10 de febrero de 2019 00:00

Cuatro cantones tienen menos electores

Pobladores de Colta dejaron de votar ahí y se empadronaron en Guayas y Pichincha. Eso influyó en la reducción del registro. Foto. Giovanni Astudillo / EL COMERCIO

Pobladores de Colta dejaron de votar ahí y se empadronaron en Guayas y Pichincha. Eso influyó en la reducción del registro. Foto. Giovanni Astudillo / EL COMERCIO

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Jorge González

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Los padrones electorales de cuatro cantones han disminuido en la última década. Ese comportamiento no sigue la tendencia nacional, pues entre el 2009 y 2019 el número de sufragantes creció en 28%.

Déleg en Cañar, Colta en Chimborazo, Sozoranga en Loja y Paján en Manabí son las localidades que perdieron votantes en ese lapso. Por el contrario, Camilo Ponce Enríquez en Azuay y Loreto en Orellana, son las de mayor crecimiento.

¿Qué incidió en la disminución de votantes en los cuatro cantones? El principal motivo en común, según las autoridades de esas jurisdicciones, es la migración. Los registros de las municipalidades indican que hay una “población enorme” que ha preferido mudarse a otras provincias por motivos laborales y de estudio.

Paján, cantón mayoritariamente rural, tiene un historial migratorio ligado a Guayaquil. De acuerdo con César Fernández, Jefe de la Unidad de Estadísticas del Municipio de esa localidad, en esta última década varios de sus conciudadanos se han empadronado en el noroeste del Puerto Principal.

Fernández comentó que en el censo del 2010 ya se evidenció ese fenómeno. De los 77 166 ciudadanos que nacieron en el cantón, según esos resultados, solo 37 073 vivían ahí, otros 36 640 lo hacían en la vecina Guayas.

“La gente de Paján se fue por la deficiencia económica, no había caminos en buen estado, no hubo incentivos para la producción”, explicó.

Fernández indicó que desde el 2010 el éxodo no ha parado y atribuyó la reducción del padrón a que los jóvenes que crecieron en un entorno nuevo, en la urbe porteña, cambiaron su domicilio electoral.

“Los que aún continúan regresando a votar en Paján, a pesar de que viven en Guayas, son los adultos. Estimamos que hay unas 10 000 personas que viven en Guayas pero continúan votando en Paján; si se cambian de domicilio en futuros procesos continuarán incidiendo negativamente en el peso electoral local”.

En Colta, mientras tanto, se ha registrado un traslado de ciudadanos hacia Guayas y Pichincha, principalmente. Según sus autoridades, esta es una localidad con gran potencial agrícola, por ello decenas de personas se fueron bajo el estatus de comerciantes minoristas de productos locales, como maíz, papas, trigo, cebada, habas, arveja, cebolla blanca y colorada, zanahoria.

En Guayaquil, por ejemplo, habita María Piguave. Ella llegó a la urbe hace ocho años y hace dos decidió empadronarse en la ciudad costeña. Ella dejó de constar en los registros de su natal Colta.

“Mis tres hermanos, mi esposo y cinco sobrinos vivimos en Guayaquil, nos dedicamos a la venta de productos de la Sierra (…), en Colta solo quedaron nuestros padres mayores”, contó.

En Déleg hay un fenómeno migratorio distinto. El alcalde de la población cañarense, Dario Tito, explicó que una cantidad importante de ciudadanos reside en Nueva York y Nueva Jersey, en Estados Unidos. Ellos, a pesar de que se fueron en su mayoría a inicios del 2000, empezaron a cambiar su domicilio electoral en ese país durante la última década.

“Hoy, a pesar de que tenemos menos electores, se ha renovado el padrón: hay nuevos jóvenes electores y adultos mayores, principalmente. La población de edad media es la que migró al exterior y muchos ya se empadronaron en Norteamérica, eso nos mermó el peso electoral”, detalló Tito.

En Sozoranga, el Cabildo atribuyó a la falta de apoyo al agricultor y ganadero la causa por la que decenas de sus habitantes han decidido marcharse. “Este es un cantón mayoritariamente rural, ante la falta de oportunidades los pobladores se han ido”, aseguró el alcalde Fredi Guerrero.

Explicó que Pichincha y las provincias amazónicas han sido los principales destinos. Los registros de su municipalidad, indicó, reflejan que al menos mil ciudadanos escogieron Quito para residir.

En el otro extremo están Camilo Ponce Enríquez y Loreto, que reflejaron el mayor crecimiento en la última década.

En la primera localidad azuaya el imán ha sido la actividad minera. Luis Montaleza, director de Servicios Públicos del Cabildo, dijo que en el cantón se pueden ganar al mes unos USD 800 trabajando en las mineras, un valor que duplica el salario mínimo vital. “En la última década llegó gente de la zona alta de El Oro y Loja mayoritariamente”.

Mientras, en Loreto se atribuye el ‘boom’ del padrón al terremoto del 2016 y a la crisis petrolera del 2015. El alcalde Wellington Serrano refirió que familias manabitas se asentaron en la localidad, así como personas de cantones petroleros vecinos afectados por la caída de esa actividad.

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