10 de September de 2009 00:00

El ‘Diario de un loco’ trajo sonrisas y reflexión

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Redacción Cultura

El tic tac del reloj suena. En el suelo, un hombre con una túnica blanca, de espaldas al público saca las plumas que contiene su almohada. Luego se levanta. Agita sus brazos y sueña como un pájaro que pretende volar hacia la luna.

Es el mundo en el cual vive Ausencio, interpretado por el actor Lucho Mueckay, entre las paredes azuladas de un manicomio.

Su burbuja se rompe con la presencia de Marva, caracterizada por Michelle Mena, la enfermera malgeniosa que lo trae abruptamente a
su realidad y que pretende medicarlo con una jeringuilla,  a la cual él se resiste.

Es la obra ‘Diario de un loco’, del grupo guayaquileño Sarao, que forma parte del Festival Spondylus de las Artes. A las 20:15 del martes 8, en Casa Malayerba, las ocurrencias de los personajes arrancan sonrisas a las 50 personas que llenan el teatro.

En especial cuando Ausencio menciona los problemas que tenía cuando era un burócrata, de categoría tres, del Ministerio de Anexos y Varios de la República.

Marva los comparte. La enfermera, en el fondo, lo quiere y añora que pronuncie su nombre con la misma intensidad que lo hace por Sofía, la hija de su ex jefe, el enérgico Ministro.

Marva despierta constantemente a Ausencio de sus sueños, de su alegría, de su tristeza.

Esta última se agudiza cuando se entera de que la mujer que ama supuestamente está enamorada de  un diputado.

Es ahí que la obra toma otro giro. La tristeza que brota del personaje y que contagia al público se desvanece de pronto y da paso al humor. Mueckay interpreta a un legislador frente a la Asamblea, donde busca votos para rechazar el “fétido compromiso político nupcial de Sofía”.

Cada frase que pronuncia provoca risas. El actor rompe la distancia con el público, al  solicitar sus aplausos. De igual manera, pide silencio y se habla enérgicamente. Con el rechazo a la moción, el sueño de Ausencio se diluye y  despierta  otra vez  en el manicomio, pero esta vez es Fernando Octavo, rey de España.

La dependencia que se genera entre los dos personajes se percibe hasta el final de la obra, que culmina tras hora y media de     una acertada  caracterización. 

Tras recibir los aplausos del público, Mueckay agradece. Confiesa   que es la primera vez que la obra sale de Guayaquil. La  calidad de esta pieza  ya trasciende fronteras. Ha sido invitada para participar en la Cuarta muestra de Teatro, en Lima, y para el viaje  pronto armarán  maletas.

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