27 de September de 2009 00:00

Los que desprecian el crecimiento

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Vicente Albornoz Guarderas

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Los que desprecian el crecimiento económico aman la pobreza. Así de simple. Porque el crecimiento es uno de los dos elementos que permiten bajar la pobreza. El otro elemento es la estabilidad.

El crecimiento del PIB, que finalmente mide el crecimiento de la producción, es absolutamente clave para que la situación de la población mejore (y no es una simple obsesión de los economistas). Lo contrario, el estancamiento o la caída de la producción, produce pobreza, además de intranquilidad social.

Entre 1981 y 1998, el PIB por habitante en el Ecuador cayó (al 0,3% anual). Esos fueron años en que la pobreza y la conflictividad se mantuvieron altas. Fuera de una pasajera caída de la pobreza durante el gobierno de Durán Ballén, los índices hablan de una pobreza casi estructural y muy reacia a bajar durante todos esos 17 años.

Mientras tanto, entre 2001 y 2006, el PIB por habitante en el Ecuador creció significativamente a una tasa anual promedio de 3,6%. No es de sorprenderse que justo en esos años la pobreza haya caído consistentemente en más de tres puntos porcentuales al año, de 35% a 18%, según las cifras del SIISE de pobreza urbana.

Claro que crecer no es suficiente. Hay que hacerlo con estabilidad. En realidad en lo que se diferencian los años del gobierno de Durán Ballén del resto de esos 17 años ya señalados es que durante su presidencia la inflación cayó. Nuevamente, la inflación tampoco es una obsesión de los economistas sino que es una medida importante de  estabilidad.

Si con la (relativamente) pequeña caída de la inflación en el gobierno de Sixto la pobreza bajó, era casi natural que con el desplome de la inflación luego de la dolarización la pobreza debía caer.

Porque, finalmente la pobreza cayó entre 2001 y 2006 por la combinación de crecimiento con estabilidad. Vale insistir que esa fue una época excepcional, pues pocos países del mundo pueden hablar de que la pobreza en sus ciudades cayó en 17 puntos en 5 años (y eso sin contar la enorme caída que hubo inmediatamente luego de la dolarización).

Desgraciadamente, el Gobierno actual se olvidó que crecer es importante. Por eso ha ahuyentado a todo aquel que podría haber invertido en nuestro país. Las empresas telefónicas, mineras, petroleras, los bancos, los medios de comunicación, los importadores, todos ellos han recibido el claro mensaje que sus inversiones no son bienvenidas. Y la expresión ‘reforma agraria’ hizo lo propio en la agricultura.

Y, oh sorpresa, sin inversión privada el país dejó de crecer. El año 2007 tuvo el peor crecimiento desde que nos dolarizamos; 2008 tuvo un crecimiento aceptable gracias a un disparo del gasto público y este año (a pesar del petróleo a USD 70) la economía no va a crecer.

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