12 de septiembre de 2018 00:00

Comunas afrodescendientes de la Sierra Norte piden atención

Poblados como los de Tumbatú, en Carchi, se dedican principalmente a la agricultura. Foto: Álvaro Pineda  para El Comercio

Poblados como los de Tumbatú, en Carchi, se dedican principalmente a la agricultura. Foto: Álvaro Pineda para El Comercio

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Washington Benalcázar
Coordinador Sierra Norte

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Los habitantes del valle del Chota no terminaban aún de celebrar que Nicole Ocles fuese elegida representante de Ecuador a Miss Mundo, cuando Andrés Padilla, otro hijo de esta localidad afro, murió en un confuso incidente con la Policía.

Luego de este hecho, que se produjo el 23 de agosto, se reavivó el debate sobre el supuesto racismo y abandono del Estado hacia las parcialidades que ocupa esta etnia.

Esa coyuntura sirvió para que líderes, como Kimberly Minda, de la Red de Jóvenes Afrodescendientes del Territorio Ancestral Chota-La Concepción-Salinas, resalten la realidad de estos poblados.

Se refiere a comunidades como Tapiapamba, ubicada en el cantón Urcuquí, Imbabura. A pesar de que el pueblo cumplió 200 años de creación, el agua potable llegó recién el año anterior.

El polvo que proviene de las calles de tierra cubre las casas, que fueron construidas en una ladera. Los inmuebles son de paredes de adobe y techos de teja. Ahí viven 100 familias.

La mayoría de personas se autodefine como agricultores, aunque no tienen predios para el cultivo. Es por ello que trabajan como jornaleros cortando caña y sembrando fréjol en terrenos de parroquias vecinas, por USD 70 semanales.

Duval Mina, presidente de Tapiapamba, señala que antes laboraban en las haciendas cercanas de Santa Martha, Santa Isabel, San Vicente y San José, entre otras. Pero luego fueron expropiadas para conformar Yachay, la Ciudad del Conocimiento, en el 2012.

“Es una pena. Nosotros necesitamos tierra para trabajar y ahí hay mucho terreno que está abandonado”. Así asegura, e indica los predios cubiertos de maleza, en donde antes había cañaverales.

Las madres de familia de Tapiapamba, en cambio, comentan que hace cuatro años cerraron la Escuela Víctor Manuel Peñaherrera. El objetivo, que les explicaron las autoridades, era que los niños de esta comuna y otras vecinas vayan del centro poblado de Urcuquí o a la Unidad Educativa Yachay.

Pero para ello hay que tener USD 0,70 para el pasaje de ida y vuelta en autobús y no siempre hay plata, se lamenta María Cazar, madres de tres niños.

Comunas afrodescendientes de la Sierra Norte piden atención

Es un problema parecido al de la comunidad de Tumbatú, cantón Bolívar, en Carchi. Cuando los niños terminan la escuela tienen que ir al colegio. Pero el plantel secundario está ubicado a 10 kilómetros, en Carpuela, Imbabura, comenta Darwin Pavón.

Su hijo Wilson, de 16 años, recorre a pie junto a 30 chicos, durante una hora. Cuando el nivel del río Chota está bajo cruzan por el agua. Eso les ahorra la mitad del tiempo de viaje.

Es por ello que los 500 habitantes del Tumbatú claman porque se construya un puente. Eso no es el único inconveniente. El otro es la falta de agua potable. Tienen una red de distribución, pero el líquido vital llega tres veces a la semana. Por eso las familias se aprovisionan en tanques de plástico con el agua que llega por un canal de riego.

En otras parcialidades como El Juncal y Chalguayacu, en Imbabura, Pusir Grande y Caldera, en Carchi, los vecinos están dejado la agricultura.

Según la agenda política del territorio ancestral, la mayoría de familias tiene un promedio de 0,5 a 1 hectárea de terreno para la siembra.

Estos espacios se van acortando a medida que los padres entregan parcelas como herencias a sus hijos.

Esa realidad se evidencia en las 38 comunidades afroecuatorianas de la Sierra Norte, explica Salomón Acosta, presidente de la Federación de Comunidades y Organizaciones Negras de Imbabura y Carchi.

El escaso desarrollo de la población afrodescendiente se evidencia en las estadísticas socioeconómicas. Según cifras de la tabla de Necesidades Básicas Insatisfechas, del INEC, mientras la media nacional fue de 32,1%, el año anterior, los afroecuatorianos se ubicaron en el 40,4% y los indígenas en el 65,2%.

Pero hay esfuerzos por atender a este sector de la población. Los municipios y juntas parroquiales de Pimampiro, Ibarra y Urcuquí (Imbabura), y Bolívar y Mira (Carchi) elaboraron en el 2017 el Plan Estratégico de la Red de Gobierno Descentralizados del Territorio Ancestral .

El objetivo, asegura Walter Villegas, alcalde de Mira, es unir recursos y trabajar en forma conjunta. Lo primero será realizar una consultoría para contar con datos reales sobre la población y el territorio ancestral. Los ayuntamientos, como Mira, además han aprobado ordenanzas en donde se garantiza el apoyo a este grupo poblacional.

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