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A la defensa del planeta

El calentamiento global está trastocando todos los conceptos.   Las acciones para frenar este fenómeno, hasta ahora, han sido epidérmicas. De mucho discurso y poca efectividad.

La arquitectura también ingresó en la lista de  soluciones para frenar este fenómeno que amenaza con enfriarnos a todos.

La semana pasada, la prestigiosa Royal Society presentó un estudio sobre  ‘geoingeniería’, una nueva disciplina ¿científica? que pretende ‘regular’ el calor del Sol y reducir la emisión de CO2 hacia al atmósfera, mediante métodos arquitectónicos y de ingeniería.

Entre las ideas apuntadas  está la construcción de inmensas torres en todo el mundo para ‘capturar’ las moléculas de CO2 presentes en el aire. Esto es    técnicamente factible pero plantea  la difícil cuestión del almacenamiento.

Otra proposición original: pintar de blanco tejados, carreteras y aceras para reflejar los rayos del Sol. ¿La ventaja? Se trata de una medida simple y sin peligros. El inconveniente es que solo haría bajar la temperatura  en las ciudades muy cálidas y… nada más. Este procedimiento sería insuficiente para rebajar la temperatura media del planeta.

Son soluciones sui géneris, no cabe duda, pero solo son paños tibios para una herida que necesita cirugía.

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