30 de September de 2009 00:00

Los cuentos de Vásconez, en una ‘Estación de lluvia’

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Redacción Cultura

Fiel a sí mismo, Javier Vásconez habla con emoción de su nuevo libro, ‘Estación de lluvia’ , editado por la conocida  casa española Veintisieteletras.

Es una recopilación de sus cuentos más entrañables, escritos en varias épocas. Se presenta a las 19:00 de hoy, en el local de Mr.   Books de El Jardín. Antes ya se presentó en España.

Fue hace un par de años, dice,  que fue a España para un congreso de cine y literatura. Cuando salía de una de las sesiones se le  acercó una mujer de mediana edad que se presentó como editora. Le  había conocido  por su página  web   y ahora le proponía  hacer  un libro de cuentos escogidos.
 
La editorial   le  daba la oportunidad de “revisar  o más bien  reencontrarme con algunos cuentos que había escrito hace muchos años”.    Una de aquellas ficciones, explica en tono de infidencia, es  La carta inconclusa, que “es uno de mis preferidos y que  tiene un significado  particular para mí”.

El cuento recrea a  un escritor quiteño que desde Barcelona  reconstruye dolorosamente a un personaje de su infancia:  una mujer medio loca que cuenta historias, más bien malvadas, de sus perfumados y hipócritas vecinos.

Como muchos escritores, Vásconez también  tiene tirria a identificar sus  narraciones con  su vida personal.

Esa manía del lector de rastrear al autor en el narrador o incluso en el personaje.   Pero esta vez pasa algo extraño. Vásconez parece contento de explicar  que ese cuento evoca  las tardes de su infancia, “cuando visitaba mi casa la Anita Bermeo, conocida como ‘La torera’. En el patio de piedra que había al frente de esa casa  ella hacía dibujos  y se dedicaba a narrar  cuentos malignos sobre la gente de la ciudad”. El tono epistolar  también es autobiográfico: “Sí, se dirige a  un amigo periodista, que no es otro que  el ‘Pájaro’  Febres Cordero”.
Horacio Vázquez-Rial dice en el prólogo: “Vásconez hace un uso del lenguaje que no deja dudas ni resquicios, en el que no sobra ni falta  una palabra”.

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