24 de agosto de 2018 00:00

Dificultad para multar a limpiaparabrisas en Quito

A pesar de las charlas de disuasión y del anuncio de multas, este grupo limpiaba parabrisas ayer, en El Condado. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

A pesar de las charlas de disuasión y del anuncio de multas, este grupo limpiaba parabrisas ayer, 23 de agosto del 2018, en El Condado. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

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Diego Bravo
y Ana María Carvajal
Redacción Quito

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Sancionar a los limpiaparabrisas por el uso indebido de espacio público es una tarea complicada. Si bien la Agencia Metropolitana (AMC) anunció que desde el miércoles 22 de agosto se iniciaron los operativos para multar con USD 100 a quienes se dedican a esta actividad informal, en la práctica se complica aplicar la medida.

Según José Luis Aguilar, supervisor de la AMC, la entidad puede imponer sanciones y las personas deben acatarlas. Si no pagan la multa, el área de coactivas del Municipio inicia un proceso para cobrar la multa. Pero en muchos de los casos, los limpiaparabrisas son personas que no tienen identificación ni documentos y sancionarlos se complica.

El miércoles, los agentes metropolitanos junto con policías nacionales acudieron a la salida del túnel Guayasamín y a las intersecciones de la av. NN.UU. con la 10 de Agosto y la Amazonas. Allí encontraron a 14 limpiaparabrisas, pero unos no tenían documentos y otros tenían una visa humanitaria.

Por eso no pudieron multarlos. Según la AMC, les confiscaron su material de trabajo como medida cautelar, y les informaron sobre la sanción que tiene su actividad informal. En el operativo de ayer, un limpiaparabrisas en Carapungo fue notificado de que tiene que pagar su multa.

Esta situación preocupa a quienes hicieron de esta actividad su modo de sustento. Ayer, en la intersección entre Diego Vásquez de Cepeda y Einstein, a la altura de Carcelén, estaba el colombiano John V., quien subsiste con este trabajo desde hace cinco meses.

“Vengo de Buenaventura y en mi país era guardia de seguridad”, contó. Se asustó al enterarse que ahora puede ser multado. Gana entre USD 9 y 10 diariamente y no le alcanzaría el dinero para cubrir una multa de USD 100, pues el dinero que reúne le sirve para mantener a su esposa e hijos, de 3 y 8 años. De momento, él no ha considerado otra alternativa, pero se pregunta qué van a hacer ahora quienes se dedican a limpiar parabrisas para vivir.

Esa preocupación la comparte la Unidad Patronato San José, que desde octubre empezó a acercarse a quienes limpian parabrisas, hacen malabares, lanzan fuego o cuidan carros en distintos puntos de la ciudad. Según María Fernanda Pacheco, su presidenta, entre octubre y julio han realizado un acercamiento directo con 239 personas.

Dificultad para multar a limpiaparabrisas


Los profesionales del Patronato saben que la AMC debe cumplir con su tarea de mantener el orden en la ciudad, pero consideran necesario que también se aplique un enfoque humano para resolver la problemática de este grupo.

Por ello, se acercan a las personas, les dan asesoría, les hablan de higiene, les brindan atención médica y han organizado encuentros deportivos semanales, como un espacio para compartir experiencias.

Hasta ahora, en el Hogar de Vida 2 se ha acogido a cuatro personas. En esa institución se busca la rehabilitación de personas que consumen sustancias estupefacientes.

El 24 de julio pasado se realizó una jornada de capacitación con apoyo de ConQuito para 40 limpiaparabrisas. La idea es que se abra un camino a la inserción laboral en el ámbito formal. Pacheco dice que este es un proceso de largo aliento y empieza como una disuasión para dejar esta práctica.

Poco a poco se acercan para conocer la situación familiar, por ejemplo, y ayudar a que sus condiciones de vida mejoren con el tiempo, especialmente si se toma en cuenta que, en su mayoría, los limpiaparabrisas viven en situación de calle.

La posibilidad de enfrentar sanciones intranquiliza a personas como el venezolano Jorbi H., quien ayer limpiaba parabrisas en la intersección de la avenida Occidental y San Francisco de Rumiurco. Él ya piensa en una alternativa, aunque también es informal: “Me tocará salir a los buses a vender dulces u otras cosas”, dijo.

Vladimir C. dice que los operativos de la AMC le intranquilizan, porque no tiene otro medio para subsistir, pero siente que no tiene otra alternativa. “A uno le sacan y luego se vuelve (al mismo lugar) porque le toca. No podemos abandonar nuestras obligaciones”.

Según Aguilar, realizar estos operativos no es sencillo porque los limpiaparabrisas no ven con agrado la disuasión o las sanciones. Pero afirma que es necesario porque la ciudadanía se ha quejado por supuestas agresiones, intimidación y hasta


Aplicar la multa es más sencillo con los ecuatorianos que sí tienen documentos y por ello se ha pedido el apoyo de Migración, para analizar el estatus de los extranjeros.

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