14 de September de 2009 00:00

La crisis mundial empezó hace un año en N. York

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Nueva York y Santiago de Chile.  DPA

El 15 de septiembre de 2008 ocurrió algo más que la quiebra del tradicional banco de inversión neoyorquino Lehman Brothers. Ese día marcó el fin de Wall Street tal como se lo conocía por décadas y una dramática agudización de la crisis financiera que amenazaba con hundir en el caos a toda la economía global.

Ese lunes por la mañana quedó reducida a la mitad la cantidad de grandes bancos de inversión independientes en el corazón del capitalismo financiero estadounidense: Lehman presentaba un pedido de quiebra, mientras su competidora Merril Lynch anunciaba que era absorbida por el Bank of America.

Le había precedido un fin de semana dramático, en el que se discutió sin pausa sobre el rescate de Lehman Brothers.  Su problema era la acumulación de créditos incobrables y acciones tóxicas. El banco de inversión no podía acceder ya a nuevos fondos en el mercado crediticio, en el que se presagiaba ya su quiebra. 

Los bancos de inversión fueron durante décadas la quintaesencia de Wall Street. Encaraban negocios de riesgo y registraban ganancias especialmente jugosas, entre otras cosas,  por los mínimos requerimientos de reserva de capital. Con la crisis inmobiliaria y financiera se vieron, sin embargo, especialmente expuestos. 

La quiebra de Lehman repercutió en todo el planeta de modo más fuerte de lo imaginado incluso por las autoridades estadounidenses. La confianza de los mercados se había evaporado.

Los bancos se negaban a prestar dinero  -tampoco entre ellos mismos- porque nadie podía asegurar que fuese devuelto. Si se había permitido la caída de un peso pesado como Lehman, le podía pasar a cualquiera, se decía. Los bancos centrales comenzaron a inyectar montos enormes de dinero en los mercados para reactivar el negocio crediticio, los gobiernos dedicaron cientos de miles de millones de euros y dólares a armar paquetes de rescate.
  
En el caso de América Latina, la región  perderá ingresos por USD 300 000 millones  en exportaciones, capitalizaciones y remesas a raíz de  la quiebra deLehman Brothers en septiembre de 2008. El menor flujo de divisas arrastró a 3,4 millones de personas a engrosar las filas del desempleo a lo largo de este año.

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