29 de septiembre de 2020 00:02

El coronavirus alarga la espera de quienes requieren un trasplante

La líder de trasplante de córneas, Nancy Jurado, en la cirugía de Cristian, el 13. Foto: Cortesía del Hospital Carlos Andrade Marín

La líder de trasplante de córneas, Nancy Jurado, en la cirugía de Cristian, el 13. Foto: Cortesía del Hospital Carlos Andrade Marín

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Mariela Rosero

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El 19 de noviembre del 2010, a Silverio Zea le detectaron cirrosis. Desde entonces ha aprendido a adaptarse a los cambios, no solo en el estilo de alimentación. Hace tres años el hombre, ahora de 56, ingresó a la lista de espera para un trasplante de hígado, por lo que tuvo que dejar a su familia en Manabí e instalarse en Quito.

La razón: debe estar disponible, para cuando lo llamen desde el Hospital Carlos Andrade Marín, del IESS. Y presentarse en poco tiempo para exámenes que confirmen, o descarten, si es compatible con el órgano de un donante (con muerte encefálica, obtenido horas antes) y, en el mejor de los casos, acceder a la cirugía.

En este 2020, el maestro -que ha dejado la matemática por la educación cultural y artística- esperaba obtener el trasplante.

El covid-19 trastocó los planes de este hombre, así como los de los inscritos en la Lista de Espera Única Nacional. En total son 1 698 personas: 51% necesitan córneas y 46%, riñones y 2,3%, hígados, entre otros, según el Instituto Nacional de Donación y Trasplante de Órganos, Tejidos y Células (Indot). Este año, con corte al  miércoles 16 pasado, 196 pacientes ingresaron al registro.

En marzo, Silverio dejó la habitación que su cuñada le había acondicionado en la capital. Y volvió con su esposa y sus hijos, a Manabí. Sabe que, con los pacientes que combaten al virus llenando las terapias intensivas de los hospitales, no será factible ser trasplantado.

En Ecuador, los últimos trasplantes de órganos de este año se efectuaron el 13 de marzo. Fueron de hígado y riñón, en Guayaquil. Tres días después, el Ejecutivo declaró el estado de excepción.

En el 2019, la tasa de donantes por millón de habitantes fue de 7,75, por encima de Chile, Perú y Uruguay; mientras que en este año llega a 1,60.

“El covid es una enfermedad contagiosa, no es como el dengue o la malaria; involucra a servicios de alta complejidad, como las terapias intensivas o las emergencias, que han sido adaptadas”, anota Ninfa León, directora del Indot.
Ante eso, los establecimientos de salud acreditados (de tercer nivel o especializados) solicitaron la inactivación temporal de sus programas de trasplante; esto por el alto riesgo de infección con el virus.

El objetivo -puntualizó el Indot- fue no exponer a los receptores, pacientes inmunodeprimidos, susceptibles a procesos infecciosos.

Alexandra Jaramillo, de 43 años, tuvo un trasplante de hígado hace siete. Toma inmunosupresores que le ayudan con las defensas bajas. Pero asegura que por la pandemia del coronavirus vive como en una “vitrina, siempre estoy cuidándome, no puedo estar junto a personas infectadas”.

La pandemia -dice- ha evidenciado la necesidad de que ciudadanos como ella tengan una identificación que certifique su condición. Y la importancia de habilitarles accesos únicos en las casas de salud.

Byron Abad es el coordinador de trasplantes del Andrade Marín. Confirma que han retomado solo uno de los cinco programas, el de córneas, porque la cirugía se hace casi de modo ambulatorio, es decir que el paciente no debe permanecer mucho tiempo en el hospital, un lugar de riesgo.

Antes de la pandemia -cuenta- hicieron ocho trasplantes de córnea, 21 renales y dos hepáticos. En este último tienen acreditación para intervenir a niños y adultos. Tramitan permisos para el de corazón.

La terapia intensiva -apunta- está saturada con pacientes covid. Por eso no han logrado detectar posibles donantes ni continuar con procesos de población o extirpación, pues requieren de esas unidades.

Sin embargo -aclara- se ha mantenido la atención a través de videollamadas a los trasplantados y a quienes se integran a las listas de espera. Además, se les ha entregado sus medicinas a domicilio.

El 13 de este mes se realizó un trasplante de córnea a Cristian Cabrera, docente de bachillerato de 33 años, en el ojo derecho. Ha estado en la lista de espera desde el 2018. Hace ocho años le diagnosticaron queratocono, una degeneración que adelgaza la córnea y que lo podría llevar a la ceguera.

Nancy Jurado, oftalmóloga, es la líder del equipo de esos trasplantes. Con el Indot -comenta- han revisado desde abril los protocolos usados en hospitales de otros países, en donde la pandemia avanzó primero. No hallaron pruebas de que el virus llegara a ese tejido, ya que no tiene vasos sanguíneos. Querían mantener a Cristian el menor tiempo posible en el hospital para reducir riesgos de infección con covid.

Pero él vive en el Carchi, por lo que decidieron internarlo dos noches, la previa y la posterior a la operación. Jurado se especializó en España y siente que está cumpliendo su sueño al poder trabajar para la Seguridad Social, en donde tantos pacientes requieren recuperar su visión. Le interesan los casos en los que la única opción terapéutica es el trasplante.

Pero esto -advierte- es una guerra, en la que se ven resultados ganando varias batallas. En el caso de Cristian, la córnea es buena, no hay signos de rechazo, explica. Luego de un año se verán resultados. Él espera evolucionar bien y aguarda por la decisión sobre qué se hará en su ojo izquierdo.

En Ecuador, en el 2019 hubo 381 trasplantes de córneas. Pero hasta el 20 de agosto de este año apenas se han realizado 99. La cirugía de Cristian se concretó debido a que una mujer joven falleció, por un problema cardiaco. En el sistema privado también se han realizado, con córneas traídas del exterior (nueve).

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