20 de September de 2009 00:00

Dioses del Grafiti pintaron Quito

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Por CRISTINA ARBOLEDA

Una capa de pintura blanca o gris era una especie de bálsamo que daba nueva vida a los muros. Ese sábado por la mañana, el movimiento en el parque central del barrio  La Mena 2, al suroeste de Quito, era inusual.



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Mr. Wany es Andrea Sergio, nació en Brindisi, en el sur de Italia, en 1978. Con apenas 12 años, comenzó su  carrera como artista.Ha estudiado  ilustración, cómic y diseño gráfico. Actualmente vive en Milán y trabaja con algunas galerías de arte . También recorre el mundo exhibiendo  su obra y  ha colaborado con marcas como Nike, Adidas y Timberlake.
‘Peeta’ es el apodo que recibió el veneciano Manuel Di Rita en su infancia. Una visita con su madre a Barcelona lo vinculó con el arte y desde 1993 comenzó a pintar  grafitis. Estudió diseño gráfico e industrial y su estilo se caracteriza por su singular  uso del 3D (influenciado por artistas alemanes). También realiza  esculturas y lienzos que exhibe en todo el mundo.  Los niños iban y venían, se sentaban en las bancas de cemento  y garabateaban en pedazos de papel, inspirados por el ambiente que les rodeaba. Ruidosa, la música bombardeaba los oídos con líricas en español y también en italiano, para que los invitados de honor se sintieran como en casa.

El muro de una casita de bloque y Eternit se convertía poco a poco en la obra de arte de Peeta y Mr. Wany, dos  italianos que un par de días atrás habían llegado a Quito, para participar en el festival Gods of Paint.

Italia, cuna del arte y de la cultura occidental, nos envió  dos dioses del ‘street art’. “¿Dioses?”, me pregunté. En Internet abundan las imágenes de la vastísima producción visual que Peeta y Mr. Wany han creado en su país natal y en muchos más de Europa y América, y que los confirman como  gigantes del arte contemporáneo.

El viernes 11 de septiembre, por la tarde, me encontré con ellos en el Museo Camilo Egas. Tuvimos una larga conversación, sentados en torno a una pequeña mesa. Encima descansaban hojas de papel todavía inmaculadas, hasta que los crayones, los lápices y esferos, irresistibles para los dedos de los artistas, rayaron su blancura.

“¿Cómo se sienten de estar en Quito?”,  pregunté. “Es la primera vez que estoy en Ecuador, tengo mucha curiosidad y me recuerda un poco a Colombia y a México. Me siento muy inspirado al poder conocer a nueva gente, al pintar en paredes nuevas”, dice Peeta. “Otro país para la colección”, dice riendo Wany.

A los dos se les notaba lo latino, quizás más a Mr. Wany, de cabello negro y abundante, de hablar fuerte y gestos cálidos. Peeta, con ojos claros y una nariz grande, es más delgado y un poco tímido y su sonrisa algo infantil no concuerda con sus 29 años. “Mi amigo ‘Blooky’ nos invitó y estoy feliz de conocer su país.

Aquí el grafiti todavía está empezando y nosotros, que somos más viejos, podemos contar nuestra experiencia a las nuevas generaciones del ‘street art”, agrega  Wany.
‘Blooky’ es el pseudónimo de Javier Moya, un joven ecuatoriano que ha vivido mucho tiempo en Italia. “Mis referentes siempre fueron Wany y Peeta y lo que antes era un sueño se está convirtiendo en  realidad.

Pienso que si todos nos unimos, esto va a crecer como cultura y traer a personas de este calibre ayuda a mejorar el movimiento. Más allá de lo que nos puedan enseñar  acerca del grafiti, también nos une como personas”, afirma ‘Blooky’, quien además alojó en su casa a los invitados.

El apoyo y unión de quienes realizan arte urbano, de los habitantes de la Mena 2, fue fundamental para que el proyecto se realice. Por eso, en muchas ciudades se otorga espacios para el arte urbano, denominados ‘hall of fames’. Tanto Peeta como Wany consideran que esta práctica es positiva, ya que, de lo contrario, los artistas deben recurrir a lo que ellos llaman grafiti ilegal, es decir, sin  permisos.

“Creo que la expresión más importante del grafiti está en la calle, porque es el verdadero sentido del movimiento y  prefiero trabajar con los permisos porque puedo expresarme mejor cuando tengo más tiempo para pintar”, confiesa Peeta. 

Lo impresionante de su estilo es que en cada obra plasma su pseudónimo en tres dimensiones. “Es como un autorretrato, pero en lugar de pintar mi cara, escribo mi nombre”, explica.
 
En nuestra ciudad, Peeta puso su nombre, con su estilo característico, y, junto a él, Wany pintó su famoso personaje. A su alrededor, los grafiteros ecuatorianos, que llegaron desde Guayaquil, Ambato y  distintos sectores de la capital,  se esforzaban por demostrar que aquí también hay talento.

La escena parecía sacada de una película surrealista, con sus máscaras para no ahogarse con el olor del espray, furiosamente inundaban  de vida a las paredes.

El domingo 13 de septiembre, bajo el  sol meridional, la obra de arte había  terminado. Por fin, tenían la oportunidad de darse un descanso y conocer la ciudad. Pero la pausa no fue larga, el martes volvieron a tomar las latas para pintar junto con los ganadores en el sector del Tejar.

Wany y Peeta enfatizan en que es importante alcanzar un nivel artístico muy alto para pintar y por eso su visita culminó con un taller que buscaba motivar e inspirar a los jóvenes artistas ecuatorianos, para que hagan del arte su forma de vida.

“Profundamente creo que lo que hago es el verdadero propósito de mi vida, el dinero viene como una consecuencia”, expresa Peeta, y Wany concluye: “Sí, espero que la gente entienda mi trabajo, nosotros comenzamos esto por amor al grafiti”.

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