27 de noviembre de 2019 07:39

Minibuses ayudan a mujeres afganas a desplazarse en Kabul

Razia Dalili (asiento delantero) hace un gesto mientras conduce un mini-bus para llevar a las mujeres en Kabul. Foto: AFP

Razia Dalili (asiento delantero) hace un gesto mientras conduce un mini-bus para llevar a las mujeres en Kabul. Foto: AFP

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Agencia AFP

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Parisa Haidary se pone detrás del volante de un minibús, se saca sus tacones altos y, en calcetines, presiona el acelerador para avanzar en el tráfico siempre congestionado de Kabul.

Esta madre afgana, que trabaja para un servicio de minibuses exclusivos para mujeres, sonríe como otros usuarios de la carretera -todos ellos hombres-, que no salen de su asombro. “Observamos muchas reacciones diferentes” , dice. “Algunos conductores nos bloquean el camino, otros nos tocan la bocina”.

En una sociedad ultrapatriarcal, donde sigue siendo raro ver a una mujer detrás del volante, Haidary es una de las cuatro conductoras que trabajan para Pink Shuttle (Minibuses Rosas) , un programa piloto que emplea únicamente a mujeres para transportar a las pasajeras y a sus hijos a través de la capital afgana.

“Me encanta conducir y me interesa mi trabajo. La única preocupación que tenemos es la inseguridad”, afirma Haidary, de 36 años, que también trabajó como periodista de televisión. Ella y sus colegas fueron elegidas entre 100 candidatas.

El primer servicio de este tipo está ayudando a las mujeres a superar los numerosos desafíos que enfrentan para desplazarse en Kabul, donde una lamentable falta de opciones de transporte se ve agravada por el riesgo de acoso si caminan por las calles.

“Tenemos problemas de transporte, especialmente nosotras. De hecho, en Kabul, el transporte público no existe, aún menos para las mujeres”, explica la coordinadora del proyecto, Obaidulá Amiri.

“Minibuses Rosas” está dirigido por Nove Onlus, un grupo no gubernamental italiano que, a su vez, es apoyado por la fundación Only The Brave, creada por el diseñador de moda Renzo Rosso.

Amiri detalló que el proyecto piloto, que comenzó en mayo y recibe también el respaldo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), debería extenderse.

Actualmente, el servicio se ofrece de forma gratuita a un número limitado de pasajeras previamente aprobadas. Nove Onlus espera que sea financieramente sostenible en el plazo de dos años.

Tráfico aterrador

Según Jan Mohamad Shinwaray, jefe de policía del departamento de tráfico de Kabul, el número de mujeres que conducen en la capital aumenta constantemente, con 275 licencias aprobadas en el primer semestre del año.

Este es un gran salto. Entre 2012 y 2016, sólo 1 189 mujeres en total obtuvieron licencias en la ciudad, según Nove Onlus. Es un “cambio positivo ver a las mujeres afganas conducir en Kabul” , comenta Shinwaray. “No hay restricciones para que las mujeres se conviertan en conductoras”.

Pero avanzar en Kabul no es tarea fácil. El tráfico puede ser fluído en un momento y, de repente, se paraliza durante horas. Las señales de tránsito son inexistentes y pocas de las calles llevan nombre. Por lo general, el más grande de dos vehículos gana el derecho de paso.

La congestión empeoró en los últimos años, puesto que Kabul fue recortada en porciones cada vez más pequeñas por nuevas medidas de seguridad, mientras que calles enteras y lugares de interés desaparecieron detrás de enormes muros de protección.

Cuando los insurgentes talibanes extremistas llegaron al poder en 1996, las mujeres se vieron obligadas a quedarse en casa. Se les prohibió la mayoría de los trabajos y se les privó de su derecho a la educación.

Después que éstos fuesen derrocados, a finales de 2001, y que un gobierno, respaldado por Estados Unidos, se hiciera cargo, la igualdad de género se consagró en la constitución afgana, aunque la discriminación sigue siendo generalizada.

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