28 de September de 2009 00:00

La Conaie quiere recuperar su fuerza

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Redacción Política

El año 2005 marcó la crisis del movimiento indígena representado en la Conaie. Su dirigencia resolvió no participar en las marchas que precipitaron la caída del ex presidente Lucio Gutiérrez.

Desde 2003, el entonces Mandatario había logrado dividir a la única organización social con capacidad de movilización.

La cercanía entre el entonces coronel y los indígenas data de finales de 1999. Juntos participaron en el derrocamiento del ex presidente  Jamil Mahuad, el 21 de enero de 2000. Luego ganaron las elecciones de 2002. Sin embargo, esa alianza, que solo duró seis meses, generó un profundo desgaste para la Conaie y su brazo político Pachakutik.

Gutiérrez, a través de su política social asistencialista, llegó al corazón del movimiento: los indígenas de la Sierra Centro.

Tan debilitada estuvo la Conaie, que para finales de 2005, cuando Alfredo Palacio ya era presidente, las protestas en contra del Tratado de Libre Comercio (TLC) no fueron contundentes.

Desde entonces, los indígenas dejaron de ser un actor gravitante en la política nacional. De hecho, la alta popularidad del presidente Rafael Correa y su sintonía con las bases sociales ha neutralizado cualquier foco de protesta. 

En el libro ‘El poder de la comunidad, ajuste estructural y movimiento indígena en los Andes ecuatorianos’, Fernando Guerrero y Pablo Ospina sostienen que “si bien el levantamiento de febrero de 2001 (en contra de Gustavo Noboa) recompuso las  fuerzas del movimiento indígena y su imagen pública de fortaleza; no alcanzó para resolver las disputas internas” .

Ahora, las cosas parecen ser distintas. La Ley de Aguas, que está en trámite en la Asamblea, y la Minera, que ya fue aprobada, han generado un profundo malestar en las comunidades. Un sentimiento que la Conaie quiere capitalizar a su favor, para que las marchas anunciadas para la medianoche de ayer tengan la fuerza de años pasados. ¿Lo logrará? Su dirigencia no se aventura a decir cuántas personas los acompañarán en la movilización. 

Marlon Santi, presidente de la Conaie, sostiene que no se debe subestimar la fuerza de la organización cuando hay un tema sensible. “El agua es nuestra vida y vamos a pelear por defenderla”.

Pero, según el asambleísta y dirigente de la Feine (indígenas evangélicos), Marco Murillo, todas las organizaciones tienen momentos altos y bajos. “Los movimientos nacen, crecen y luego se deterioran. Hubo momentos más fuertes para la Conaie”.

A pesar de ese pronóstico no muy alentador, la protesta sigue en pie, cada vez con decisiones concretas. Por ejemplo, Pepe Acacho, presidente de la Federación Shuar, de la Amazonia, promete una  movilización pacífica, aunque con cierre de carreteras. Su organización aglutina a 500 comunidades en Morona Santiago.  Ni la Ley de Aguas ni la Minera son puntos negociables en su agenda. Simplemente quieren que se las derogue.

En Imbabura, los líderes de diversas comunas indígenas, reunidos en los consejos permanentes en Otavalo, dijeron estar dispuestos a medir anoche fuerzas con el Gobierno.

En el auditorio de la Federación de los Pueblos Kichwas de la Sierra Norte (Chijallta-FICI), filial de la Conaie, se realizaron reuniones diarias para analizar cada artículo de la Ley de Aguas y de la Constitución Política. Pero la Unión de Organizaciones Indígenas y Campesinas de Cotacachi (Unorcac), filial de la Fenocin (aliada al Gobierno), representa una facción importante dentro de la provincia: 17 000 personas de 45 comunas.

Su presidente, Rumiñahui Anrango, cree que las marchas imbabureñas no serán trascendentes, puesto que no participarán en apoyo de la Conaie. En la Unorcac, pesa  la influencia del asambleísta oficialista Pedro de la Cruz. Para él, la Ley de Aguas no es privatizadora, por lo tanto, no cabe hacerle el juego político: el trasfondo verdadero que, a su juicio, tiene la Conaie con estas protestas.

De la Cruz minimiza las consignas de sus rivales indígenas. Pero en Azuay y la Sierra Centro el panorama es distinto. Es cierto que en el Austro la presencia indígena no es numerosa, pero los campesinos adjudicatarios de derechos en los sistemas de agua potable y de riego han plegado a la convocatoria de la Conaie.

Hoy intentarán demostrar que son muchos quienes defienden el agua, en una gran marcha de protesta en la capital azuaya.  En la zona central, hay dos factores más de peso: Correa no tuvo una alta votación entre los indígenas de Tungurahua, Bolívar y Chimborazo. Allí ganó Gutiérrez. En la Amazonia, el ex presidente también es fuerte.

Además, los minoristas informales analizan la posibilidad de unirse a los indígenas en las marchas por el centro del país. Los que sí lo harán serán los maestros agrupados en la UNE.

El Gobierno ha hecho esfuerzos por desactivar los focos de protesta. Cada Gobernación e Intendencia de Policía sigue de cerca los pasos de la Conaie.

La Conaie, por el momento, tiene la convicción de que el tema del agua logrará la  convocatoria masiva del movimiento indígena y otros sectores sociales y gremiales desde anoche.

Alberto Acosta, el ex constituyente, cree que es el momento de protestar, por eso desde hace dos semanas se ha convertido en un alentador de la protesta.

Punto de Vista

Luis F. Suárez/ Analista

‘El agua une a los indígenas’

El Gobierno perdió a uno de sus aliados políticos más fuertes de las dos campañas electorales anteriores. Este punto es peligroso para el Régimen, porque lo que buscan los indígenas con las movilizaciones anunciadas es medir fuerzas.

Además, el levantamiento indígena será el escenario de prueba para conocer  qué grado de credibilidad gozan los dirigentes de la Conaie y otras organizaciones campesinas. Otro punto en contra del Gobierno es que la Ley de Agua es un tema que une al sector indígena. El tema se discute en el mundo sobre este recurso. En las comunidades indígenas el líquido es vital para la supervivencia.

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