7 de diciembre de 2020 20:28

A 10 años de la desaparición de  Giovanna Pérez en Ambato, su madre reclama justicia: ‘Solo el día en que pueda ver a mi hija podré morir en paz’

Yanera Constante se levanta cada día para visibilizar el caso de su hija Giovanna Pérez Constante, desaparecida el 4 de diciembre del 2020 en Ambato. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

Yanera Constante se levanta cada día para visibilizar el caso de su hija Giovanna Pérez Constante, desaparecida el 4 de diciembre del 2020 en Ambato. Foto: Archivo/ EL COMERCIO

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Karol Noroña

La voz de Yanera forcejea contra el olvido y es una que retumba en los espacios cuando habla de los sueños de su primera hija, Giovanna Pérez Constante. “La esperábamos tanto, con un anhelo enorme. Mi pequeñita, la niña de mis ojos, mi intrépida, mi hija valiente”, dice la madre. Ella se levanta todos los días con la fotografía de su hija en sus manos para continuar una lucha que inició el 4 de diciembre del 2010.

Ese día, Giovanna, de 19 años, fue desaparecida en Ambato y, pese a que su caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en mayo de este 2020, no hay resultados. Su reclamo continúa siendo el mismo desde hace ya 10 años: “El Estado no nos da respuestas. Es indolente, no tiene empatía con nosotros, no le importa. Fiscalía tuvo todos los elementos y evidencias para investigar y no ha hecho nada”.

Han pasado 3 657 días desde que ‘Pepa’, como la llamaban sus familiares y amigos, ya no está en casa. La investigación del caso de Giovanna tiene 58 expedientes -100 hojas cada uno- y ha llegado a la mesa de 10 fiscales y 14 agentes policiales. Pero no hay avances; continúa en indagación previa, la primera fase del proceso legal.

Yanera se sobrepone al dolor para visibilizar su historia. Este lunes 7 de diciembre, ella levantó su voz, junto a su familia, la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas y los colectivos Luna Roja, Covidefem, Contrapique y Retumba La Prole, en Ambato, para plantarse ante la Fiscalía de Tungurahua y exigir que las autoridades agilicen su búsqueda. “Yo lo único que quiero es encontrarla, abrazarla, verla, decirle que la amo y que hemos hecho todo por ella. Pero la impunidad continúa y yo no me voy a ir hasta saber qué pasó con ella”, asegura.

Las personas desaparecidas no son cifras; son sueños, vidas y memoria, como la que evoca Yanera sobre 'Pepa'. La recuerda como una niña feliz, que creció en un hogar amoroso en el que primaba la protección. “Siempre celebramos su cumpleaños hasta que terminó la escuela. Estaba rodeada de mucha atención, era nuestra primera bebé, la primera nieta. Entonces, imagínese, todos la cuidábamos”, rememora.

A Giovanna le gustaban los deportes extremos; era valiente y perseguía nuevos retos. Yanera repasa los días en los que su hija disfrutaba de lanzarse de un parapente en Baños, o las tardes en la rueda moscovita. ‘Pepa’, además, compartía sus días junto a su hermana menor, Denisse, que hoy también la busca.

Este lunes 7 de diciembre del 2020, colectivos se movilizaron para visibilizar el caso de Giovanna, desaparecida el 4 de diciembre del 2010. Su rostro cubrió la estructura de la Fiscalía de Tungurahua. Foto: Cortesía Colectivo Contrapique

Este lunes 7 de diciembre del 2020, colectivos se movilizaron para visibilizar el caso de Giovanna, desaparecida el 4 de diciembre del 2010. Su rostro cubrió la estructura de la Fiscalía de Tungurahua. Foto: Cortesía Colectivo Contrapique

El paso de la niñez a la adolescencia fue tranquilo, relata Yanera, y pronto la joven comenzó a visionar un futuro profesional. Entonces, decidió apostar por una carrera de Administración de Negocios en la Universidad Técnica de Ambato. Giovanna estaba cursando el tercer semestre en la ‘Facultad’ cuando fue desaparecida.

Era diciembre del 2010 y el ambiente festivo se iniciaba a escala nacional. Giovanna no salía de casa constantemente, cuenta Yanera, pero el viernes 3 de diciembre le pidió permiso para ir a una reunión de cumpleaños de un amigo suyo. “Fue con su prima y su mejor amiga. Ahí fue que conoció por primera vez a Andrés L., el principal sospechoso de la desaparición de mi hija”, afirma.

La tarde de aquel viernes, Andrés L. intercambió su número con Giovanna durante la reunión y volvió a contactarla el sábado 4 de diciembre.

Fue una jornada normal. Giovanna salió de casa en la mañana hacia la Unidad Educativa Rodríguez Albornoz donde estudiaba su hermana Denisse. A las 16:30 de ese sábado, la joven llamó a su madre. “Giovannita me dijo que un chico, Andrés L., a quien había conocido el día anterior, la invitó al cine. Ella me preguntó si podía ir y le dije que bueno. Esa fue la última vez que hablé con mi hija, desde ahí no sé en dónde está o qué le hicieron”, reclama.

Yanera llamó a su hija a las 18:30. Sin embargo, el teléfono ya estaba apagado. “No era normal que no contestara, pero como estaba en el cine, pensé que no podía hablar. Volví a llamar a las 19:00, 19:30, 20:00, pero nada. Entonces, yo comencé a alarmarme y esa misma noche salimos en búsqueda de Giovanna”, recuerda.

La madre recuerda que llamó más de 100 veces al 101, la línea de emergencia que funcionaba a escala nacional en aquella época. Ella y Mauro Pérez, padre de Giovanna, acudieron a la Policía, a hospitales, a la morgue; llamaron a sus mejores amigas, a sus primas. Pero no hubo respuestas sobre su paradero.

