10 de September de 2009 00:00

¿Correa es necesario?

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Alfredo Negrete T.

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La Sociedad política ecuatoriana necesita -como un potro de tormento- más ajuste para que aprenda a utilizar los mecanismos de la democracia sin las emociones del arrabal. Para entender tan cruda afirmación es necesario recordar que el triunfo de Rafael Correa y la impronta del esotérico movimiento Alianza Pais -sin tilde- fue consecuencia de un prolongado proceso de frustraciones motivadas por nuestras taras populistas y de una sociedad sin élites, líderes o caudillos transparentes.

De la misma manera que con la dictadura nacionalista y revolucionaria del Gral. Rodríguez Lara desaparecieron los viejos partidos como el  liberal, el conservador y el socialista antiguo, algo similar sucedió después del régimen del Arq. Durán Ballén. Se produjo un vacío que solo podía ser ocupado por los ‘outsiders’.

Se habían acogido  al derecho de una cómoda jubilación Osvaldo Hurtado, Rodrigo Borja y todo dependió del período vital de León Febres Cordero; en consecuencia, el espacio quedó abierto para el ensayo  que osciló desde el esperpento hasta la posibilidad del chavecismo...

El resultado político no pudo ser más desastroso con Bucaram, Mahuad o Gutiérrez,  que fueron una suerte de malignos profetas que anunciaban a  un ‘mesías’ que reclutaría algunos  apóstoles (AP), escogidos de cualquier o mala parte, y se aprovecharía  de un precio alto del petróleo para gobernar.

Así llegó el ‘escogido’ y debe quedarse hasta que no surja una opción con la fuerza vital para desarrollar una institucionalidad a la que tiene derecho el pueblo, ahora  depredado en sus aspiraciones por el más ilusionista de los populistas de la historia.

En estas condiciones no es posible imaginar un Ecuador  sin Correa. La ausencia de una oposición política organizada y libre de ataduras económicas, una retardada emergencia política  de la juventud, el insólito silencio del Quito no oficialista y la enajenación autonomista de Guayaquil lo hacen cruelmente indispensable. Una gripe terminal del tipo AH1N1 o un ‘golpe de Estado’ sería fatal para un horizonte de libertad y garantías para el pueblo, pues no se percibe una alternativa honesta y eficiente.

En este contexto, a lo mejor son convenientes los comités de AP, los de Nebot o de cualquier célula para que el pueblo ecuatoriano conozca, sin el alucinógeno del  populismo -yo te ofrezco y tú votas-, a fin de que descubra lo que llaman ‘democracia’.

Ni un comité de ‘notables’ o de ‘militares salvando a la patria’ son una opción para superar la imparable anarquía institucional y obstruir el  círculo -el color es lo de menos- del ejercicio del poder por un mesías que ignora el peligro de repetir la suerte del mitológico Narciso.   

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