9 de August de 2009 00:00

Consensos

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Jorge Gallardo

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El llamado consenso de Washington surgió de un trabajo realizado por John Williamson en 1989, que contenía 10  propuestas que luego fueron asumidas como propias por los organismos multilaterales. Las propuestas podríamos dividirlas en dos secciones.

Aquellas de general aceptación, y las que han generado más de una controversia. Entre las primeras se destaca la recomendación de mantener la disciplina fiscal para evitar distorsiones en la economía. Con relación al gasto público se recomienda redireccionar los subsidios para invertir en sectores que impulsen el crecimiento, y mejorar los servicios destinados a combatir la pobreza.

Así mismo, recomienda una reforma tributaria que permita ampliar la base impositiva, aplicando tasas marginales moderadas. En cuanto a la inversión extranjera, la propuesta se orienta a darle un trato similar a la inversión local protegiendo el derecho a la propiedad intelectual. Entre las propuestas que han generado controversia se encuentran principalmente dos.

La primera que hace relación a la privatización de las empresas públicas, y la segunda que plantea la eliminación de regulaciones que impiden el funcionamiento de los mercados o restringen la competencia.

En cuanto al sistema financiero, se recomienda mantener una ‘prudente’ supervisión bancaria. Muchos países se embarcaron a privatizar las empresas públicas agresivamente, y desregular todo lo que se podía.

En el caso del Ecuador, no se efectuaron privatizaciones importantes, pero se cometió el grave error de liberalizar el sistema financiero y simultáneamente abrir la cuenta de capitales sin el adecuado marco regulatorio y de supervisión.

Las últimas tres de las 10 propuestas han generado controversias más que en el plano técnico, en el ideológico.

Se trata de la liberación del comercio exterior mediante la aplicación de tasas arancelarias efectivas que protejan el valor agregado de la producción y no el valor nominal como era la costumbre.

Mantener un sistema cambiario flexible que permita actuar como primera línea de defensa en casos de desequilibrios externos permanentes. Y, finalmente, dejar que el mercado establezca el nivel de las tasas de interés.

Como hemos podido observar, mantener que las propuestas de Williamson son parte del recetario neoliberal es un despropósito, ya que para que aquello sea una realidad, el documento debería haber sido más radical y conciso.

En este sentido, debería haber planteado la eliminación de todo impedimento al funcionamiento de la mano invisible de la oferta y la demanda, para que sean los mercados los que decidan en última instancia en donde deben ser asignados los recursos sin ningún tipo de interferencia del Gobierno.

Ese no fue el contenido de la propuesta, e incluso en la actualidad, muchas de las políticas mantienen vigencia.

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