Con mascarilla en el rostro y la fotografía de su hija, Giovanna, en sus brazos, Yanera exige que el Estado la busque y denuncia la inoperancia de las autoridades .Foto: Cortesía Colectivo Contrapique

Con mascarilla en el rostro y la fotografía de su hija, Giovanna, en sus brazos, Yanera exige que el Estado la busque y denuncia la inoperancia de las autoridades .Foto: Cortesía Colectivo Contrapique

Yanera intentó denunciar la desaparición de su hija ese mismo día, pero la Fiscalía no la receptó, pues solo podía admitirse después de 48 horas, pese a que las primeras horas son clave en el proceso de búsqueda de una persona desaparecida.

El lunes 6 de diciembre, Yanera y Mauro lograron formalizar la denuncia en la Fiscalía con la esperanza de que encontraran a la joven. Pero las respuestas no llegaban y decidieron comenzar por su cuenta.

La familia buscó a Andrés L. para preguntarle qué había pasado con Giovanna. “Desde el primer momento se puso nervioso, pálido. Nos dijo que solo le había llamado una vez, que mi hija sí era bonita, pero nada más”, dice la madre. Sin embargo, Yanera descubrió, a través de registros de llamadas del celular de Giovanna, que el sospechoso envió más de 13 mensajes y llamó cuatro veces a su hija. “Teníamos los datos, direcciones, supimos, además, que vieron a mi hija cerca de la casa de Andrés L. Investigamos por nuestros propios medios... Todo lo entregamos a Fiscalía para que investiguen con celeridad, pero no lo hicieron”, asegura.

Yanera cuenta que la Fiscalía de Soluciones Rápidas citó dos veces al hombre para que rindiera su versión voluntaria en el proceso de investigación del caso de Giovanna, pero él no asistió.

Ocho días después de que la familia perdiera el rastro de Giovanna, Andrés L. desapareció el 12 de diciembre de ese año. “Su familia jamás se movió con la angustia y desesperación de alguien que pierde a una persona querida. Era al revés: evitaban dar entrevistas, difundir su fotografía, visibilizar el caso. Había un hermetismo total. Yo hablé con sus padres y me dijeron que como son de la tercera edad, la encargada de buscarlo era la hermana de Andrés. Por eso, nosotros sostenemos que ellos ocultan su paradero”, señala.

Antes de desaparecer, Andrés L., afirma Yanera, cerró sus redes sociales e incluso “se despidió de su novia a través de una canción y le indicó que pregunte por él a su familia después de cuatro años. Y coincide, porque él fue visto en Ambato en el 2014, aunque, claro, cambió su aspecto físico para no ser identificado”, cuenta.

Yanera exigió que lo busquen y que se realizaran allanamientos en la casa de Andrés L. para buscar indicios, diligencias que se realizaron nueve años después de la desaparición. La madre, además, denunció que “los fiscales violaron el principio de reserva en el caso de mi hija. Ellos notificaban a terceras partes que no eran parte procesal de la investigación, como lo hicieron con el abogado de la familia de Andrés L. Nosotros también denunciamos esta falta ante Fiscalía en el 2018 y el Consejo de la Judicatura inició un sumario administrativo en contra de 17 funcionarios entre fiscales y secretarios”.

El 28 de noviembre del 2019, el fiscal Segundo Chaluis, a cargo de la investigación del caso, lideró un allanamiento en la vivienda donde vivía Andrés L. La diligencia convocó a agentes de la Policía Nacional, Criminalística y el Grupo de Operaciones Especiales (GOE). “Esa pericia debió realizarse inmediatamente en diciembre del 2010. Pero, no. Lo hicieron después de nueve años, cuando ya no hay nada, cuando no hay indicios. La familia de Andrés L. ya no vive en Ecuador. Es una burla…”, dice la madre.

Han sido años dolorosos para la familia Pérez Constante, marcados por la indignación y la denuncia ante la inoperancia estatal. Yanera recuerda una reunión que el expresidente Rafael Correa y el exministro del Interior (ahora Ministerio de Gobierno), José Serrano, mantuvieron con los familiares de personas desaparecidas. “Serrano me decía: ‘Nosotros sabemos que ese chico es el responsable. Ya estamos cerca, mi señora. Solo estamos esperando que el diablo se les duerma’. Los agentes y fiscales me decían en mi propia cara: ‘Sabemos que la familia miente, que le encubren, pero no podemos hacer nada’. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo pueden engañarnos de esa manera?”, reclama.

Yanera ha convertido el hartazgo en un impulso para continuar su lucha. En septiembre del 2018, la madre presentó una denuncia sobre la desaparición de Giovanna ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El organismo admitió el trámite del caso el 19 de mayo último. En un oficio, suscrito por Marisol Blanchard, secretaria ejecutiva adjunta de la entidad, se detalló que el Estado tiene cuatro meses improrrogables para remitir información sobre las acciones que se han emprendido para localizar a la joven.

El plazo venció en septiembre y la madre, víctima indirecta, dice que aún no ha sido notificada sobre la respuesta del Estado. Pero Yanera no se cansa, se fortalece con la memoria de Giovanna. Hay días en los que piensa en cómo hubieran celebrado los logros de ‘Pepa’, en sus orgullos profesionales, en que quizá su hija hubiese formado una familia y la hubiese convertido en abuela. “La impunidad nos arrancó esa posibilidad. Yo no me olvido de sus sueños, de sus metas. Si yo pudiera dar mi vida solo por verla...yo lo hago. Siempre he querido lo mejor para ella y para Dennise y solo será el día en que pueda abrazarla que podré morir en paz. Te amo, Giovanna. Te amo con toda mi alma...”, dice, a través de la pantalla. 

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