20 de febrero de 2020 08:02

Desmantelan en España la primera fábrica de tabaco subterránea de Europa

Los guardias civiles españoles ingresan a una fábrica ilegal de tabaco subterráneo en Monda, sur de España el 20 de febrero de 2020. La Guardia Civil española desmanteló el 13 de febrero de 2020 un grupo del crimen organizado involucrado en la fabricación

Los guardias civiles españoles ingresan a una fábrica ilegal de tabaco subterráneo en Monda, sur de España el 20 de febrero de 2020. La Guardia Civil española desmanteló el 13 de febrero de 2020 un grupo del crimen organizado involucrado en la fabricación ilegal de cigarrillos y el tráfico de drogas. Foto: AFP

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Agencia EFE

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La Guardia Civil española desmanteló la primera fábrica clandestina de tabaco subterránea localizada en Europa y detuvo a veinte personas, entre ellas uno de los cabecillas de la red, de nacionalidad británica.

La instalación, ubicada en la localidad malagueña de Monda (sur) estaba oculta bajo una cuadra de caballos y permitía la fabricación de más de 3 500 cigarrillos a la hora, informó este jueves 20 de febrero del 2020 la Guarida Civil.

Para imposibilitar la identificación de dicha fábrica, la organización utilizaba maquinaria pesada que, empujando un contenedor marítimo de gran tonelaje, dejaba al descubierto el acceso a dichas instalaciones clandestinas.

Tras empujar el contenedor unos metros, se descubrió bajo el mismo la entrada a una fábrica subterránea, ubicada a 4 metros bajo el suelo, que hasta ese momento se encontraba oculta y a la que se accedía a través de un montacargas y de unas escaleras.

La Guardia Civil desmanteló en Monda (Málaga) la primera fábrica clandestina de tabaco subterránea localizada en Europa. Foto: EFE

La Guardia Civil desmanteló en Monda (Málaga) la primera fábrica clandestina de tabaco subterránea localizada en Europa. Foto: EFE

Además del cabecilla, los agentes detuvieron a otras 19 personas de origen británico, lituano y ucraniano, de las que doce ingresaron en prisión por orden judicial.

En la operación, intervinieron 153 000 cajetillas de tabaco, 17 600 kilogramos de picadura de tabaco, 20 kilos de hachís y 144 gramos de marihuana, y desmantelaron una plantación interior de este estupefaciente.

En el interior de la fábrica clandestina, la Guardia Civil encontró a seis trabajadores de nacionalidad ucraniana cuyo contacto con el exterior era "nulo" y estaban "totalmente encerrados y abandonados a su suerte", en un ambiente con "serias dificultades para respirar", según la fuente.

Cuando los agentes consiguieron localizar el acceso, vieron "con sorpresa" a los seis trabajadores, que fueron rescatados.

Los investigadores destacan que los integrantes de la red, tras ser detenidos en horas de la mañana no dijeron donde estaba la fábrica ni que allí había seis trabajadores, pese a que podían estar en peligro por la falta de aire.

La sostenibilidad de estas instalaciones subterráneas, dependía de un generador eléctrico de grandes dimensiones, a través del cual se generaba un circuito de aire en el interior de las mismas. El generador, alimentado por diésel que había que reponer a diario, se apagó durante el día de las actuaciones policiales, lo que produjo que el aire dejara de funcionar en las instalaciones, haciendo las condiciones en el interior de la fábrica peligrosas para la vida de los trabajadores allí presentes.

Estos, al percatarse de la falta de aire, se dirigieron a la salida del «búnker» que se encontraba bloqueada desde el exterior, momento en que comenzaron a gritar y a golpear el contenedor que bloqueaba la salida, sin que los agentes allí presentes en la superficie pudieran escuchar estas señales de socorro, dado que la instalación se había construido de manera insonorizada para evitar que el ruido de las máquinas operando saliera al exterior.

Una vez que se localizó el acceso a la fábrica clandestina y una vez dentro, vieron a los 6 trabajadores con dificultades para respirar en un ambiente.

Uno de los cabecillas, D.D., (30 años) estaba huido de las autoridades británicas por tráfico de drogas y falsificación de documento de identidad; y otro de los arrestados, A.R., de nacionalidad lituana, también figuraba como huido de la Justicia de su país por contrabando.

En esta operación, la Guardia Civil contó con la colaboración de agentes británicos.

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