron dos válvulas del corazón. También le implantaron un ‘stent’, ya que años atrás sufrió un infarto y un accidente cerebrovascular.

“Le dije al médico que ni loca me operaba”, relata. Mariana reconoce que sentía miedo, ya que los médicos le advirtieron de la gravedad de una operación. “El riesgo era del 50%”.

Ella aceptó y su vida cambió. Ahora ya no padece de ahogos, cansancio y falta de respiración. “Realizo mi vida con normalidad”, anota, en una de las salas del Hospital Carlos Andrade Marín (HCAM), del Seguro Social. Allí se atiende.

En esta casa de salud se han realizado 46 373 procedimientos invasivos como el recambio de válvula aórtica y mitral y 16 812 no invasivos como la implantación del ‘stent’, en el presente año.

En total, 55 786 personas han sido atendidas en consulta externa y casi 36 000 están hospitalizadas o ingresaron por emergencias, según Juan Páez, cardiólogo y gerente general del HCAM. Además, han hecho otros procedimientos como el ‘tavi’ (trans aortic valvular), balones y rotablator.

“Me dolía el corazón y me agotaba. Ahora, con esta cirugía me dijeron que tengo para 10 años y más”, cuenta aliviado Lorenzo Villavicencio, mientras espera el alta en la sala de Cardiología del Hospital Luis Vernaza, de la Junta de Beneficencia de Guayaquil.

El miércoles, el hombre de 70 años recibió un marcapasos definitivo. Un parche sobre el lado izquierdo de su pecho ocultaba el dispositivo de cuatro centímetros de diámetro.

“Es como una computadora”, dice Freddy Pow Chon Long, del Vernaza. Con la ayuda de una maqueta explica cómo se introducen los electrodos, unos delgados cables flexibles que se colocan en las cámaras del corazón, y que van conectados al implante; envía

Ernesto Peñaherrera, jefe de Cardiología del Vernaza, explica que también usan resincronizadores para insuficiencias cardíacas, cuando la función del corazón alcanza apenas un 35% y existen bloqueos.

La demanda de estos dispositivos se concentra en pacientes de entre 60 y 80 años. Pero también las personas de entre 25 y 35 pueden necesitarlos por inflamaciones o infecciones.

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