7 de octubre de 2020 08:56

El debate de los vicepresidenciables y su papel cada vez más importante en EE.UU.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y su rival demócrata, Kamala Harris, participarán en el debate previo a las elecciones presidenciales de noviembre. Foto: AFP

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, y su rival demócrata, Kamala Harris, participarán en el debate previo a las elecciones presidenciales de noviembre. Foto: AFP

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Santiago Estrella
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En la noche de este miércoles 7 de octubre del 2020, los dos candidatos a la Vicepresidencia de Estados Unidos se deberán ver cara a cara en el único debate que mantendrán el republicano Mike Pence, actual segundo en el mando, y la senadora demócrata, Kamala Harris, en Salt Lake City, estado de Utah, desde las 20:00 de Ecuador.

Cuando Estados Unidos está convulsionado por el contagio de covid-19 del presidente Donald Trump y varios de sus colaboradores cercanos, el debate tendrá un elemento de bioseguridad: dos paredes de plástico separarán a los contrincantes y se aumentó la distancia entre ambos a cuatro metros.

El equipo de Pence, quien ha dado negativo en las pruebas, no quiere que exista esa separación física entre ambos candidatos. Al menos, no quiere la que tendrá en su frente porque no encuentran razones médicas para ello. En cambio, Harris y los demócratas no han mostrado ningún problema con tener esa pared transparente que les corresponde.

Los debates entre los candidatos vicepresidenciales han ido alcanzando mayor importancia con el pasar de los años. “No hay evidencia de que un candidato vicepresidencial incida mayormente en la decisión del electorado”, respondió a EL COMERCIO en un encuentro con periodistas extranjeros Joel Goldstein, profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de San Luis.

Pero que sí puede ocurrir que algunos votantes sostengan que “les guste un candidato presidencial por quien lo acompañará en la boleta electoral (…) Permite sugerir que un candidato es más conservador o liberal de lo que pensábamos que era”. Si la influencia en términos porcentuales es mínima, puede ser importante su presencia en aquellos estados donde el margen de diferencia entre ambos partidos sea estrecho, o en los ‘swinging states’, estados que unas veces votan por demócratas y otras por republicanos.

Separadores de plástico se colocaron en el escenario en donde se realizará el debate de los candidatos a la Vicepresidencia de EE.UU. Foto: AFP

Separadores de plástico se colocaron en el escenario en donde se realizará el debate de los candidatos a la Vicepresidencia de EE.UU. Foto: AFP


Pero la tarea del vicepresidente no es menor, tanto en campaña electoral como en la función ejecutiva, aunque el debate no acapare una audiencia de entre 60 y 80 millones de televidentes. En términos legales, el Vicepresidente tiene la tarea de dirigir las sesiones del Senado y ser el voto dirimente, además de ser el segundo en línea de sucesión del Mandatario. Pero sus tareas son limitadas: no propone leyes ni participa en las discusiones. Además, es el segundo en línea de sucesión si faltara al Presidente.

Sin embargo, desde que el demócrata Jimmy Carter fue Presidente (1977-1981), Walter Mondale comenzó a adquirir un rol mayor. Se le encargó algunas tareas específicas, pero fundamentalmente se convirtió en el asesor principal del Presidente. “Es el último en hablar al Mandatario y le puede decir cosas que otros funcionarios de menor rango no se animan a hacer”, dice Goldstein.

Los presidentes que siguieron a Carter vieron que esto era algo óptimo, porque sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos empezó a ejercer su liderazgo mundial, con una política internacional empapada por la Guerra Fría con la Unión Soviética -luego el terrorismo internacional- sus ocupaciones se multiplicaron y necesitaban de su persona de confianza hacer cargo de algunas tareas de política interior.

Por poner dos casos, Joe Biden, cuando fue vicepresidente de Barack Obama, se encargó en el 2009 de varias tareas económicas cuando el país buscaba recuperarse de la crisis económica del 2008. El actual vicepresidente, Mike Pence, lidera el equipo especial para combatir la pandemia del coronavirus.

Durante las primeras elecciones del naciente país, siglo XVIII y XIX, el vicepresidente era el que quedaba segundo en la elección y eso podía significar grandes enfrentamientos con el Presidente. El segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, llegó al cargo con 71 votos del colegio electoral; Thomas Jefferson obtuvo 68. “Ambos estaban en desacuerdo en la mayoría de los temas principales para el país… Incluso hubo momentos en que George Clinton, el vicepresidente del cuarto mandatario, James Madison, votó en contra en el Senado”, dice Goldstein.

Las normas fueron cambiando hasta que es el Presidente quien elige a su compañero de fórmula, lo que le convierte en esa persona de confianza que le puede dar los consejos últimos antes de la toma de decisión definitiva.

Aunque no ha ocurrido en Estados Unidos que un expresidente se anime a competir como Vicepresidente, es algo que algunos académicos han discutido un poco. “En mi opinión -dice Goldstein- ya que el vicepresidente tiene que cumplir con los mismos requisitos que un presidente (al menos 35 años de edad, nacido en EE.UU. y 14 años consecutivos como residente), eso lo inhabilita para ser un vicepresidenciable”.

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